Debemos tener bien claro que esto del confinamiento no es un invento del Gobierno sociocomunista. Lo del aislamiento es una excelente aportación medieval a la salud pública allá por el año 1374 en Venecia como protección de las epidemias de peste y que sigue teniendo vigencia en la actualidad.

Lo que si lleva la impronta, eso sí a sangre y fuego, del Gobierno Sánchez es la pésima y letal gestión de la pandemia. Desde su inicio, primero negándola y luego aplicado tarde las herramientas de salud pública. Dicho de otra manera, el Sr. Sánchez ha manejado el confinamiento peor si cabe que los médicos del medievo aplicándolo cuando la letalidad se mostraba con toda su crueldad. Ahora se plantea el desconfinamiento, una delicada estrategia que desgraciadamente será dirigida por los mismos políticos-científicos que diariamente nos desinforman del estado de la situación.

Porque si letal fue el retraso en la aplicación de las medidas de salud pública frente a la pandemia, peor puede llegar a ser suprimir estas medidas sin la cautela y el conocimiento real de la situación y desoyendo los criterios de los epidemiólogos. Permítanme que por una sola vez parafrasee al ministro Marlaska: “cualquier error que cometan va a tener un coste en vidas humanas”, en referencia al reproche a la ciudadanía por el incumplimiento de las normas de higiene comunitaria detectadas en la salida de menores el pasado domingo. Reflexione Sr. Ministro sobre la frase y aplíquense el cuento.

Hoy en día, el Gobierno Sánchez está completamente deslegitimado para imponer, incluso pedir a la sociedad civil el sacrificio económico y personal que supone seguir manteniendo el aislamiento. Son muchos los errores acumulados, en especial la aplicación muy tardía del confinamiento lo que permitió que el virus circulara y se trasmitiera masivamente en nuestra comunidad provocando una auténtica explosión epidemiológica cuyas consecuencias todos sabemos Sr. Marlaska.

Es necesario buscar el punto de equilibrio entre salud, economía y libertades individuales y para ello se necesita un conocimiento exacto de la realidad y de las necesidades y recursos de la comunidad.

En estos cuarenta días de aislamiento el gobierno tenía la obligación de haber hecho lo posible y lo imposible por conocer el nivel real de transmisión del coronavirus y de los datos de contagio en nuestro país. Solamente al Sr. Sánchez se le puede ocurrir comenzar a aliviar bruscamente las medidas de aislamiento y simultáneamente iniciar los estudios de seroconversión.

Tampoco parece el Sr. Sánchez tener conocimiento de la capacidad real del sistema sanitario para hacer frente a un más que probable repunte, sobre la realidad de casi 40.000 profesionales afectados por coronavirus cuya capacidad de enfrentarse nuevamente a un estrés epidémico está claramente mermada.

Se dijo a la opinión pública que la desescalada seria lenta y gradual. Ahora la definen cono progresiva y coordinada. Esto es como no decir nada para justificar la improvisación. De hecho, visto lo acontecido con los menores y lo que ha de acontecer con los adultos, está siendo más bien abrupta e irresponsable al poner en la calle a 6,5 millones de menores con sus correspondientes acompañante, es decir, a 10 millones de individuos estando en estado de alarma, es decir, con el virus circulando. Si estas medidas no provocan una catástrofe será porque en España, contrariamente a los datos oficiales, la cifra de contagiados, fruto de la pésima gestión, es de millones de individuos. En cualquier caso, es la prueba de que el Gobierno o miente o improvisa poniendo en riesgo la salud individual y colectiva.

Para coordinar hay que liderar y el Gobierno de España, como esta palmariamente constatado, no lidera más que el despropósito en esta crisis, siendo incapaz de contener a los presidentes autonómicos que, frente a la desescalada, unos muestran sumisión y otros perciben la oportunidad de lavar su incompetencia frente a su propia gestión de la pandemia.

La estrategia de huida hacia delante del Sr. Sánchez, que ni siquiera quiso o fue capaz de detenerse y cesar a su ministro de Sanidad y a los miembros del Comité Coordinador de Emergencia cuando proclamaron el 23 de febrero que en España ni había virus ni se estaba trasmitiendo la enfermedad, le ha convertido en el mejor aliado de la pandemia y en el peor enemigo de los españoles convirtiendo el desconfinamiento en un peligroso experimento que amenaza a una sociedad cansada, a una economía ruinosa y a unos profesionales heridos.

Dr. Carlos Navarro Arribas.

Inspector Médico.

Médico Titular de Sanidad Exterior.