En el artículo publicado en el medio de comunicación, La Vanguardia, con fecha 7 de diciembre de 2021, con el título, “Es una vergüenza que tengamos un salario mínimo inferior al del franquismo”, el periodista Eduardo Magallón, entrevistaba a Miquel Puig. 

El título de este escrito, no es mío, son palabras citadas en un medio catalán, y son lo suficiente elocuentes, y no dejaban margen para la duda, más allá de las interpretaciones que le quieran dar desde ciertos sectores económicos (claramente, o bien ultraliberales, o bien escorados a una izquierda casposa). Con ello se reafirma una máxima que, tras más de 45 años de la muerte de Francisco Franco, cada vez repiten más, y más españoles, llegándose a convertir casi en un credo, o por lo menos en un axioma, y es que “con Franco se vivía mejor”. En el presente escrito no voy a entrar a analizar, ni a exponer datos que demuestren numéricamente tal afirmación, tan sólo me remitiré a lo expuesto por Miquel Puig.

Vaya por delante que Miquel Puig, no es sospechoso de ser Franquista, o de apoyar a Franco, ya que milita en ERC, un partido claramente secesionista, de izquierdas y antiespañol, por lo que sus palabras adquieren una mayor relevancia, no por las simpatías que el citado señor podría tener hacia la obra y legado de Franco, (qué está claro que no las tiene), sino precisamente por todo lo contrario. Además, las palabras de Miquel Puig, vienen reforzadas por el hecho de que es economista (Universidad de Barcelona), y además es doctor en Ciencias Económicas, así que su afirmación está avalada por sus conocimientos en economía y por ser doctor en Ciencias Económicas.

En la entrevista, el economista y militantes de ERC, Miquel Puig, asegura que, “mientras en el franquismo el salario mínimo equivalía al 25% de la productividad de un trabajador, hoy solo es el 20%”. Una diferencia porcentual, aunque aparentemente baja, es significativamente muy elevada.

Sin duda el punto más reseñable de la entrevista es cuando Miquel Puig afirma que para corregir esta diferencia, haría falta que el SMI, (que actualmente es de 965 euros), fuera de 1.400 euros, o, dicho de otra forma, con Franco, los trabajadores cobraban como salario mínimo, un 45% más que en Democracia.

Tema aparte sería el determinar cuál era el poder adquisitivo que un trabajador tenía durante el Gobierno de Franco, y el que tiene actualmente en esta Democracia, pero esto no necesita ningún estudio ni análisis, ya que antes un trabajador, con su sueldo, se podía casar, comprar un piso, y coche, podía sacar adelante a una familia de dos o tres hijos, dándoles una educación de calidad, y hoy apenas da para subsistir, y con suerte los jóvenes, tras pagar el alquiler,  se pueden pedir un par de Globo al mes, y comprar algo por Amazon, y poco más.

Lo que el economista Miquel Puig no explica, ¿es cómo las empresas, con la crisis económica que está sufriendo España, con los impuestos abusivos que les obligan a pagar, y con la falta de perspectivas empresariales, puede subir el salario mínimo interprofesional?

Durante los cerca de cuarenta años de prosperidad, progreso y paz, con los sucesivos Gobiernos de Franco, los alquileres no eran muy altos, y los salarios no eran muy bajos. Tal y como afirma Miquel Puig, “ya lo dijo un ministro franquista, que a España no le interesan los empresarios que no pueden pagar un salario digno”, y así era, en España, con Franco, los trabajadores cobraban salarios dignos y el coste de la vida estaba relacionado a esos salarios.

Tal como expone Miquel Puig en la entrevista, una de las causas de los bajos salarios que cobran actualmente los trabajadores en España, es debido a la inmigración, y es que “si aumenta la oferta y se mantiene la demanda, bajan los sueldos”. Esto es, a mayor número de personas demandando un mismo empleo, sobre todo debido a la entrada incontrolada de inmigrantes en su mayoría con baja o nula cualificación profesional y laboral, el empleador no ha de ofrecer salarios más elevados. Esta obviedad, los economistas (neoliberales y ultracapitalistas) no la quieren ver, entre otras cosas ya que quieren crear un sistema económico y empresarial basado en costes muy bajos, y una forma de conseguirlo, es pagando sueldos de miseria.

En la España democrática del siglo XXI, los sucesivos Gobiernos que han arrastrado a España a la actual situación, se han centrado, no en garantizar un puesto de trabajo digno y bien remunerado, sino que se han centrado en el clientelismo, y en asegurarse los votos de los trabajadores, creando las ayudas para los trabajadores del campo, en vez de garantizarles trabajo todo el año, o una renta mínima vital, o “paguita”, en vez de garantizarles un puesto de trabajo digno, o ayudas al desempleo, en vez de orientarles y formarles profesionalmente hacia otros puestos laborales más demandados. Con ello, el trabajador, se ha acomodado, llegando al extremo que los sindicatos (UGT, CC.OO., etc.) ya no se movilizan en la calle para pedir trabajos dignos y sueldos acordes a la actual situación económica, sino que cuando salen lo hacen para reclamar temas de identidad de género, subida de las pensiones, la integración étnica y multicultural, que básicamente es que los españoles tenemos que dejar de ser católicos.

Lamentablemente el economista Miquel Puig, al igual que otros muchos economistas, se deja influenciar, y en este caso llevar, por sus ideas políticas, esto es, de izquierdas, y argumenta que; “el sector público ha de garantizar que todo el mundo que quiera trabajar trabaje, y si hace falta, que crezca el sector público”, o, dicho de otra forma, un sector que no es productivo y que no aporta nada a la economía productiva, ha de absorber a todos los trabajadores que no encuentren trabajo. Sin duda lo más acertado, pasaría por que el Estado, ayudase a las empresas privadas (tanto agrarias, de servicios e industriales), a crear empleos, y, sobre todo, empleos en el sector industrial, los cuales desde el punto de vista económico son los que crean riqueza. 

No hay que olvidar, que, con Franco, España llegó a ser la octava potencia industrial del mundo. En 1975, tras la muerte de Franco, ocupábamos el puesto número 10 por PIB (nominal), justo detrás de China. Entre 1959 y 1973, España fue en ese período el segundo país con mayor crecimiento del mundo, un 7,7%, sólo superado por Japón. ¡Algo nunca visto en esta democracia!

Sin embargo, hoy en día España está en el puesto 39 del ranking mundial de competitividad. La tasa de paro está en el 14,57% (dato de 28/10/2021), lo que nos sitúa en el puesto 47 con más paro, de un total 214 países, dándose el caso curioso que países como Argelia 11,7%, o Tanzania 10,3%, entre otros muchos, tienen una tasa de paro muy inferior a la nuestra, siendo Islas Cocos, el país 214 de la lista con tan sólo el 0,1% de paro. Caso aparte es el de Marruecos que tan sólo tiene un 9,23% de parados, sin embargo, en España hay residiendo (que no necesariamente trabajando) más de un millón, aunque los datos oficiales hablan de sólo 775.936 (dato del 13/10/2021) 

Está claro que, teniendo una Democracia, como la que tenemos, formando parte de la Unión Europea, llevando muerto Franco más de 45 años, es inaceptable y yo añadiría que inexplicable, que los españoles vivamos mucho peor que lo hacían nuestros abuelos, o padres. Y lo peor del caso, es que el futuro de España, y, por lo tanto, nuestro futuro, y el de nuestros hijos, cada vez apunta a que será más negro, y no hay visos de que eso cambie, a no ser que a peor.

Permítanme que finalice estas líneas con el axioma, (para mí credo); “¡Con Franco se vivía mejor!