El nacionalismo es el individualismo de los pueblos, que aboga por sustituir la unidad de los trabajadores y la solidaridad entre hombres y tierras, por el egoísmo oligarca y burgués de arramplar con los bienes comunales, DE TODOS, para exclusivo beneficio propio.

Y para conseguir esto, enarbolan sin ningún rubor argumentos identitarios, determinismos genéticos y características raciales y xenófobas que, en cualquier otra parte del mundo, serían abominadas y rechazadas de plano por todos los partidos de izquierda, así como manipulan vergonzosamente el llamado derecho de autodeterminación de los pueblos.

Pero es evidente que la regulación internacional del derecho de libre determinación de los pueblos encuentra su razón de ser en el proceso de descolonización. Fuera de estos supuestos, sólo parece razonable aceptar la libre determinación en aquellos casos de pueblos anexionados por conquista, dominación extranjera, ocupación o pueblos oprimidos por violación masiva y flagrante de sus derechos. Nada de lo cual puede ser, afortunadamente, predicable de Cataluña.

Ignoro la razón de que España sea el único país del mundo donde la supuesta autodenominada izquierda (y es peor cuanto más radical se defina ésta) simpatiza con la ultraderecha capitalista, más ultramontana, reaccionaria y fascista que existe y que constituye el independentismo nacionalista, ya sea en Cataluña o en el País vasco y que reúne, con una exactitud milimétrica de libro, todas las características del romanticismo alemán que dio origen al nacional socialismo de Hitler, a saber:

Esta convocatoria reúne los perfiles perfectos de un golpe de Estado: imponer, por la voluntad de unos pocos un procedimiento grotesco y amañado que implica saltarse la Constitución y las leyes españolas, desde luego, pero también el Estatuto de Cataluña y todos los procedimientos y formalismos de las Cámaras, nacionales y autonómicas, para imponer sus deseos conculcando toda la legislación, nacional e internacional, apelando a la salvación de la Patria, en este caso Cataluña.

Y justifican estos desmanes por la sacrosanta santificación del voto per sé, es decir, desligado de los procedimientos y contenidos

Esta es también otra característica de las dictaduras totalitarias, la de los referéndums amañados para RATIFICAR, siempre ratificar, nunca decidir nada, lo que la oligarquía la propone en cada momento, de manera que, de este modo, creen que eluden sus responsabilidades y que están más que justificados. No hace falta ser un lince para advertir que sobre todo los tiranos y los dictadores tiran del referéndum para perpetuar su despotismo, desde Franco hasta Mobutu, pasando por Mussolini, Pinochet y Hitler. Todos ellos fueron triunfos cómodos para los déspotas. Todas fueron verdaderas tragedias para la democracia

Pero es que, además, hay otra cosa que erige determinados conceptos en indisponibles. A saber, lo que define la existencia de una nación no es nunca un territorio, unas costumbres o una lengua, sino que ha venido determinado por la Historia, con mayúsculas, que ha otorgado la categoría de nación a aquéllas que han sabido conjugar y armonizar los intereses y derechos de todos los pueblos que las forman para proyectar, HACIA FUERA, HACIA EL EXTERIOR DE SÍ MISMAS, tareas de alcance universal. Esas acciones, en el caso de España, están perfectamente delimitadas con la desislamización, el descubrimiento del Nuevo Mundo, la evangelización de los hombres y la difusión del derecho y de una lengua, como el español, que se habla en media humanidad. Y todo ello se hizo con la concurrencia de vascos, castellanos, gallegos, asturianos, andaluces, extremeños, catalanes y de todos los demás pueblos españoles.

Todos los nacionalistas (los españoles, los catalanes, los vascos) deben tener claro que el suelo que pisan, circunstancialmente, efímera o prolongadamente, NO LES PERTENECE como objeto patrimonial. El suelo que pisamos lo recibe nuestra generación en usufructo, para su uso y disfrute de manera que podamos entregarlo a las generaciones que nos precedan más grande, más fértil, mejor organizado, más justo, más rico y con mayores niveles de bienestar.

EL PROBLEMA DE ESPAÑA ES QUE NO EXISTE como proyecto común. Para mí, invocar la UNIDAD POR LA UNIDAD NO ME SIRVE A SECAS. La unidad para la perpetuación de una vergonzosa monarquía parasitaria y hereditaria por una gracia de Franco, no me sirve. Para el sostenimiento de un capitalismo explotador y caciquil (como el español y el catalán) no me sirve. Unidad para continuismo de un liberalismo económico que roba la plusvalía de la producción a los trabajadores para el enriquecimiento ilegítimo de las oligarquías, no me sirve.

Hay que recrear la nación española, desmontando el capitalismo explotador y alentando un humanismo personalista mediante la autogestión, política y económica, insisto, en el seno de un REPÚBLICA FEDERAL y SINDICAL de los trabajadores españoles, partiendo del municipio y la comarca y haciendo desaparecer intermediarios fenicios que sólo buscan su propio provecho y que usan la delegación del estado para traicionarlo en beneficio propio: una nación de ciudadanos libres e iguales, basada en la solidaridad y en la Justicia Social.