Su impacto sobre el pueblo de los Estados Unidos ha sido tan dramático que la futura historia política americana tendrá que hablar de un antes y un después de Donald Trump.
La semana pasada Donald Trump fue abatido por el enemigo invisible que había combatido durante ocho meses. Sus médicos procedieron a recluirlo inmediatamente en el hospital militar de Walter Reed, uno de los más avanzados del mundo. No se podía perder tiempo. Porque la seguridad y la estabilidad del mundo libre están estrechamente relacionadas con la salud del presidente de los Estados Unidos. De hecho, los Estados Unidos son la única nación con el poderío militar, el ordenamiento jurídico y el prestigio político para servir de mediador y garante de la paz en los conflictos internacionales.
Por otra parte, mantener a Donald Trump en aislamiento es una tarea de proporciones siderales. Es altamente probable que sus médicos no hayan podido controlar al jinete. A las 72 horas de haberse caído ya estaba de nuevo montado en el caballo. Su hijo Donad Trump, Jr. declaró a Sean Hannity que esta era la primera vez en sus 74 años que su padre había estado hospitalizado durante tres días.
A su regreso a la Casa Blanca, después de su hospitalización en el Walter Reed, el Presidente Trump grabó un video de campaña y lo mandó a través de su medio predilecto de Twitter. Su mensaje fue el del Trump que todos conocemos. El virus no lo había cambiado en lo más mínimo y dijo: "Vamos de nuevo a trabajar. Como su líder yo estaré en la vanguardia. Eso es lo que hacen los verdaderos líderes". Y con respecto a la batalla contra  el Covid 19 dijo: "He aprendido mucho sobre el coronavirus. Y de una cosa estoy más que seguro. No dejen que éste enemigo los domine. No tengan miedo. Juntos vamos a derrotarlo".
Sus palabras fueron una simbiosis del pensamiento de Su Santidad Juan Pablo Segundo y del carácter del General George Patton. Durante su visita a Cuba Comunista en enero de 1998, Juan Pablo Segundo le dijo a los cubanos:"No tengan miedo". Por su parte, una de las máximas por las que vivió el General Patton fue: "La prueba del éxito no es lo que haces cuando estás en la cumbre. Éxito es cuan alto te elevas cuando has tocado fondo." Ese es el Donald Trump que, recién salido del hospital, dijo que estaría en Miami el próximo 15 de octubre para el debate con Joe Biden.
En otro ángulo de este episodio, los enemigos de Trump actuaron con el fanatismo y la hipocresía que los caracteriza. Tenían que lamentar su enfermedad pero no podían perder la oportunidad de atacarlo. Esa serpiente del pantano de Washington que es Nancy Pelosi dijo: "Esto es trágico. Pero era una invitación al desastre cuando alguien se reúne con las multitudes sin ponerse la máscara."
Por su parte, el compinche y subalterno de Nancy Pelosi también echo leños al fuego. Me refiero al líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, quién pidió protección para los senadores diciendo:"No podemos permitir que la actitud frívola de la Administración afecte en forma adversa nuestra rama del gobierno. Y el opositor de Trump en la campaña presidencial no podía quedarse atrás. Joe Biden dijo: "Espero que esto sirva de recordatorio de ponerse la mascarilla, mantener la distancia social y lavarse las manos."
Como hemos visto, la política nunca se detiene en el pantano de Washington. Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, quiere aprovechar la enfermedad del presidente para descarrilar el nombramiento de la jueza Amy Coney Barrett al Tribunal Supremo. Schumer está utilizando el virus que sufren dos senadores republicanos del Comité Judicial del Senado para  pedir que se pospongan las vistas de confirmación de la Barrett. Pero los republicanos no han caído en la trampa y han dicho que las audiencias de confirmación comenzarán el próximo 12 de octubre.
