Mi respetado y admirado Don Julio Merino, de reconocidísimo prestigio personal y profesional como periodista y escritor, no acierta en esta ocasión al considerar que Luis María Ansón desbarra considerando que hay que rescatar para el sistema al bicho (Pablo Manuel Iglesia), como en su día el sistema rescató a la rata de Pontejos (Santiago Carrillo), a aquella fulana que fue Dolores Ibárruri, Alberti, Ramón Rubial o José Tarradellas. Entre otros indeseables que andaban por el exilio muertos de asco y hambre, y sin el menor prestigio.

Pero no desbarra Luis María. No desbarra, porque la mentalidad de Luis María es el totum revolutum a favor siempre del amo al que en cada etapa de su vida sirve como confidente o conspirador. Por eso, sin dejar de reconocer la valía del escritor Luis María Ansón, que es lo que menos nos importa, lo que debería importarnos es la bajísima condición moral de este fulano, bufón en aquella corte de los milagros que fue Estoril, porque sólo un milagro, que a D. g. no se produjo, hubiera hecho posible que su amo y señor Juan de Borbón -de nula inteligencia, pendenciero y con los brazos tatuados con mujeres desnudas-, se ciñera la Corona de España sobre las sienes. Pesar que arrastró toda la vida.  

Declarado antifranquista tras el fallecimiento del Caudillo, este personaje grotesco y contrahecho, blando por fuera y vil por dentro, y de formas, modos y maneras afeminadas, no ha parado de despreciar e insultar a Franco, calificándole de “dictador” al estilo de Hitler e intentando embadurnar su memoria; al Ejército de la Victoria contra el comunismo, calificándole de “golpista y usurpador de la soberanía nacional”, y mintiendo impúdicamente sobre la obra de los 40 años de paz y prosperidad. Y tanto ha hecho este vil y despreciable bufón, que tengo para  mí que es el primer patrocinador de la ley de memoria histórica socialista. Claro que los suyo siempre ha estado motivado por su amor desmedido y antinatural hacia su don Juan, al que no pudo ver vestido de armiño, lucir corona y portar cetro. A cuyos pies se hubiera colocado él para el retrato.

Cursi y correoso, como corresponde a su condición de bufón de corte, histriónico y burlesco, ambiguo y cruel, a Luis María Ansón, por encima de su condición de escritor, le situaremos siempre entre Jeffrey Hudson y Velasquillo.