Hace ya unos cuantos años una parte de una juventud sin ilusiones y sin salidas creyó ver en estas siglas la vía por la cual sus atascadas vidas encontrarían un horizonte. Se llamaron a sí mismos los indignados, no sin razón, y confiaron el invento a unos cuantos aspirantes a burgueses caviar vestidos de pobres y de una fácil cháchara con la cual nos trataban de convencer de que si poníamos nuestras vidas en sus manos todos nuestros problemas se solucionarían.
 
Armados solamente con las ensoñaciones de un vividor alemán, sin ninguna clase de bagaje profesional ni intelectual a sus espaldas, estos líderes verborreicos convencieron a una gran cantidad de jóvenes de que iban a cambiar el mundo, y estos les otorgaron sus votos en cantidades considerables.
 
Como era de esperar, hoy en día el desánimo y la desesperanza vuelven a apoderarse de estos jóvenes que asisten atónitos a como sus solidarios líderes se dan a la gran vidorra con las prebendas obtenidas mientras la situación del país se encamina hacia la catástrofe.
 
Asisten a como estos preclaros próceres se dedican a hacer leyes ideológicas, pues no saben de otra cosa,  de una importancia tal, y de una urgencia tan apremiante, como las memorias históricas, las educaciones pervertidas, los cambios de calles o los cambios en el color de la ropa de los niños.
 
Pronto llegará su ocaso en las urnas pero no por ello hemos de dejar de preocuparnos. Fruto de su demagogia inclemente dejan una herencia en nuestra sociedad que conviene analizar detenidamente.  El problema más grave que nos legan es una sociedad nuevamente dividida por el odio más atroz. Han inoculado su veneno en nuestras gentes hasta el punto de que una complaciente convivencia entre españoles ha sido sustituida por una brutal persecución hacia los que discrepan de estos mesías venidos a menos.
 
En mi libro, Tres relatos antipodemitas, narro en el primer relato como era esa convivencia, alegre y desenfadada en los tiempos de la Exposición Universal de Sevilla. Luego paso en los dos relatos siguientes a ver como todo eso se resquebrajó para dar paso a los enfrentamientos civiles. En tono de humor, pero no por ello es menos trágica la situación. 
 
Este grosero veneno, nada sutil, será difícil de erradicar. Vemos como el resentimiento se apoderó de las almas de los desfavorecidos y están dispuestos a que la momia de Lenin se levante de su tumba. Lo hemos visto en esta gran Nevada, gentes que se disponían a colaborar desinteresadamente en aplacar la tragedia eran apedreadas por bestias sin alma. Desfiles en Madrid con banderas rojas e imágenes de los líderes soviéticos, cometedores de los más numerosos e inicuos crímenes desde que el hombre es hombre y dejó de ser un plantígrado. Derribo de cruces como preparación al gran objetivo, la demolición de la cruz del Valle de los Caídos. 
 
Después está el legado material que nos dejarán estos malditos cuatro años. La economía por los suelos, la hambruna acechando y una deuda estatal para las generaciones venideras, fruto de la puesta en práctica de sus caprichos ideológicos, de billones y billones de euros. Y la definitiva ruptura de Europa en un Norte rico que desea huir del invento y un Sur pobre que desea seguir viviendo de las limosnas que nos ofrecen los sufridos contribuyentes nórdicos.
 
No, no será nada fácil superar esta ola de revanchismo desaforado. Por ello los camaradas debemos redoblar esfuerzos en atraer a esta juventud desnortada. Por ello, unos cuantos locos, como Pepe de las Heras, Luz María, Freddy y un servidor entre otros muchos queremos plantear la batalla cultural contra las izquierdas mediante nuestros discos, canciones, libros y películas. Por ello hay que salir a las calles a difundir nuestro mensaje y atraer a la juventud en paro a nuestras filas. Somos pocos aún pero sin lugar a dudas es el momento de actuar.
 
Hoy ha salido por fin el sol tras largos días de mal tiempo. Dejo que sus rayos me bañen y presiento la Primavera. La meteorológica y la de España. Llega nuestra gran oportunidad y no la debemos desaprovechar.  Nuestros descendientes así nos lo piden. Redoblemos nuestros esfuerzos y que esta España de odio y división sea sustituida por una España moderna a la altura de las grandes potencias Europeas. Que el legado que nos deja Podemos sea solo un Invierno dispuesto por Dios para que por fin el pueblo español despierte y que un nuevo amanecer nos anuncie la llegada de cigüeñas ( con sus nacimientos congénitos) y de vientos cálidos y benignos que nos hagan olvidar esta pesadilla. El mal está ahí, demosle la batalla cual caballeros cruzados y convirtamos este erial azotado por la escarcha y gélidos vientos en un hermoso huerto lleno de delicias. Por Dios y por España.