La campaña electoral está sirviendo para ver que mucho se está hablando de cambio. Sin embargo, se puede comprobar fácilmente que no parece que vaya a producirse una alteración relevante de las circunstancias socio-políticas en España.

Mariano Rajoy, que puede estar preocupado por Unidos Podemos, afirma que no ha cometido ningún error. Además de defender su gestión, el actual presidente del Gobierno en funciones ataca a sus rivales por haber creado la necesidad de celebrar unas nuevas elecciones generales después de las que desarrollaron el día 20 de diciembre de 2015 y tiene el deseo de que le permitan gobernar aunque no consiga el apoyo de la mayoría de los diputados en el Congreso.

Pedro Sánchez ha indicado expresamente que, después de las elecciones del día 26 de junio, habrá un nuevo Gobierno y que le dará su apoyo a Mariano Rajoy si gana el PP. Sin embargo, no se sabe si el apoyo del PSOE a Mariano Rajoy será suficiente para evitar unas terceras elecciones generales consecutivas.

Albert Rivera y Pablo Iglesias continúan con su misma actitud y, algunas ocasiones, han mostrado una faceta radicalizada. La fusión de las candidaturas de Podemos y de Izquierda Unida ha fortalecido a Pablo Iglesias y Albert Rivera se puede ver acorralado por su rechazo a negociar con Mariano Rajoy y el deseo de Pedro Sánchez de aliarse con el PP en determinadas circunstancias.

No se han celebrado todavía las segundas elecciones generales consecutivas y ya existe temor sobre unas terceras elecciones generales consecutivas. Este hecho indica la desconfianza que reina entre los ciudadanos frente a los dirigentes políticos españoles, que constituyen un símbolo de la degradación de las instituciones públicas, que deberían servir para el cumplimiento de los objetivos que interesan a los ciudadanos.

 

Los líderes de los principales partidos políticos dicen que, después de las próximas elecciones generales, habrá acuerdos para que haya un Gobierno estatal estable. Sin embargo, cuando deben pronunciarse, todos reconocen de un modo indirecto que no van a sacrificar total o parcialmente sus pretensiones y, por eso, es posible observar que la intención de cada uno de ellos, realmente, es imponer las ideas propias, aunque esa conducta pueda provocar otras elecciones generales.

Que hablen de cambio después de cambiar mentalidad sería lo más lógico. Sin embargo, la lógica no reina en el ámbito político español, donde priman las pasiones.