Tras el rotundo triunfo del centroderecha en las elecciones autonómicas de Madrid y de Castilla y León, las elecciones andaluzas que han de celebrarse el próximo 19 de junio adquieren una importancia capital, ya que una nueva derrota de la izquierda, esta vez en uno de sus tradicionales feudos, supondría la antesala perfecta para la definitiva expulsión de la coalición socialcomunista del Gobierno de España.

Sin embargo, la tarea no resulta sencilla ya que los partidos socialcomunistas tienen un caladero electoral que responde a la existencia de tres perfiles de votantes bien diferenciados, pero todos ellos difíciles de atraer a las filas de la insurrección. Así, en primer lugar, se encuentra un reducido grupo de “fanáticos iluminados” que a pesar de haber leído a Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Althusser o Laclau, entre otros autores de renombre, defienden los postulados del marxismo, ya sea clásico o moderno, obviando con una contumacia propia de deficientes cognitivos el que una ideología que, desde un prisma colectivista, defiende la dictadura del Partido Comunista, suprime los derechos y libertades individuales y promueve el control por parte del Estado de todos los medios de producción determinando así las condiciones de vida de los trabajadores solo puede conducir a la opresión y a la miseria del conjunto de la población, con la lógica excepción de las élites asentadas en el poder. En segundo lugar, tenemos un grupo más numeroso de “esnobs socialmente acomodados”, lo cuales, sin haber leído a un solo teórico del marxismo, gustan de presumir de un progresismo conceptualmente subsidiario de los mantras del pensamiento políticamente correcto, lo cual no hace otra cosa que reflejar una personalidad acomplejada, derivada de una incapacidad innata de transitar de la palabra a los hechos en la ayuda a los más necesitados. Finalmente, hallamos un tercer grupo constituido por vagos y maleantes reconvertidos, por mor de una sistema basado en la subvención del mediocre, en “especialistas de la ociosidad permanente”, inmersos todos ellos en costosas e improductivas redes clientelares que tienen como única finalidad la consolidación de un voto cautivo.

La existencia de estos distintos grupos de votantes socialcomunistas responde a motivos históricos, negados por los fanáticos, malinterpretados por los esnobs y despreciados por los ociosos. Así, tras el constatado fracaso del socialismo real, una parte de la izquierda decidió adquirir una nueva imagen que la alejara de todo exceso totalitario, de tal forma que, en el Congreso del SPD alemán, celebrado en 1959 en la localidad de Bad Godesberg (Bonn), la socialdemocracia optó por abandonar la ideología marxista, lo cual en la práctica supuso la aceptación de la economía de libre mercado, si bien bajo una relativa tutela del Estado. Así, el nuevo paradigma socialista se vio sintetizado en el célebre eslogan “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”, marcándose así el comienzo de una nuevo horizonte dentro de las políticas de izquierdas. El experimento no acabó de fructificar del todo ya que al final todos los Gobiernos de signo socialista han acabado poniendo el énfasis en la importancia distributiva del Estado frente al mercado, sin caer en la cuenta de que todo Estado solo puede repartir lo que la sociedad civil genera, de tal forma que cuando se fomenta la iniciativa privada mediante políticas fiscales asumibles se genera riqueza y es entonces posible ayudar a los colectivos más desfavorecidos, mientras que cuando lo que impera es el desmedido afán recaudatorio de un Estado colectivista lo que se genera es pobreza por desincentivación de la creación de empleo privado y lo que se reparte es miseria. En cualquier caso, bajo los auspicios de dictadores de la talla de Fidel Castro, Lula da Silva y Hugo Chávez, se celebró en 1990 el llamado Foro de Sao Paulo, en el cual se establecieron las líneas maestras de lo que se ha dado en denominar Socialismo del siglo XXI, el cual, manteniendo intacto el ideario comunista con la única excepción de la sustitución de la lucha de clases por la lucha de identidades, vino a tomar el relevo de una socialdemocracia que no acababa de convencer a la intelectualidad izquierdista. El resultado de todo ello ha sido que el inmisericorde monstruo del totalitarismo absoluto y la pobreza extrema vuelva a extender sus alas para reinar con particular fuerza en Hispanoamérica, pero también para amenazar la estabilidad de las democracias occidentales. España constituye una particular y perversa excepcionalidad dentro de la Unión Europea, ya que actualmente está gobernada por una coalición socialcomunista constituida, por un lado, por un PSOE definitivamente reconvertido en una secta sin ideas ni principios, donde reina la amoralidad y el afán de poder bajo la égida de un narcisista patológico y, por otro lado, por UP, una formación que no es otra cosa que un conglomerado de agrupaciones comunistas lideradas por perturbados psíquicos con reminiscencias bolivarianas. Pues bien, esta coalición socialcomunista tiene como principales logros conducir a España al borde de la quiebra, tal y como indican todos y cada uno de los indicadores macroeconómicos, hacer peligrar la unidad de la nación española, degradar la democracia y socavar el Estado de Derecho como señala el informe “Democracy Index 2021” publicado por The Economist y, como remate, sentar las bases de una sociedad constituida por analfabetos disfuncionales.

Si bien resulta evidente que con tan lamentables credenciales parece prácticamente imposible que cualquier persona mínimamente sensata otorgue su voto a alguno de los partidos políticos que conforman la coalición socialcomunista, también es cierto que resulta imprescindible la existencia de una alternativa de gobierno que inspire confianza, trasmita capacidad, y, en definitiva, abra las puertas de la esperanza a una ciudadanía desmoralizada.

