1.- Tras las elecciones de ayer, vaya ante todo una evidencia: el PP podrá gobernar en minoría siempre y cuando lleve a cabo la estricta política de las izquierdas resentidas. Si desea hacer política de derechas tendrá que contar con el sentido de la responsabilidad y la lealtad ideológica -mediante voto afirmativo o abstención- de VOX. Pese a que, como ha ocurrido hasta ahora en aquellos parlamentos en que ha sido posible, no haya tenido la grandeza de reconocer dichas responsabilidad y lealtad.

 

2.- Opinantes hay que, sin salir de casa, parecen aceptar que el PP ha triunfado y que VOX no ha logrado el resultado pretendido por las mismas causas. ¿Cómo puede ser eso posible? Veamos:

El PP, siendo liberal, como es, ha triunfado. VOX no ha triunfado por ser liberal.

El PP, cuyo programa social es netamente inferior al de VOX, ha triunfado. VOX ha fracasado por carecer de programa social.

El PP, que viene siendo desde hace décadas la muleta del frentepopulismo, ha triunfado. VOX, sólo contra todos, es decir, opuesto a la casta, ha fracasado por ser la muleta del PP.

El PP, que presume de centro-derecha, es decir de moderación, ha triunfado.VOX, a quien todos, incluido el PP, tiznan de ultraderecha, ha fracasado por ser moderado.

Para volverse loco.

 

3.- Como a VOX todo el mundo le exige pero nadie le da, otros analistas creen también que ha sufrido un traspié en esta cita electoral. Entendiendo por traspié un trabajo abnegado, valiente, diáfano, patriótico… Y realizado, ítem más, en la más absoluta soledad. Un VOX que, aun solo contra todos, ha conseguido ampliar el número de sus seguidores, sumando un concejal, pese a sufrir la mayor indefensión posible, ante el silencio o el ataque impune de sus adversarios.

 

Hablan de su fracaso, pero callan que VOX, criminalizado por unas circunstancias singulares y por el odio -comprensible- de quienes temen perder sus sinecuras con su presencia parlamentaria y social, además de por la inquina -inexplicable- de quienes lo demonizan con fobias oscuras, ha hecho el trabajo y el PP se ha llevado los votos. Casado y su sanedrín han recogido las nueces, gracias al esfuerzo solitario de VOX. Ignominia hispana.

 

4.- «Soy de VOX, pero voy a votar a Ayuso». Esa fue, el pasado día 4, la frase más repetida ante las urnas. Una frase que puede quedar como modelo de la incoherencia electoral hispana. Previamente también se oía aquella de «votaré al PP porque forma parte de mi tradición familiar». Así mismo, modélico razonamiento electoral hispano. Se habla mucho de la intolerancia de las izquierdas, pero muy poco del sectarismo o ceguera de las derechas, tremendo también.

 

5.- Solía decirse que, en la actualidad, el pueblo precisaba un referente para variar la deriva y desprenderse de la casta corrupta, iniciando la insoslayable regeneración. Pues bien, he ahí que aparece VOX, el único partido inocente en el desaguisado, y sólo un 10% de los electores lo escoge para limpiar el fango. El 90% restante ha reelegido a aquellos partidos que han arruinado económica, social, cultural y políticamente a España. Y para ello se ha movilizado ¡el 80% del censo electoral!

 

6.- Si a estas alturas no sabemos o no queremos saber que votamos a partidos, no a personas, porque las listas que nos proponen son cerradas, ello no habla bien de nuestra cultura política. Votando a Ayuso se vota al PP. Sobre todo cuando la señora Ayuso no ha dado muestras de crítica partidaria, ni ha dado a entender que se encuentra a disgusto con el proyecto ideológico de su jefe, el peluche Casado.

 

Falta de cultura electoral. Falta de cultura cívica… ¿Falta, también, de cultura a secas? Negación de lo razonable, en todo caso. O calentón político. Nefasto todo ello para el porvenir patrio, de cualquier modo.

