La pasada semana las patronales del pequeño comercio advertían que el sector agoniza en las grandes ciudades de nuestro país.
 
El 60 por ciento de las pequeñas tiendas han tenido que despedir empleados, se hallan endeudadas, y casi la mitad se plantean echar el cierre. Casi el 20 por ciento de ellas ya lo han hecho. El virus ha sido devastador desde el punto de vista económico, no solo para el sector hostelero y de restaurantes, sino para todo el pequeño comercio, con el confinamiento primero, la ausencia de los turistas, y con todas las restricciones y toques de queda posteriores todo ello está resultando letal para el pequeño comercio.
 
No hay más que darse una vuelta por las ciudades de nuestro país para ver un triste festival de carteles de se alquila, disponible, en venta, se traspasa....etc.. Lo que siempre surge en su lugar son las megafranquicias de siempre, cuyo nombre está en la mente de todos.
 
¿Es casualidad el fenómeno de la muerte del pequeño comercio, o simplemente una consecuencia del virus? No parece. Casualmente el gobierno sociocomunista, como otros gobiernos de Europa ya hablan abiertamente de su compromiso con la "Agenda 2030", ya saben, el proyecto globalista para lo que llaman "el gran reinicio". O sea, construir una nueva sociedad y economía totalmente dominada únicamente por las multinacionales y las grandes empresas más importantes. Sánchez ya ha ido a Davos a prestar acatamiento ante todo los foros económicos que promueven esto.
 
Un mundo donde todos estemos controlados por la tecnología, incluso desde dentro de nuestro propio cuerpo y donde no habrá propiedad privada ni para los cosas más básicas. Un mundo donde no habrá dinero físico. Donde todo será del Estado y de estas grandes multinacionales. Un comunismo de capitalismo monopolista. Por supuesto el PSOE y Podemos están encantados con esto. Podemos solo persigue, como ha dejado bien claro, Alberto Garzón, a la clase media.
 
En el mundo de la agenda 2030 no hay lugar para el pequeño comercio ni para los autónomos, sectores todos que se hunden, ante un gobierno que calculadamente les da buenas palabras pero nada más. O reaccionamos pronto o muy pronto, valga la redundancia, será tarde ya.