Los youtubers El Rubius y Wall Street Wolverine son los protagonistas estos días, cuando han decidido no sucumbir al latrocinio de una Hacienda que genera desconfianzas y trabaja a destajo con inadmisible presión fiscal, para dilapidar los sacrificios de millones de familias en los carroñeros e insaciables chiringuitos de la siniestra. 
 
Resistirse es lo formal frente a la tiranía. Han hecho bien en marchar a Andorra importándoles poco las críticas. Se lo pueden permitir. España está desgobernada por ladrones de todo pelaje con la excusa política. 
 
Nadie puede ofenderse porque alguien se resista contra una estafa. Quizá el problema de los que se quejan, es que ellos no pueden escapar de la rapiña sanchista y envidian los millones de euros a buen recaudo andorrano. 
 
No busquemos tres pies al gato ante la insolencia con que se ofende así misma la ciudadanía, todavía inconsciente de sus capacidades para resistirse, víctima de un desgobierno criminal: la verdadera razón por la que se ha permitido que un vil embustero primero, criminal después, haya dado un golpe de estado por método de implosión con primigenio fraude electoral-a imagen y semejanza del pucherazo con el que sorprendieron al fullero en las votaciones de las primarias del PSOE-, no es en sí la cobardía, que parece haberla en ciertos estamentos cuyas aguerridas memorias de honor y deber se han extraviado por las engañosas complacencias de la democracia, sino mayormente la insolidaridad basada en el carácter envidioso del que adolece el español. Hagamos reflexión de conciencia aunque escueza: España es el país representativo de la envidia y del recelo y experta en solapar el defecto con el pretexto del orgullo nacional. No cabe descollar individualmente. Y esa fama, desgraciadamente, traspasa históricamente nuestras fronteras. Deberíamos sentir cierta vergüenza constructiva para cambiar el registro. 
 
Un poco de autocrítica no vendría mal para coger el toro ibérico por los cuernos, aun a riesgo de recibir una cornada en el orgullo. Imaginemos el ímpetu que ponen algunos al sobresalir creativamente por cuestiones de entretenimiento, concienciados de su función pública y beneficiando al conjunto con el fin de crear una sólida resistencia social. Todos unidos sin recelos y unificados en un empuje verdaderamente colectivo al margen de las ideas. Un plan de choque por la supervivencia porque, a este paso, los peores vaticinios se cumplirán con delincuentes al mando de un país en vías de hundimiento.
 
Los Youtubers que suman millones de seguidores podrían causar una auténtica revolución social, a poco que sumen  con una meta común. El Rubius y Wall Street Wolverine han descubierto en las descarnadas críticas de la izquierda radical que mama de la teta del Estado, la hipocresía y el cinismo de los que han mostrado la verdadera faz del bolivarismo en nuestro país. Sin  tapujos y crecidos en agresiva caza de brujas contra quienes se resisten a ser esquilmados por una Hacienda-la ministra Montero no es ejemplo de nada después de pasar por la Junta de Andalucía de los ERE e innúmeras corruptelas-sin escrúpulos y al margen de las verdaderas necesidades del ciudadano.
 
Para reaccionar ante los daños irreversibles que procura la numerosa pandilla que hiede en el desgobierno y los estamentos secuestrados, habría que valerse de una empatía  que estila en manada el social comunismo; del mismo cariz eficaz en cuanto a concitar la atención de las masas, pero sin la carroña depredadora ni el uso de la demagogia para colar la estafa izquierdista de la justicia social. Una suerte honrada de generoso talento de una ciudadanía convencida, para unir fuerzas mas allá de las diferencias que distancian a partidos políticos que se les supone de parecida condición ideológica frente a los enemigos de la Constitución. 
 
La unión o nada 
 
Las redes sociales exponen con claridad meridiana el absurdo recelo por lo ajeno. Grupos y formaciones creados con miríadas de nombres para protagonizar una protesta débil e irrelevante. Youtubers con atractivo protagonismo que solo se unen para montar un numero musical...Pero, ¿qué sucedería si se trabajase en una sola dirección, unificando la energía reivindicativa de una sólida resistencia ciudadana, capaz de aglutinar al conjunto social con refuerzo de medios de comunicación? ¿Conformar un liderazgo de trabajo por objetivos, una inmensa y comprometida formación de seguidores dirigidos por sus respectivos guías, con la perspectiva consciente de una unión reivindicativa y capaz para activar una conciencia social organizada? 
 
Trabajar en una misma dirección y un solo objetivo, con el horizonte de la liberación y el compromiso de la perseverancia, con un plan conjunto destinado a hacer historia. ¿Qué pasaría? 
 
Los youtubers tienen oportunidad de hacer esa historia a lo grande. Una España sin distinción ideológica lo agradecería eternamente. Debería haber titulado este artículo: ¡Influencers españoles, uníos!