 

7.- Quisiera comprender la razón del bienestar que ha causado, en el ánimo de amplios sectores de la derecha, la victoria electoral del PP en la Comunidad de Madrid. Son fáciles de entender, por el contrario, los resentimientos que deben embargar los ardores fanáticos de los perdedores. En especial de aquellos que se empecinaron en relanzar al viento sus frustrados gritos de «no pasarán», mediante el sectarismo violento típico de estas izquierdas resentidas nuestras, incapaces de aceptar toda realidad que los retrata y califica.

 

Pero lo que no es fácil de asimilar son las reacciones ante el desusado hecho de que, invocada la regeneración nacional, una parte considerable del pueblo haya otorgado su confianza, para acabar con la corrupción, la perversión y la deslealtad, al PP, uno de los partidos que las ha utilizado o consentido como programa de su gobierno.

 

Según los resultados provisionales de estas Elecciones a la Asamblea de Madrid, el voto a favor del PSOE y de Ciudadanos ha bajado tan sustancialmente que este último ha desaparecido del mapa y aquél ha sido superado por Más Madrid. Tanto éste como Unidas Podemos suben, lo cual no es una buena noticia. VOX, por su parte, en su guerra solitaria, se afirma, mientras que el PP, ganador indiscutible, mejora sustancialmente su posición gracias al engañoso efecto Ayuso.

 

El caso es que, con estos datos, dentro del confuso espacio de la derecha sociológica, se respira una inocultable satisfacción debido a su triunfo por mayoría absoluta, complacencia que entraña la esperanza de que la sociedad haya comenzado a despertar, si es que no lo ha hecho ya. Sin embargo, a algunos les cuesta verlo así, porque del resultado provisional se deduce que existe un 90% de votantes y un 70% del censo electoral a gusto con lo que tenemos, pues han reelegido a los causantes de la catástrofe que ha arrasado a España.

 

La derecha sociológica ya ha olvidado el efecto Rajoy, pero todo pueblo que olvida está condenado a repetir las lágrimas. Si después de tantos destrozos como el elefante ha hecho en la cacharrería, y después de tantas quejas y llantos de sus dueños electores hay un 70% de éstos dispuestos a revalidar el mandato del paquidermo, es obvio que el principal problema que tenemos no es la corrupción, sino la incapacidad que tiene una opinión pública mayoritaria para percatarse de cuándo una situación ha superado los límites permisibles.

 

8.- VOX, insisto, ha hecho el trabajo y el PP se ha llevado los frutos. El esfuerzo del solitario nunca es fácil, y menos en un país ayuno de cultura democrática como es España, en el que se vota mayoritariamente por sensaciones y gestos, en vez de por razones programáticas y hechos, y en el que quienes votan se consideran exentos de responsabilidad.

 

Pero ahora se presenta un panorama esclarecedor. El PP gobernará en solitario, pues sería un error que VOX entrara en el Gobierno de Madrid si Ayuso no se rebela contra las directrices de su partido, lo cual es quimérico. Y veremos, como decía al comienzo de este artículo, cuál será su trayectoria.

 

En este sentido es muy probable que los votantes que el día 4 dieron su confianza al PP, comprueben que su voto sirve para sustentar la vigencia de los lóbis y chiringuitos socialcomunistas; así como para dar validez a la cultura de la muerte (aborto y eutanasia), a las leyes LGTBI y Trans; o que su papeleta obstaculiza la implantación del Pin Parental; o coadyuva al mantenimiento de MENAS a costa, sobre todo, de la seguridad y de la economía de los españoles más desprotegidos, y hurtando turbiamente la responsabilidad de sus padres y de sus países de origen. Del mismo modo, muchos padres y abuelos podrán observar cómo han dejado a sus hijos y nietos inermes ante el perverso y pervertidor adoctrinamiento sexual.

 

Todo ello, claro, salvo que su admirada Ayuso abandone la férula ideológica del PP o que éste se camufle con VOX. Como dicha hipótesis, a corto/medio plazo, resulta una utopía, podrá decirse, pues, que bienaventurados los torpes, porque ellos han tropezado. Y que los errores del PP, más aún a partir de ahora, ya no serán culpa suya, sino responsabilidad de sus -hoy incomprensiblemente eufóricos- votantes.

 

En fin, que el que pida lluvia no se queje del barro.