El pasado 25 de octubre salió a la luz en algunos medios de comunicación cómo la desfachatez elevada a la enésima potencia se ponía de manifiesto bajo el abanderamiento de la “Igualdad”.

 

En efecto, la Comisión de “Igualdad” del Congreso, a petición del grupo Podemos, aprobó por unanimidad una proposición no de ley en la que pretenden equiparar la violencia de género hacia las mujeres fuera del ámbito de pareja incluyendo a las menores de edad, basándose en lo “exigido” por el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la mujer y el Convenio del Consejo de Europa sobre la Prevención y Lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica (Convenio de Estambul) ratificado por España, así como la puesta en marcha de un protocolo integral contra la mutilación genital femenina.

 

Una Comisión de Igualdad basada en la desigualdad: De cuarenta y cinco personas contando a la letrada, sólo tres son hombres. ¿Qué podemos esperar entonces? Obviamente, que la balanza se incline únicamente hacia un lado.

Teniendo en cuenta el choque que la actual ley integral contra la violencia de género tiene con el artículo 14 de la Constitución, discriminando y culpabilizando al hombre por el mero hecho de serlo, con el atenuante del Derecho Penal de Autor, que implica que ante una denuncia, la prueba de cargo recaiga sobre el denunciado que tiene que demostrar su inocencia, lo que hace que la presunción de inocencia, a la que los políticos apelan cuando les interesa, brille por su ausencia.

Apelando a la Igualdad Real, no es de recibo aprobar una ley que divida a la sociedad en dos, hombres y mujeres, como si de clases sociales se tratara y continuar hablando de igualdad. Carece de toda coherencia olvidarse de la existencia de mujeres (y cada vez en mayor número) que agreden a otras mujeres, que agreden a hombres, por no hablar de las agresiones hacia niños y ancianos. Víctimas reales y olvidadas porque no dan votos.

Se está consiguiendo un contradictorio auge de la violencia en todos los ámbitos, que a muchos nos hace pensar si no es premeditado.

En la ley que pretenden aprobar, únicamente hablan de mujeres y niñas. ¿Dónde se encuentran los derechos de los niños varones? ¿Tienen menos derecho que las niñas? ¿Tienen menos valor que ellas? ¿Sufren menor peligro?

En la ley que pretenden aprobar, únicamente hablan de mujeres y niñas. ¿Dónde se encuentran los derechos de los niños varones? ¿Tienen menos derecho que las niñas? ¿Tienen menos valor que ellas? ¿Sufren menor peligro?

No se debe legislar para tapar agujeros. Se debe de indagar en el problema, buscar su origen, sus causas y entonces, sólo entonces, poner la solución pertinente que con toda probabilidad, será muy diferente de la que quienes dicen velar por nuestros derechos

Llevan años y años hablándonos del patriarcado, del abuso de poder de los hombres, y sin embargo, ahora se pretende hacer lo mismo a costa de las mujeres: discriminando al hombre, haciéndole pagar por algo que probablemente muchos ni siquiera hayan vivido o visto en sus casas. En definitiva, culpándolos por el hecho de haber nacido hombres.

El fin de las comisiones de trabajo del gobierno debe de ser el de intercambiar impresiones, ideas, datos y llegar a conclusiones lo suficientemente válidas como para no desintegrar la sociedad, que se basa en la familia, interpretando correctamente el Convenio de Estambul al que se hace referencia. Una sociedad no puede ni debe ser fraccionada con la idea de proteger sólo a una parte y menos aún a través del engaño, puesto que se utilizan las agresiones sexuales (ahora mal llamadas agresiones sexistas) con el fin de seguir victimizando a la mujer para ganar dinero a nuestra costa generando conflictos y potenciando el miedo y la alarma social con la única finalidad de conseguir la división social. Han eliminado la clase media para construir otro tipo de clases sociales: hombres, mujeres y colectivo lgtb generando leyes específicas para cada una de ellas. La antítesis de la igualdad verdadera a la que ellos apelan al servicio del negocio.