Una noticia que millones de españoles esperan.

La Ministra de Igualdad tiene acostumbrada a la ciudadanía a sus constantes desbarros y desvaríos, un hecho que no la detiene para seguir pasándose de la raya cada vez que le viene en gana.

Es incapaz de ocultar su baile desquiciante de traiciones contra el género masculino. ¡Postureo al más puro estilo chabacano y cutre!

Su forma de actuar es de tan baja moral, que consigue que muchos añoren a alcahuetas como «La Celestina».

Ya que tanto le preocupan las mujeres, podría aclarar de una vez qué medidas piensa tomar frente al grave asunto ocurrido con las menores tuteladas en Baleares… ¿Lo hará alguna vez? Todo el mundo conoce la respuesta.

¿Qué hay de las mujeres que han perdido sus puestos de trabajo durante la pandemia? Nadie ha visto ni oído que la Ministra haya convocado ni una sola manifestación para exigir al Presidente del Gobierno que tome medidas urgentes y restaurar los empleos perdidos por ellas.

Al menos ahora, con tanto toque de queda, no tendrá que preocuparse de que lleguen solas y borrachas a sus casas.

Tras un año de discontinuo confinamiento, medidas extremas, pérdidas de cientos de miles de vidas y empleos, familias desoladas ante la muerte y la pobreza, apenas queda fe en unos pocos políticos aún íntegros, y la Sra. Montero no se encuentra entre estos. Lejos de dar la talla, vuelve a meter la pata sin pudor alguno. Un hecho en ella recurrente. ¿Cuántas patas ha metido ya?

Tras dar un espectáculo bochornoso y difícil de olvidar en un programa del corazón, se carga la presunción de inocencia de un ciudadano varón. Y eso que el Ministerio que dirige se llama de «Igualdad». Sarcástico, ¿verdad?

Si pierde su empleo de Ministra, podrían contratarla de tertuliana en alguno de esos programas. Seguro que lo hará mejor que en el ministerio.

¿Para cuándo su cese o dimisión tras ejercer de «jueza»?

Vulnerar la presunción de inocencia de un ser humano, hombre o mujer, por parte de un miembro del Gobierno, supone un error tan grave, que no puede quedar impune.

¿Pretendía rascar el voto de alguna mujer despistada que aún quede por ahí? No hay palabras para describir tanta necedad, ni tanta mediocridad; ni siquiera tanta mala baba.

La Sra. Montero demuestra una vez más su desprecio hacia el hombre. Alguien así, no merece estar al frente de un ministerio que lleve el nombre de «Igualdad».

¿Hasta cuándo durará el baile de máscaras?