Infames bestias han existido y existirán en todas las civilizaciones; la unión de Pasífae y el Toro de Creta dio como resultado el nacimiento del Minotauro; el siglo XX también tuvo el alumbramiento del endriago comunista, fruto de la cohabitación de las teorías de Marx con un ofidio satánico que respondía al nombre de Lenin;  el actual siglo, aunque de forma más taimada y sutil, pero no menos artificiosa y perversa, ensalza y pregona otro ayuntamiento, otra cópula entre la ideología de género y las preponderantes muchedumbres de la progresía socio-comunista con la intención contra natura de engendrar una quimera deforme que les otorgue el poder sobre la Humanidad; este delirio, esta fantasía, el Anticristo apocalíptico es confinado y bien guardado en un  inexpugnable e inextricable laberinto, bien alimentado con los despojos de los “elementos parásitos” de la sociedad así como con los restos de los “ socialmente peligrosos”

Hay que hacer notar que una de las trabajadoras más entusiastas y fanatizadas de la construcción de este dédalo postmoderno y depravado atiende al nombre de Irene Montero.

El último exabrupto, la nueva coz de Irene a los valores morales que guían el comportamiento humano en cualquier sociedad civilizada queda reflejado en su apestosa declaración de principios que nos obliga a poner mascarilla, y que reza así: todos los niños, las niñas,…..de esta país tienen derecho a conocer su propio cuerpo, tienen derecho a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, tienen derecho a amar o tener relaciones sexuales con quien les de la gana basadas, eso sí, en el consentimiento y esos son los derechos que tienen que ser reconocidos”; me ha costado trabajo el poner negro sobre blanco este caudal de iniquidades, este sindiós se resume en una aberrante apología de la pederastia como abuso sexual cometido con los niños o de la pedofilia en su caso; la individua en cuestión, de forma premeditada hace abstracción de los graves traumas y daños que conllevan estas actitudes, poniendo en evidencia la inmoral catadura que posee y la incapacidad para ostentar el cargo que ocupa en este maldito gobierno de Sánchez.

Planteadas de este modo sus pretensiones y objetivos a alcanzar, sale a la palestra el Sr Argüello, dicen que arzobispo de Valladolid y secretario general de la Conferencia Episcopal, que quiere ser comprensivo con ella, con ese enemigo de naturaleza diabólica de Dios, defendiendo las manifestaciones de la Montero con el argumento de que se habían sacado de contexto, extremo que a él le había pasado alguna vez como portavoz de los obispos.

El Sr Argüello, parece que fue militante marxista-leninista en su juventud, fue ordenado en 1986 y nacido en 1953; ¿cabría preguntarse si sigue profesando su fe comunista?, y si es así, como desempeña el cargo en la Conferencia Episcopal, a no ser que esta haya perdido el norte marcado por Cristo y los Evangelios.

Ya voy haciéndome cargo de la situación y entendiendo algo de este despropósito.

Quizá, el Sr Argüello sea un especialista en Armonística y una de sus obligaciones como pastor de la Iglesia es armonizar el contenido de los Evangelios con los criminales objetivos del comunismo.

Mi percepción es que el Sr Argüello y la integridad de la Conferencia Episcopal, el primero por acción y la segunda por su revelador silencio, tienen un interés oculto al dar validez y justificar  las declaraciones de Irene Montero, pensando en mantener y defender a toda costa la X en la declaración de la renta.

Ni por asomo se puede pensar que estos pastores de la Iglesia personifiquen a Teseo, el héroe ateniense que se adentró en el laberinto para acabar con la vida de la bestia.

 No quiero sustraerme a comentar que el Sr Argüello me arrastra al triste recuerdo de las actuaciones pastorales de los obispos vascos, Setién, Uriarte, época en que la sangre era más dulce que la miel, cuando sus homilías y manifiestos se convertían en leña seca que atizaba el fuego del terror de ETA. 

Entonces estuvo muy presente en mi mente y en mi espíritu la frase de Roa Bastos en su libro “Yo, el Supremo”: “ Cristo, pagó su fracaso en la Cruz”

El besalamano del título no es sino una amable invitación al Sr Argüello para actualizar y  refrescar su memoria en relación con las “perrerías” que los asesinos marxistas-leninistas infligieron al clero tanto en la URSS como en España.

