La izquierda, para triunfar, necesita la dinámica dialéctica opresor-oprimido. Para ellos no existen las personas, sino las clases sociales. Y para simplificar la cuestión, determinan dos: la opresora y la oprimida. Por eso son los únicos defensores de la libertad. No porque sepan qué es en realidad la libertad, sino porque propugnan la “liberación” de los oprimidos de las garras de los opresores. En el campo económico, a los proletarios de los capitalistas. En la dinámica nacionalista, los españoles son los opresores. En el tema del género, los oprimidos son las mujeres y los colectivos LGTBI, y el opresor, el heteropatriarcado. Nada nuevo bajo el sol.

Para afianzar sus postulados, cualquier agresión, maltrato o ataque a una persona identificada con alguno de los colectivos es amplificada a través de los muchos altavoces mediáticos con el fin de crear un ambiente de alarma social, haciendo buena la máxima de “cuanto peor, mejor”. Lo importante es encontrar cualquier acto que avale sus tesis ideológicas. Cuando aparece alguno, son especialista en rasgarse las vestiduras y teatralizar haciéndose los ofendidos. Sin embargo, si se demuestra que algo no les sirve, miran para otro lado y son especialistas en hacerse los suecos. Los hechos, los datos, la verdad… Nada de eso les importa.

Esta semana saltó la noticia de una agresión a un joven homosexual en el madrileño barrio de Malasaña cometido a plena luz del día por ocho individuos encapuchados que, en el portal de su casa, le marcaron con un cuchillo la palabra "maricón" en el glúteo.

¡Para qué quieres más! Jorge Javier Vázquez, mirando a la cámara, decía vivir con miedo e intranquilo. Nagore Robles, en directo, se echaba a llorar porque no podía entender cómo en 2021 todavía pasaban estas cosas. Carmen Chaparro se tiró al barro y culpó a VOX de la agresión porque “cuando regalas lanzallamas a tus hordas, lo raro sería que no prendieran fuego”. Por supuesto, el grupo socialista en la Asamblea de Madrid ha registrado una declaración institucional en el Parlamento autonómico en contra de los ataques homófobos como el ocurrido en Malasaña en contra de los ataques homófobos porque no se trataba de "un caso aislado", y "son constantes las denuncias de agresiones físicas y verbales hacia personas del colectivo LGTBI".

Pero, mira por dónde, la Policía, ante la denuncia interpuesta por el agredido, cumplió con su obligación e investigó el caso. Los agentes visionaron numerosas cintas de las muchas cámaras de seguridad que hay en el barrio en busca de un grupo de ocho hombres con sudaderas y capuchas en pleno verano. Ni uno. Interrogaron a posibles testigos y, para su sorpresa, nadie vio ni escuchó nada sospechoso. Ni tan siquiera los vecinos del edificio donde se produjo la “agresión homófoba”.

Finalmente, consiguieron sonsacarle la verdad al joven. ¿Saben qué? No existía tal banda y las lesiones fueron consentidas mientras mantenía relaciones sexuales con otra persona.

¿Ahora qué? ¿Alguien piensa que el grupo parlamentario socialista retirará su moción? ¿Alguno de los “periodistas” citados hará alguna declaración arrepintiéndose de haber colaborado con el que interpuso la denuncia falsa? ¡Qué va! Mantendrán sus declaraciones porque, aunque en este caso no, son muchos (no sabemos cuáles ni cuantos) los casos en que sí. Y a otra cosa, mariposa. En esas estamos.

Me gustaría pensar que cada vez somos más los asqueados con esta gente, no por la causa que dicen defender, sino porque somos conscientes de que esto es una ideología y, como tal, tienen como fin llegar al poder para transformar la sociedad. Sabemos que, basándose en su idea de "nación", "libertad" o "igualdad",  prometen un mundo feliz que, por supuesto, no sólo nunca llegará sino que, en su lugar, nos traerán el infierno.

Y recuerden que, para que triunfe el mal, basta que los hombres de bien no hagan nada.