En este siglo XXI, cuando el pensamiento debería ser cósmico, la mentalidad de la sociedad sigue siendo tribal y sectaria”

Si una nación espera ser ignorante y libre, espera lo imposible” Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos y uno de los padres fundadores de la nación.

La apatía cívica, intelectual, moral, cultural e histórica es la norma de la actual sociedad española, especialmente en los jóvenes. Mediante las distintas leyes de educación de los distintos gobiernos a lo largo del periodo democrático, estos se han esforzado en promover la ignorancia implantando programas en los que el desinterés, la apatía, la huida del esfuerzo, la búsqueda de lo fácil, los ataques al mérito, el apego al ocio y a los derechos, pero sin deberes, ha hecho que nuestra sociedad, en especial nuestros jóvenes, busque antes un subsidio para respirar, que la oportunidad que les brinde la forja del futuro. Se decía hace años que nuestra juventud era la juventud mejor formada de la historia de España, hoy nuestros jóvenes se limitan a pedir a los papás y a pedir al papá Estado enarbolando la oriflama de sus derechos ausentes de deberes para que les mantengan a lo largo de la vida que les quede. Y no quieren saber nada de riesgos, de asunción de responsabilidades, de deberes. Pero no solo los jóvenes, toda la sociedad parece adormilada, anestesiada; parece como si quisiera permanecer en una eterna adolescencia. Y en esta ensoñación adolescente va dejando girones de su libertad sin ni siquiera darse cuenta de que no se puede ser libre cuando dependes de otros, no de ti mismo. Y ¿cómo se llega a esa situación de dependencia y pérdida de la libertad? Se llega mediante la ignorancia, esa ignorancia que tanto gusta a los gobiernos, a todos, unos más que otros naturalmente. La ignorancia de un pueblo permite a sus gobernantes llevarlo a punta de tralla como a los borregos o con argollas en los belfos como a los bueyes. La ignorancia hace que un pueblo sea dúctil y maleable, fácil de manipular, hacerle creer que es libre cuando está bajo el yugo de una dependencia que no le permite ser libre, que no le deja ver y conocer, que no le permite un horizonte más allá del que le limitan sus narices.

Caminamos hacia una sociedad en la que la inteligencia de sus individuos va mermando, generando día a día más estupidez y así, careciendo los individuos de inteligencia, no se puede construir una sociedad inteligente.

Termino con un a frase de la escritora francesa Flora Tristan: “Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la brutalidad de los hombres”