¿Se acuerdan ustedes de Artur Mas? Sí, el tipo que en 2012 inició el proceso separatista en Cataluña. El sueño de este hombre, considerado durante años, como un hijo más de Jordi Pujol, fue llegar a la presidencia de la Generalidad de Cataluña, después de que ERC le pusiera los cuernos y le diera la presidencia de la Generalidad catalana a los socialistas, primero a Pasqual Maragall, en 2003, y luego a José Montilla, en 2006.

Finalmente, en 2010, Arturo, perdón, Artur, logró su sueño y llegó a "president", pero su alegría, pronto se ahogó al comprobar que los socialistas, como siempre que gobiernan en alguna institución, la arruinan y este caso, la Generalitat estaba en la completa ruina.

Así fue como Artur Mas, se vio en la gran humillación para un nacionalista, de tener que pedir el rescate económico permanente del Estado a través del llamado FLA. En plena crisis durante el gobierno de Zapatero, otra humillación histórica fue la entrada de Mas y los diputados catalanes en el Parlamento regional, en helicóptero, acosados por miles de "indignados".

En esa tesitura, Mas y su padrino Jordi Pujol decidieron lanzar un gran desafío para ocultar los enormes recortes, sobretodo en Sanidad, que había hecho Mas y la corrupción infinita de Pujol y de Convergencia, incluyendo al propio Mas, que no pudo ocultar que su padre tenía millones en el paraíso fiscal de Liechtenstein: Había nacido, en 2012, el "procés" independentista, contra el gobierno español de Mariano Rajoy.

Mas durante unos años, vivió días de vino y rosas, considerado por los separatistas catalanes, como un ídolo mesiánico, mientras hacía recortes a placer en la Sanidad o en las infraestructuras.

Pero finalmente le pasaron factura sus fracasos electorales ya que Convergencia (después de que Mas forzara la ruptura con Unió, de Durán Lleida, por considerar a este "españolista"), elección tras elección perdía 20 diputados y ni siquiera con la alianza con ERC, en la candidatura independentista única " Junts pel Sí" pudo conseguir la mayoría absoluta en diciembre de 2015.

Entonces le llegó su San Martín a Mas. La CUP le pasó factura entonces por toda su corrupción y sus recortes y después de dos rocambolescas asambleas de la CUP, la primera de las cuales término en empate, en la segunda la opción de apoyar a Mas, fue derrotada. La CUP, compuesta básicamente por hijos de pujolistas, le arrojó, según dijo, al "basurero de la historia". Eso sí, luego la misma CUP se encargó de elegir su sucesor: El más chalado de los alcaldes de Convergencia, Puigdemont.

El nacionalismo catalán devora pronto a sus ídolos. Hoy reniega (mayoritariamente) de Jordi Pujol, quien durante muchos años pareció el Caudillo de Cataluña, al revelarse su inmensa corrupción y lo mismo le ocurrió a Artur Mas, de quien hoy pocos se acuerdan, pese a parecer durante unos años, el Moisés de Cataluña, ante quien (literalmente) se arrodillaban las mujeres independentistas en los pueblos.

Como alguien ha escrito, Mas es el almirante degradado a grumete, por unos independentistas, cuyo dios y caudillo mítico de Cataluña es ahora Carles Puigdemont. Un Puigdemont que en otras épocas era un simple subordinado de Mas y no de los más importantes. Tiene que ser muy duro para Artur Mas.

Después de fracasar en su propósito de llevar a Cataluña a la independencia, de ser expulsado con deshonor del poder por la CUP y de ser condenado por prevaricación por la Justicia, ante la indiferencia de los independentistas, un Mas, cada vez más olvidado, ha anunciado que se retira de la política mientras quiere ahora distanciarse de Puigdemont.

Pero a nadie le importa ya, lo que este hombre, antiguo Tom Cruise catalán como algunos le apodaron y hoy con aire de jubilado descuidado, en el "basurero de la historia" pueda hacer o decir.