El pueblo que nunca se equivoca, según dicen los voceros del estado de completa putrefacción de Europa, vuelve a ganar en Francia. Las razones que esa masa INFORME, HETEROGÉNEA y PREDETERMINADA ha considerado tras mucho reflexionar son las siguientes: 1ª. Rompería el eje franco-alemán defensor del globalismo de la Unión Europea frente a la propuesta de una Alianza de la Europa de las Patrias. 2ª. Cambiaría todo el sistema diplomático francés respecto a China. 3ª. Habría más seguridad y control sobre la inmigración y ante el gravísimo problema de la presencia islámica en Francia. 4ª. Se recortarían las libertades de los delincuentes. 5ª. Y a nivel económico: se bajarían los impuestos a los hidrocarburos un 5% y se suprimiría el IVA de cien productos esenciales... Por citar sólo las propuestas más importantes que la señora Le Pen llevaba en su programa.

    Así, considerando estas inquietantes inquietudes que han determinado el triunfo de una mayoría pírrica, SIN EXCLUIR A LOS MÁS ADYECTOS DEL LUGAR, contra Madame Le Pen, dos consideraciones.

    1ª. Que hay que dudar que dichas inquietantes inquietudes se hayan adquirido por el camino de la reflexión, lo que pone en duda la capacidad de la mayoría del pueblo francés para alcanzar legítimas certezas.

    2ª. Que Francia, como consecuencia del sistema liberal, esta partida en dos.   

    De lo que se infiere, que da miedo que las poblaciones europeas estén tan ciegas ante su futuro.