Pasar del Régimen del 78, momento político de concordia y armonía social a lo que empezamos a vislumbrar con el “execrable” socialista Zapatero, para concluir sufriendo el gobierno socio-comunista de otro egregio “okupa” de la Moncloa, es pasar a la nada, al caos y a la desintegración de España, es haber caminado en dirección a la cumbre para dar con nuestros huesos en el profundo abismo del caos violento y guerra-civilista.

Se dice, que los tiempos  de crisis redoblan la vitalidad de los hombres y acrecientan su instinto de supervivencia; esta afirmación, en España se convierte en una excepción a la regla; las urnas vienen desmintiendo los teóricos beneficios que la democracia aporta a la convivencia social y el progreso de la Nación; la sociedad española persiste tanto en el suicidio ignorante como en la acobardada indolencia a la hora de poner fin al perverso y criminal proceso de descomposición, haciendo valer los trágicos ejemplos que la Historia contempla.

La felicidad democrática lleva camino de transformarse en un cataclismo social, despótico y deshumanizado.

Si no gigantes, éramos un pueblo con un aceptable crecimiento  en comparación a la inmunda sociedad de insectos que han engendrado nuestros representantes políticos; indignos y supuestos protectores de la ciudadanía y de la individualidad de cada hombre.

La renuncia de una parte de la soberanía de la sociedad, a cambio de la necesaria protección, la han utilizado para alcanzar el Poder a toda costa y por encima de cualquier consideración moral, donde caben el crimen, la corrupción, el engaño, la humillación y la hambruna.

Y en esto último, ¡cómo no!, son especialistas los comunistas, pues así, no lo dicta la Historia; demócratas convencidos, fieles seguidores de las enseñanzas de Pío VII, cuando decía: “Las virtudes morales forman los buenos demócratas”. ¡Jamás! la palabra democracia ha estado tan devaluada y prostituida, como  cuando la emiten las “fauces” de la fosilizada turba comunista-bolivariana.

Para completar la relación de nuestros malditos representantes políticos, no debemos olvidar a los separatistas vascos o catalanes y a la cuadrilla del terrorista Otegui, mereciendo especial atención, y encabezando la lista, al ilegítimo inquilino de la Moncloa, a la sazón, y por no emplear otros calificativos, el “gran mentiroso” que porta y se engalana con el “Toisón de Oro” del socialismo español.

Bien podría dar la imagen del presidente, aquello que un diplomático inglés decía de Talleyrand, “barro en una media de seda”

¡Oh miseria! ¿Cuántos picotazos y ataques hemos de seguir soportando de este enjambre de insectos, de agitadores y desestabilizadores del sistema democrático?; arrastrados por la turbulenta actualidad, es obligado detenerse, en el delincuente Hasél, individuo que merece por su currículo delictivo muchos años de sometimiento carcelario, sujeto que pone en entredicho la teoría de la evolución y la selección natural de Darwin, un “primate sin evolucionar” que una sociedad avanzada y respetuosa con las normas, la ética y la moral se niega a admitirlo, a no ser que su permanencia entre rejas lo habilite reinserte y disuada de sus salvajes manifestaciones y actos delictivos.

Con la excusa de la libertad de expresión y tomando como referencia a este bárbaro indocumentado e insolente, la soldadesca violenta, reclutada fundamentalmente por los comunistas, la izquierda radical socialista, los independentistas catalanes y un largo etcétera de escoria rampante y sanguijuelas sociales, con el aliento y protección de sus respectivos jefes políticos queman y vandalizan las ciudades, saquean los comercios, imponen el terror en la población y se permiten el lujo de golpear y ejecutar actos de patente criminalidad contra las Fuerzas del Orden.

Y cuando esto sucede, cuando hay peligro, las proposiciones de estos desechos de la política, siempre son débiles y evasivas, conclusión, España continuará atormentada, y la oposición al sistema constitucional terminará pasando al pueblo que abandera el caos y la anarquía, y este transforma siempre la oposición en revolución.

Va sintiéndose la urgente necesidad de que alguien levante el brazo con firmeza y patriotismo, para encadenar las turbas anárquicas, para resucitar el orden del seno del caos y para reducir las proclamas de odio de los furiosos demagogos anticonstitucionales.