En el siglo III el príncipe persa Manes fundó una religión basada en el dualismo, bien y mal; sin matices, sin punto intermedio.

Esa fe definitiva pretendía afirmar el bien y el mal, lo bueno y lo malo en términos absolutos, sin razones, sin  establecer ninguna otra consideración.

Este concepto antropológico, tuvo gran aceptación en el mundo griego y romano y se extendió hasta finales del siglo IV.

Esta “religión” (o mejor dicho esa filosofía) impregnó también el pensamiento cristiano y fue denunciada como error por los padres de la Iglesia. Fue denominada como la Herejía de Manes, o más conocida como “Maniqueísmo”.

El maniqueísmo, de forma simple, casi infantil, explica y divide el mundo en dos grupos, los buenos y los malos. Así es, cómo esta mentalidad ha llegado hasta nuestros días y se desliza entre nuestra cultura.

En las películas del oeste, de romanos, de guerra, de ciencia ficción, de aventuras, policiacas, de tribunales, etc. se repite constantemente este patrón,  este formato: El bueno de la película es buenísimo y el malo es malísimo sin remisión.

Y esta idea de los buenos y de los malos, a la gente le encanta, se lo tragan sin ningún análisis.

No se extrañe, estimado lector, que gente inteligente de su entorno, acepte todo lo que les cuenten, en base a este pueril concepto del maniqueísmo. Ya no existen grises, ni personas que en un momento dado pueden actuar correctamente y en otras ocasiones no tanto. No hay intereses espurios, ni egoísmos por ambas partes. Aquí, o allá, o estás en un bando o en otro, no existen matices ni razones.

Por otra parte, de todo lo que está sucediendo en Ucrania siempre se puede sacar alguna ventaja. El mayor alivio que hemos recibido algunos, en estos días es, saber que los “no vacunados” ya no somos, los malos, ahora los malos son “los rusos”.

La propaganda oficial está al mismo nivel, de brutal que de burda. Y los medios de comunicación generalistas, no están podridos, sino lo siguiente. Pero no importa, la clientela está dispuesta a tragar carros y carretas sin rechistar. No hay problema.

De pronto se descubre una escena en televisión, de una deflagración que nos venden como bombardeos en Ucrania y resulta que es de una fábrica que explotó en China en el 2015. Y aquí no pasa nada. Luego aparecen escenas de un video-juego en la pantalla de la “caja tonta” que simula el bombardeo de la población civil y la gente embobada se traga la rueda de molino y aquí no pasa nada y aunque se descubra más adelante que ha sido un truco de trileros, se disculpa, aquí no ha pasado nada.

Lo que sucede en Ucrania, no es ni más ni menos que una “película de indios” según lo que nos están contando los aprendices de Esteven  Spielberg que tenemos en los medias. Pero se da la circunstancia estimado lector que lo que sucede en Ucrania es algo mucho más complejo. Los intereses por ambos bandos son de gran calado y las victimas siempre resultamos ser los mismos.

Las noticias en manos de los medios de comunicación globalistas han ocultado deliberadamente que desde que se produjo el cambio de gobierno en Kiev de forma poco transparente en el año 2014 la población pro-rusa de Donbass ha sido sometida a represión e incluso a bombardeos con armas procedentes de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, con más de 14.000 muertos reconocidos por la ONU de cifras oficiales y miles de desplazados que se han visto obligados a abandonar sus casas. Una guerra totalmente ignorada. Y esto no sale en la “tele” sino que algunos tienen la desfachatez de poner la imagen del edificio en ruinas debido a un bombardeo que dicen que es culpa del malísimo Putin, cuando resulta que esa imagen es de hace varios años, de un bombardeo de la parte contraria.

Pero a la gente le dan igual las fotos y videos trucados, ellos ya han tomado posición y han comulgado con el relato que les han contado. La tele les ha dicho, estos son los buenos y estos son los malos, y no hay más que hablar. Y lo aceptan, igual que niños. La gente habla en los bares de lo que les dictan que tienen que hablar, nada que plantearse, nada que cuestionar. Las mentes ya están pre-configuradas.

Y ¿Qué más puedo decir? Ya no importa que añada que, Putin, no es santo de mi devoción. A estas alturas de mi artículo ya estoy etiquetado como negacionista, y de un bando, sin matices y aunque no sea verdad, no importa, ya estoy clasificado según la regla del príncipe Manes, lo buenos y los malos.

Como siempre nos engañan con la verdad, es decir con medias verdades, porque es cierto que las tropas Rusas han cruzado la frontera y han actuado aquí o allá y eso es innegable e ilegal. Pero no es menos cierto es que los Globalistas de la OTAN, que se presentan ante nosotros como unos angelitos de la guarda, todos ellos,  pretenden zamparse Ucrania y colocarle misiles a 500 km de Moscú y eso también es innegable e ilegal y el señor Putin con mucha razón no lo acepta.

Y ya de paso, y a río revuelto, estos pájaros de cuentas, estos canallas, aprovechan para machacar las economías occidentales, para que la inflación les haga mucho más ricos, para subir el precio de la electricidad etc etc. y con esta estupenda cortina de humo de la guerra, aprovechan para ocultar las revueltas de la población en Canadá, Francia y Australia y aprovechando que el Pisuerga pasa ahora por Kiev, implantar leyes liberticidas que nos roban a pasos de gigante derechos fundamentales sin que nadie lo perciba. Si, estimado lector, es muy triste comprobar cómo pueblos hermanos, ucranianos y rusos son víctimas de todos estos teje-manejes maniqueistas, muy triste.

Hace un par de días, pregunté a una compañera de trabajo, sin ánimo de importunarla. ¿No crees, que nos están manipulando? Y su respuesta fue muy clarificadora.

-No, Francis, no creo que nos estén manipulando, de ser así lo habrían dicho en la tele.