Apiádese Dios de cuantos se acomodaron en el lucro exterminando vidas inocentes. De los gestores que reciben comisiones por pruebas inconcluyentes y multiplican beneficios por cada muerto que se etiqueta. Apiádese porque no saben lo que hacen. Solo se han ganado la oscuridad después de sus muertes, el destino fijo de la maldad sobre la tierra; el vil empeño de la derrota por la ausencia de la dignidad aquí donde tantos se dejan comprar siendo mercenarios de un mal convenido y pagado, los demás son apestados por denunciar y proteger la vida frente a la estafa. El salario de la comodidad por la destrucción del semejante, los juramentos relativizados con la mano extendida para que el pagador cebe las codicias de los convencidos por el engaño. La pandemia no es del Coronavirus, no es el artificio de laboratorio sino la idea en origen de la manipulación social, el multimillonario pago para que los responsables sanitarios yerren en lo profesional con la putrefacción de lo personal. No apestan los cadáveres con aroma de inocencia, sí los verdugos con apariencia hipocrática. Que antes hubo que asegurar el sostenimiento económico de los engañadores a pie de calle, para negociar el estrambótico señuelo multimillonario del remedio y engañar a incautos gobiernos de sombras disimuladas, a la luz de la propaganda devenida por escribanos y voceros al servicio de Satanás. Qué tiempos de diablos normalizando la aberración a golpe de talonario.