En la noche del 2 de febrero, el Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, en una dramática rueda de prensa de 7 minutos, anunció el fracaso de la formación de un nuevo gobierno de mayoría. Fundamentó dos posibilidades: convocar a elecciones anticipadas o brindar la confianza parlamentaria a un “gobierno de alto perfil” encargado al economista Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo y miembro del Grupo de los Treinta de la Fundación Rockefeller. Mario Draghi, sin duda, es un claro exponente de la elite del poder financiero internacional. Los europeos recordamos los billetes de Euro con su particular firma y que aún están en circulación.

Ayer, luego de la reunión en el Palacio del Quirinale, con el Presidente de la República Sergio Mattarella, Mario Draghi, aceptó el encargo. Ahora tiene por delante reuniones políticas consultivas para conformar un nuevo gobierno técnico en Italia. La posibilidad del adelanto electoral que daría la voz soberana al pueblo italiano quedó descartada por la situación pandémica que pondría en riesgo a la ciudadanía, según las palabras del Presidente Mattarella, por ello ha optado por el “alto perfil” de las finanzas supranacionales para dirigir el destino de Italia, a que los italianos ejerzan con libertad el derecho al voto.

No es casual que ante el fracaso de repetir un gobierno Conte se prive a los ciudadanos del voto democrático ya que, según todas las encuestas, daría la mayoría parlamentaria a la alianza de centroderecha encabezada por Matteo Salvini (Lega), Giorgia Meloni (Fratelli d’Italia) y Silvio Berlusconi (Forza Italia). Los poderes supranacionales no pueden permitir, que por mayoría y libremente, Italia tome un rumbo identitario, soberanista, patriótico y popular. La pandemia ha matado a la democracia con el virus del poder globalista tecnofinanciero.

Italia está en ciernes de un nuevo gobierno llamado técnico. Ante el fracaso de uno nuevo con los apoyos del Movimento 5 stelle, Partito Democratico e Italia Viva, la centroizquierda histórica con los secuaces del “populismo” del cómico Beppe Grillo, la elección de Mario Draghi para la formación de un gobierno “europeísta” no sorprende. Era desde hace tiempo el nombre “in pectore” de los mercados financieros para marcar el nuevo rumbo político ante el fracaso del gobierno de mayorías. Es la vuelta de los “tecnócratas”, la de los expertos técnicos que ya han llevado con anterioridad a los italianos a sufrir políticas económicas impopulares y dañinas, como el brutal aumento de impuestos y tasas para sostener el déficit provocado por una clase dirigente que solo responde a sus propios intereses.

Matteo Salvini, líder identitario y soberanista de la alianza de centro derecha, apeló a lo que definió como la “vía maestra del voto”, es decir, dar la palabra a los italianos en las urnas para la formación de un gobierno de mayorías, estable y que saque al país del atolladero. Su compromiso es mantener unido al bloque con Meloni y Berlusconi y oír, sin prejuicios, la propuesta del encargado por el jefe del Estado, pero con la vista en los próximos meses a convocar elecciones. 

El artículo 1 de la Constitución italiana dice: “Italia es una República democrática fundada en el trabajo. La SOBERANÍA pertenece al PUEBLO, que la ejercitara en las formas y dentro de los límites de la Constitución”. Si por el virus pandémico se niega el voto ciudadano, no hay democracia, y el virus de un nuevo régimen técnico-sanitario del gusto de los poderes supranacionales remplazará la voluntad popular. Si esto sucediese, Italia, más allá de una crisis política, sufrirá el ser el experimento de ingeniería política y social del modelo globalista de control social y vigilancia propuesto por Davos en consonancia con objetivos de la Agenda 2030 y el avance de la geopolítica que viene de Oriente.

El jefe del Estado Italiano, dijo al final de su discurso: “Por tanto, siento el deber de hacer un llamamiento a todas las fuerzas políticas presentes en el Parlamento para dar confianza a un gobierno de alto perfil, que no debe identificarse con ninguna fórmula política. Por lo tanto, cuento con dar una tarea lo antes posible para formar un gobierno que se ocupe rápidamente de las graves emergencias no postergables que he mencionado. Gracias y buen trabajo”. De elecciones democráticas, voto en libertad, y soberanía popular, ni palabra.

El virus del nuevo gobierno técnico-sanitario en Italia parece haber infectado a “Il bel paese”. Solo se podrá curar dando la batalla popular por la soberanía, la libertad, y la democracia, preservando su identidad milenaria que es la de la auténtica Europa.