Ábalos no perdona traiciones, del mismo modo que Iván Redondo no soporta afrentas ni pulsos perdidos. El socialismo a la española es así.

De momento no veo más allá del lampedusismo o gatopardismo de los movimientos efectuados por el presidente, Pedro Sánchez. Ambos términos aluden a cambiar todo para que nada cambie. He visto el cambio de carteras, pero no creo que haya cambio de papeles, al menos en el Gobierno. Otra cuestión bien distinta es la relación que puede haber con respecto al partido; hasta ahora sólo el ministro Ábalos ha reflexionado y entiende que, si el ‘Doctor’ no confía en él para el Ejecutivo, tampoco cree que exista confianza para continuar con la secretaría de organización del partido.

Dentro del socialismo a la española es todo un acontecimiento que un secretario de organización del partido renuncie a su cargo estando tan cerca el congreso federal. Ábalos es así: no ha dado explicaciones ni las va a dar, salvo esa sencilla aclaración sobre la falta de confianza. Es cierto que no ha salido a la luz ningún tipo de enfrentamiento entre Sánchez y Ábalos, pero se acumulan los problemas en el entorno de ambos: tanto las maletas como su contenido, las chapuzas en el aeropuerto pusieron mala sangre al ‘Doctor’ y las fraudulentas ayudas a ‘Plus Ultra’ no se le van de la cabeza. Tampoco olvida los fracasos políticos en sus enfrentamientos con la ‘joya’ madrileña a la que tanta aversión tienen las chicas de la rutinaria y vocinglera izquierda.

Sabe Pedro Sánchez que está rodeado de oscuridad, chapuzas, indecentes gestiones y corrupción que él mismo no ha sabido controlar. Y lo sabe porque es consciente de que, tan pronto como salga del Gobierno, lloverán problemas judiciales sobre su cabeza, además de recursos contra su nula transparencia y abuso del erario público. Un dato: Ábalos no perdona traiciones, del mismo modo que Iván Redondo no perdona afrentas ni pulsos perdidos. El socialismo a la española es así. ¿Por qué Grande Maslasca sigue ahí, agazapado y callado en el Consejo de ministros? Otro que tal baila: Policía y ‘Ahumadas’ velan armas y templan gaitas hasta ver. Los dos nuevos nombramientos de la Guardia Civil pueden ser un acto de respeto y perdón o un enfrentamiento en toda regla. Sujeten fuerte el cubata hasta ver.

Ayer comentaba que mucho tenía que estar sangrando Pedro Sánchez para recurrir a Óscar López como jefe de su Gabinete: precisamente una persona que le traicionó y se pasó al bando de Pachi López con todos sus pertrechos. Bien, pues ahora, además de esa herida sangrante observo angustia y acentuada desazón. Veremos dónde conducen el puñetazo y la patada que el ‘Doctor’ ha dado en la mesa del Consejo de ministros. De momento parece que se quedará en simple gatopardismo. Dudo que haya pretendido hacerse una enmienda a la totalidad porque sería del género bobo. Sí advierto que el ‘sanchismo’ se ha churruscado y no sé si tal vez abrasado.

Con el ascenso de Nadia Calviño busca garantizarse los fondos europeos y evitar sobresaltos. Con Felisín Bolaños busca reunir gestos y voluntades entre su tropa y acercar el partido a la sociedad. Con las alcaldesas treintañeras ansía dar una imagen de cambio generacional con el que ya a nadie engaña. Sabe también que con el independentismo y el golpismo no ha conseguido nada, ni siquiera con los indultos; será el Tribunal de Cuentas quien ponga las cosas en su sitio y a los ladrones tal vez de nuevo en el talego.

Si la política interna de Sánchez es un fracaso absoluto, no lo es menos la exterior. González Laya rompió la vajilla en cuatro días y no va a ser fácil recomponerla. Respecto a la coalición con el comunismo barato y de raído estandarte, también sabe que no se lo van a poner nada fácil: la cobardía de no mover a Garzón, Irene Montero y Castells lo va a pagar caro porque la ‘Yoli’ parece haberle cogido las vueltas, aunque, como sagaz comunista que es, imagina que Sánchez aún no ha desmontado la guillotina del patio de Moncloa. Por eso calla, de momento.

El presidente escuchará a su nueva gente, pero no hará caso a nadie, como ha sucedido con ‘Carbonerito’ Ábalos.