Una vez desaparecido el bipartidismo por la irrupción de una nueva dinámica electoral y teniendo en cuenta los distintos sondeos demoscópicos que se han ido conociendo en los últimos días, es obvio que la única alternativa capaz de impedir que los socialcomunistas alcancen el poder en la Junta de Andalucía es una coalición PP-Vox.

Generalmente el votante del PP -haya leído o no a ilustres pensadores liberales como John Locke, Alexis de Tocqueville, Benjamin Constant, John Stuart Mill, Friedrich Hayek, Isaiah Berlin, Raymond Aron, Giovanni Sartori o John Rawls- suele ser una persona pragmática, de corazón tibio, fervoroso partidario del consenso y dado a evitar la confrontación política, aunque ésta venga de visita. Esta personalidad de base resulta coherente con un partido que nació sumido en un mar de complejos y que a lo largo de su andadura ha ido desarrollando una devota pleitesía a los postulados socioculturales de la izquierda, por más que éstos sean contrarios a su forma de entender lo que deben ser las relaciones de poder entre gobernantes y gobernados, la estructura social y la importancia del individuo dentro de la colectividad y las dinámicas económicas desarrolladas en el marco del libre mercado y la ley de la oferta y la demanda. En consonancia con esta perspectiva los distintos Gobiernos del PP, ya sea a nivel nacional o autonómico, se han caracterizado por una óptima gestión económica con la consiguiente repercusión social y una renuncia absoluta a la batalla cultural en defensa de su propia cosmovisión política. Así, centrándonos en al tema que nos ocupa, tras acceder a la presidencia de la Junta de Andalucía, acabando así con 37 años en los que Andalucía fue un cortijo socialista en el que la nota predominante fue la corrupción, Juanma Moreno ha conseguido sanear las cuentas públicas y aumentar el empleo, pero ha sido incapaz de derogar una sola de las leyes ideológicas de la izquierda. De hecho, para contar con el apoyo de Vox el nuevo presidente andaluz se comprometió a implementar una serie de medidas, todas ellas con una carga ideológica importante, y después de casi cuatro años de legislatura tan solo ha cumplido la mitad de los puntos del acuerdo. Es más, demostrando un insensato y cobarde sometimiento al discurso de la izquierda, Juanma Moreno ha rechazado cualquier posibilidad de pacto con Vox, algo que inevitablemente va a necesitar si quiere volver a ser inquilino durante otros cuatro años del Palacio de San Telmo.

Obviamente, el momento histórico actual, con España al borde de la catástrofe socioeconómica por obra y gracia del Gobierno socialcomunista, no es propicio para dirigentes pusilánimes ni para actitudes medrosas, sino que, por el contrario, lo que se necesita son líderes con el suficiente temple para llevar adelante sus programas de gobierno y con el suficiente coraje para afrontar sin complejos la batalla cultural. En definitiva, es el momento de depositar nuestra confianza y conceder nuestro apoyo a una persona como Macarena Olona, capaz de enfrentarse con determinación y sabiduría al discurso del miedo propagado desde la izquierda. Las razones que justifican tal decisión son múltiples y variopintas. Así, 1)si ama a España como patria suya que es, defiende su legado y reniega del multiculturalismo , debe votar a Macarena Olona; 2)si quiere recuperar la soberanía nacional y dejar de ser un títere en manos de los burócratas europeos al servicio del nuevo orden mundial, debe votar a Macarena Olona; 3)si está a favor del Estado de Derecho y de la igualdad de todos los españoles ante la ley, debe votar a Macarena Olona; 4)si cree que los niños deben ser educados por sus padres y no ser adoctrinados en las escuelas, debe votar a Macarena Olona; 5)si está en contra de la ideología de género y de la perturbadora manipulación de la sexualidad infantil, debe votar a Macarena Olona; 6)si no admite el falseamiento de la historia ni la imposición de los dogmas socialcomunistas, debe votar a Macarena Olona; 7)si está decidido a acabar con el tráfico de personas y expulsar a los inmigrantes que han entrado ilegalmente en España para dedicarse a la economía sumergida o a la delincuencia, debe votar a Macarena Olona;  8)si quiere que le bajen los impuestos al mismo tiempo que se reduce el gasto público destinado a una Administración hipertrofiada, a unos sindicatos cleptómanos e ineficaces y a unos chiringuitos ideológicos socialmente contaminantes, sin menoscabo alguno de los servicios públicos ni de los programas de ayuda a los más necesitados debe votar a Macarena Olona; 9)si respeta al medio ambiente, pero no está a favor de acabar con la ganadería, la agricultura y la pesca, debe votar a Macarena Olona; y, para terminar, 10)si quiere un presente digno para usted y un futuro próspero para sus hijos, debe votar a Macarena Olona.

Decía el historiador estadounidense Timothy Snyder que “Si nadie está dispuesto a morir por la libertad, todos moriremos bajo la tiranía”. Tienen los andaluces una oportunidad histórica de acompañar en la batalla contra la tiranía socialcomunista a una mujer valerosa de indudable talla moral e intelectual, como es Macarena Olona. Por ello resulta de vital importancia que en esta cita electoral Vox obtenga la recompensa que su arrojo merece.