¡Qué lejos y cerca estamos los italianos y españoles! Ahí está la historia para recordárnoslo y ahora también la actualidad. Algunas de las matrices culturales que compartimos son la romanidad, la cristiandad y ese espíritu indómito de ambos pueblos que han escrito las mejores páginas de la llamada Cultura Occidental. Y esa matriz en común es la que está en peligro con la excusa del apocalipsis pandémico y el encaje salvador de los objetivos globalistas de la Agenda 2030.

En Italia suceden hoy cosas a tener muy en cuenta. El Presidente Giuseppe Conte acaba de firmar el decreto del Presidente del Consejo de ministros (Dpcm), un acto administrativo de su potestad, que entró en vigor el 4 de diciembre hasta el 15 de enero de 2021, y que determina el cierre del país, la restricción total de la movilidad entre regiones y el endurecimiento de las medidas sanitarias. Los italianos no podrán siquiera salir de sus municipios desde el 21 de diciembre hasta el 6 de enero sin excepciones. El endurecimiento de la normativa es contundente: restaurantes obligados a cerrar a las 6 de la tarde, toque de queda de 22 a 7 de la mañana y como una graciosa concesión a la tradición católica, se podrá adelantar a las ocho de la tarde la Misa del Gallo.

Serán unas navidades distintas, el objetivo es evitar una tercera ola. (…), No tenemos ninguna certeza de que una tercera ola sea menos virulenta que la primera o la segunda” afirmó el mandatario italiano. Además, también recomendó que se eviten las reuniones familiares y que los convivientes permanezcan en casa cumpliendo con lo indicado.

Las casualidades no existen, pero las similitudes entre las dos administraciones políticas sí. El gobierno socialcomunista en España y el “giallofucsia” en Italia tienen muchos puntos y objetivos en común. No está de más recordar la reciente cumbre bilateral hispano-italiana en el Palacio de la Almudaina de Mallorca, donde Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Giuseppe Conte y diez ministros españoles y nueve italianos, se reunieron con el fin de “reforzar la alianza en defensa de sus intereses comunes en la Unión Europea”. En realidad, todo parece indicar que el proyecto biopolítico y transhumanista globalista tiene como campo de pruebas en Europa a las naciones más longevas y de tradición cristiana, y eso tampoco es casual.

No deberían sorprendernos que las severas medidas tomadas en Italia se apliquen también en España a corto plazo. El estilo político paternalista, demagógico y autoritario de ambos gobiernos tienen una raíz común: el acostumbramiento y la sumisión de la población en la Nueva Normalidad, para el cumplimiento obediente de los Objetivos de Agenda 2030 de la ONU para la gobernanza mundial.

La cancelación de facto de la Navidad en Europa es un ataque directo al baluarte de la tradición y la familia. Una Navidad enmascarada, distanciada, sin contacto humano no celebra el Nacimiento de Cristo, sino el de un nuevo modelo de festividad vacacional restringida y de consumismo on line. El objetivo final es el olvido del verdadero origen trascendente y motivo de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

Italia y España encabezan la imposición de normas absurdas, desmesuradas y sin sentido que han cambiado los hábitos más normales de las personas. Es una necesidad la reeducación de la población para el mundo postvacuna y de cartilla sanitaria, que ya ha anunciado la OMS a sugerencia del gobierno chino en la reciente reunión del G-20. La normalización de la anormalidad institucional y la concentración del poder político-sanitario ya está en marcha en ambos países.

Los países con mayores restricciones en el control de la pandemia han sido los más afectados a nivel económico. Ahí está el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) conocido recientemente. La Argentina encabeza la lista con la mayor caída mundial de PIB con un -12.9%, España el segundo puesto con el -11,6% e Italia el séptimo lugar con un -9.1%, en la lista de los 46 estados analizados por el organismo. En estas coincidencias las casualidades tampoco existen. Es sencillo, solo hay que mirar quienes están al frente de los Estados y las políticas que se aplican.

Dice el sabio refranero español: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Habrá que prepararse porque somos los siguientes en el turno del barbero.