Un golpe de efecto para unas fechas especialmente señaladas que multiplicará la eficacia huelguista. Huelga en ciernes con el Gobierno abocado a una negociación in extremis. Quizá se saque ahora un conejo de la chistera para evitar la protesta este falsario prestidigitador al que se le conocen todos los trucos, pero ni con el acostumbrado encaje de bolillos de este desgobierno de la mentira, va a poder parar Pedro Sánchez el aluvión de huelgas por sectores que no desembocará todavía en una general-cebados los principales sindicatos para llevar al huerto, o a la picota, a los trabajadores estafados por los secretos acuerdos de los apandadores en sectarismo-, pero sí será estentórea evidencia del descontento que arrecia cuanto más se disimula y falsea el estado calamitoso de la economía española. A la cola de la recuperación, el farolillo rojo del conjunto europeo, más se desconfía de este desgobierno socialcomunista cuanto más se acentúa el mantra de una espectacular recuperación del todo inexistente y que desmiente categóricamente la Unión Europea. 

Los precios desbocados de los carburantes, el inconstitucional atrevimiento de cobrar peaje por las autovías pagando doblemente por su uso; el mayúsculo desorden de la ignorancia y el abuso impositivo sin límites, junto a la imposibilidad de la conciliacion laboral, ha elevado hasta el hartazgo la indignación del sector del Transporte para iniciar un periodo de huelgas con una primera convocada del 19 al 22 de diciembre; los críticos prolegómenos de una Navidad que será desabastecida con miles de camiones parados durante tres días. La situación extrema requiere un sacrificio colectivo que repercuta en La Moncloa, con el objetivo de finiquitar el gobierno ilegítimo de la muerte, la ruina y la traición. 
 
El laberinto económico provocado en España ha quedado en evidencia con la grotesca ineptitud de todos los ministerios sufragados con el sufrimiento de seis millones de ciudadanos en riesgo de extrema pobreza, muchos de los cuales se aglutinan en segmentos de trabajo que estaban normalizados antes de la súbita aparición del fullero monclovita. 
 
Por su parte CCOO se desmarca de la jornada de protestas culpando a la patronal de la precariedad y las deficitarias condiciones del trabajador, también respecto a cuestiones de seguridad. Mínima credibilidad de quienes argumentan asomando resquicios de marisco entre los dientes, mientras son regados con millones de euros para cerrarles la boca. 
 
Calientan motores, pues, aquellos que en las reivindicaciones de justicia laboral pueden enardecer los ánimos de otros sectores hartos del tramposo monclovita y su troupe de inútiles y radicales parásitos.