El clero fue proscrito en la “nueva sociedad comunista”, la ofensiva criminal tuvo su desarrollo en varias fases, la primera durante los años 1918-1922, la segunda en los años 1929-1930 y por último durante los años del Gran Terror, 1936-1938, los comunistas intentaron “liquidar definitivamente” los “últimos residuos clericales”

Estas ofensivas y asaltos se sustanciaron en un endurecimiento de la legislación antirreligiosa, control de las autoridades sobre la vida de las parroquias, restricciones en la actividad de las sociedades religiosas, el artículo 58 del Código Penal decía: “cualquier utilización de los prejuicios religiosos de las masas que pretendan debilitar al Estado, será castigada  con penas de tres años de prisión hasta la pena de muerte”

Otras acciones directas eran la captura de las campanas, los popes eran aplastados a impuestos o privados de sus derechos civiles, de las cartillas de racionamiento y de toda asistencia médica.

Según la Iglesia Ortodoxa, en 1922 fueron asesinados 2700 curas, 1962 monjes y 3477 monjas además de miles de arrestos, exilios y deportaciones.

En marzo de 1930, más de 6500 iglesias fueron cerradas o destruidas. En 1936 solo quedaban en activo el 25% de las iglesias existentes antes de la revolución.

Durante el Gran Terror se decidió que había llegado la hora de acabar con las organizaciones eclesiásticas y con su jerarquía.

Millares de sacerdotes y la totalidad de los obispos fueron enviados a campos de concentración, pero esta vez gran número de ellos fueron ejecutados.

Observe Sr secretario, Pío XI en 1931 en la Encíclica Quadragesimo Anno había escrito: “el comunismo tiene un doble objetivo….que persigue por todos los medios, incluidos los más violentos: una  implacable lucha de clases y la completa desaparición de la propiedad privada. Para lograrlo, no hay nada a lo que no se atreva, no hay nada que respete, se muestra salvaje e inhumano hasta un grado que apenas se puede creer….”

La persecución religiosa durante la II República española tuvo como precedente la sufrida en la Unión Soviética durante el desarrollo y sovietización del régimen comunista; aunque si consideramos que la población era seis veces menor, podemos afirmar que la española fue la peor y más encarnizada.

El pogromo contra la Iglesia Católica en España se aproxima a la trágica cifra de 7000 religiosos y decenas de miles de católicos asesinados por el mero hecho de serlo, y todo ello en “nombre de la libertad”

13 obispos asesinados, 4184 sacerdotes, 2365 frailes y 283 monjas.

Veamos a título de ejemplo diversas opiniones de historiadores reconocidos de diferente signo político o visión del mundo:

Hugh Tomas. “En ninguna época de la historia de Europa, y posiblemente del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión y cuanto con ella se encuentra relacionado”.

Stanley G. Payne. “La persecución de la Iglesia Católica fue la mayor jamás vista en Europa occidental, incluso en los momentos más duros de la Revolución Francesa”

Montero Moreno.  “En toda la historia universal de la Iglesia no hay un solo precedente, ni siquiera en las persecuciones romanas, del sacrificio sangriento, en poco más de un semestre, de 13 obispos, 4000 sacerdotes y más de 2000 religiosos.

Por último, cómo no recordar el asalto a una capilla de la “destapada” Rita Maestre con su grito de guerra: ¡Arderéis como en el 36!, alarido, que la izquierda radical comunista vuelve a enarbolar contra la Iglesia Católica.

No estamos dispuestos a callar ni a doblegarnos, cuando la ideología más criminal que ha existido, comunismo y sus derivadas, continúe haciendo bandera de la mal llamada Memoria Histórica/Memoria Democrática y persista en sus inadmisibles provocaciones.

En el supuesto de que el prelado Argüello haya leído este humilde e irritado discurso , en el caso de que haya surtido el efecto de remover su conciencia, y por tanto estimar que debe rectificar su piadosa comprensión respecto de  las declaraciones de la comunista Montero, al menos evitará el castigo que los creyentes, los españoles razonables, cabales, justos  y el infrascrito tiene intención de imponerle, que no es otro que copiar cien veces: “No lo volveré a hacer”