Los ciento noventa y tres países que existen en el mundo, han suscrito los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pretendiendo que se alcancen en el año 2030, y estos objetivos son el fundamento de la Agenda 2030. De su lectura me han surgido los siguientes comentarios.

Lo más sorprendente es que no aparezca en un lugar destacado el fin de las guerras y del tráfico de armas. Los países que están más afectados por las luchas entre diferentes etnias, se matan entre sí con armas que se han fabricado en países ricos, y además se trata de etnias diferentes integradas a la fuerza en países cuyas fronteras derivan, en su mayoría, del imperialismo europeo del siglo XIX, no de sus relaciones históricas. Cualquier publicación sobre el hambre en el mundo afirma que son las guerras, especialmente en el África subsahariana, la principal causa del hambre. Dentro de los 17 ODS, sólo en el 16 aparece como objetivo la paz, sin referencia alguna a suprimir el tráfico de armas, y mientras éste exista, vana e hipócrita resulta la invocación a la paz.

Los dos primeros objetivos también los considero formulados de cara a la galería porque decir que desaparezca la pobreza (nº1) y que no exista el hambre (nº 2) resulta redundante, porque si no hay pobreza es difícil que exista hambre, y a mayor abundamiento, si no hay pobreza el sistema de salud (nº 3) también se alcanzará, porque cuando no ha habido pobreza es cuando se han establecido los sistemas de salud y seguridad, públicos o privados, en todos los países avanzados.

El objetivo nº 4, es la educación de calidad. En España tenemos actualmente un serio problema con la educación, que obedece a diferentes criterios educativos. Cuando se pretende, por ejemplo, inducir a estudiar la prehistoria con perspectiva de género, cabe preguntarse si a eso es a lo que se le llama “educación de calidad”, porque se oyen muchas voces en contra. En la Agenda 2030 inmediatamente después aparece el objetivo nº 5, la “igualdad de género”, que si tantas tensiones presenta en un país como España, puede trastornar enormemente la convivencia en países tercermundistas, especialmente en los de cultura musulmana. Se siembra la tensión y se propone la paz.

Le siguen objetivos que no ofrecen discusión, como que exista agua potable para todos, que haya menos contaminación o que se impulse el crecimiento económico, y todos los suscribirían. No obstante el objetivo nº 9, que integra los tres “in”: industria, innovación e infraestructura, requiere para su correcta valoración una reflexión de más profundidad. Desde luego que las in-fraestructuras son necesarias especialmente en los países subdesarrollados, pero hay que tener en cuenta que una buena red de transportes al tiempo que posibilita sacar los productos fabricados en el interior, también facilita que lleguen a los mercados interiores los productos importados procedentes de países industrializados, y por tanto la “in”-dustria local necesitaría protección, para su subsistencia y crecimiento, la misma que disfrutaron las de Europa y Norteamérica en sus primeras fases de desarrollo. Resulta injusto que ahora, cuando las naciones poderosas cuentan con unas potentes industrias, pretenden implantar el libre comercio que sin duda ahogará las industrias nacientes, y la pretensión la expresan en objetivo 17, dentro del cual figuran “metas” y en la meta nº 12 se propone el “acceso a los mercados libre de derechos y contingentes de manera duradera para todos los países menos adelantados” y dentro del mismo objetivo, en la meta nº 10, se propone el “comercio multilateral universal,… , abierto, no discriminatorio y equitativo”. Es como si a partir de ahora se eliminasen las categorías de pesos en el boxeo fomentando el  enfrentamiento de los pesos pesados con los welter y los pesos pluma.

El objetivo nº 10 se enuncia como “reducción de las desigualdades”, y el subtítulo especifica: “reforma de la tierra”, que entiendo como “reforma agraria”. Desde luego repartir la tierra entre más personas, si se realiza de forma combinada con medidas de transformación en regadío y establecimiento de agroindustrias puede resultar muy beneficiosa, pero este objetivo puede resultar problemático si pone a los agricultores frente al comercio libre internacional porque ahí es imposible que puedan competir con las grandes explotaciones cuyas dimensiones, beneficiadas con la economía de escala, les permiten actuar en los mercados internacionales dando lugar a la fijación de unos precios con los que los pequeños agricultores no podrían competir.

Es cierto que la globalización va haciendo que la tierra se perciba cada vez más plana, y que ello ofrece evidentes ventajas, pero no es menos cierto que también se está globalizando la pobreza, que siempre existirá en donde exista la libertad, por lo que sería más realista y justo proponer terminar con la miseria, en lugar de con la pobreza, tal y como voces más autorizadas que la mía lo han expuesto públicamente.