En el ámbito internacional, tanto los amigos como los  enemigos de Trump han formulado declaraciones y enviado mensajes sobre su enfermedad. El Primer Ministro de Inglaterra, Boris Johnson, y el ex-Primer Ministro de Italia, Silvio Berlusconi, han expresado su solidaridad con el presidente. El Presidente ruso, Vladimir Putin mandó un mensaje casi poético: "Estoy seguro de que su inherente vitalidad, su espíritu positivo y su optimismo lo ayudarán a confrontar este peligroso virus".
En un inusitado mensaje, los medios de prensa de Corea del Norte informaron que el líder Kim Jong-un deseaba la pronta recuperación del presidente y la primera dama. Pero los medios de prensa de China Comunista echaron sal a la herida de habernos enviado el virus diciendo:"Esta prueba positiva es otro recordatorio de que el coronavirus continúa diseminándose a pesar de que el señor Trump siga afirmando desesperadamente que ya no existe peligro."
Para aquellos interesados en asuntos médicos, el Presidente Trump fue tratado, entre otros medicamentos, con dexamethasone, un esteroide que ha prolongado la vida a pacientes hospitalizados con síntomas críticos de Covid-19. Los médicos están familiarizados con el dexamethasone porque ha sido utilizado desde la década de 1950 y es un medicamento barato que se vende en paquetes de 30 tabletas por 22 dólares.  
Mirando hacia el futuro inmediato, es importante analizar la forma en que la enfermedad del presidente podría impactar las elecciones del 3 de noviembre. Si este virus traicionero no se hubiera presentado, Donald Trump habría propinado una soberana paliza a ese fantasma que vemos en las pantallas de nuestros televisores y que responde al nombre de Joe Biden.
Fueron tantos los éxitos de Trump que me veo obligado a señalar los que considero de mayor importancia, entre ellos: Ha creado más de 5 millones de nuevos empleos, 400,000 de ellos en el ramo de la manufactura que Obama había dado por perdidos, logrado un crecimiento económico superior al 4 por ciento, alcanzado la tasa de desempleo para negros, hispanos y asiáticos más baja en la historia de los Estados Unidos, la tasa de desempleo para mujeres más baja en los últimos 65 años.
Al mismo tiempo, ha abierto los oleoductos de ANWR, en Alaska, de Keystone XL y Dakota Access, alcanzado la independencia energética, asegurado 700,000 millones de dólares para las fuerzas armadas, sustituido el desastre del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con el Tratado de Estados Unidos, México y Canadá que beneficia a los obreros americanos y fue el primer presidente americano en imponer tarifas a China Comunista para poner fin a sus sistemas de transferencias forzosa de tecnología, sus robos de propiedad intelectual y sus tramposas prácticas comerciales.
Lamentablemente, los hombres tenemos mala memoria y padecemos con harta frecuencia del virus de la ingratitud. La prueba la tenemos en las numerosas encuestas que le dan ventaja a Joe Biden. Aunque los errores garrafales de los encuestadores en 2016 me llevan a desconfiar de las encuestas creo que debemos tenerlas en cuenta porque, como dice el dicho, "en la  confianza está el peligro".
Tal como lo hizo en 2016, Donald Trump tiene que apretar la marcha en las próximas cuatro semanas y subir la cuesta empinada de una prensa al servicio de la izquierda y encaprichada en sacarlo de la Casa Blanca. Si alguien puede hacerlo es este guerrero que nunca se rinde, ama a su patria y la sirve con todas sus energías. Su impacto sobre el pueblo de los Estados Unidos ha sido tan dramático que la futura historia política americana tendrá que hablar de un antes y un después de Donald Trump.
Culpar a Trump de los daños producidos por el virus−como lo han hecho los desaforados de la izquierda demócrata−no tiene ningún sentido. Sería como acusar a un constructor de destruir el edificio que él mismo ha construido. Un edificio que no ha terminado pero que, con nuestro voto el 3 de noviembre, quedará consolidado como el paraíso de los hombres libres y el faro de la libertad en el mundo.