Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar. Hoy, cuando el caudal de nuestra existencia deja atrás un nuevo año, es momento de hacer balance de nuestro navegar en las tenebrosas aguas de 2020. Un año para olvidar, que supone el advenimiento oficial del Nuevo Orden Mundial con el gran reseteo de la agenda 2030, una crisis sin precedentes en todos los ámbitos y un futuro incierto. Pero los católicos españoles nos hemos caracterizado por tener siempre templanza y entereza por adversas que sean las circunstancias y es hora de afrontar el futuro, por duro que sea, con esperanza.

Estoy muy orgulloso de la labor que ha realizado El Correo de España en su primer año de andadura, pues hemos estado ahí cumpliendo con nuestro deber de informar, pero más aún de analizar la actualidad y profundizar en sus causas. No nos ha temblado el pulso a la hora de denunciar todas las tropelías que se han producido en el solar patrio. Y sobre todo hemos dado la batalla cultural en asuntos claves e irrenunciables. Hoy en día hay que estar bien informado, para saber lo que está pasando, pero sobretodo bien formado, para poder analizar de una manera veraz y certera todo acontecimiento.

En ese aspecto ha sido impagable la labor de nuestros historiadores y expertos en diferentes temas de la cultura, de la política... Tanto los artículos breves e incisivos como los más densos han contribuido a enriquecer y a enardecer a nuestros lectores en defensa de nuestros más grandes ideales. Hemos incorporado a firmas de mucho prestigio y lo seguimos haciendo cada día con entusiasmo para ofrecerles el mejor contenido. Cada vez son más los autores dispuestos a colaborar en este medio con orgullo, viendo nuestra línea editorial y la calidad de las firmas que ya escriben.

Ha sido un año nefasto marcado por la plan demia, con las ciudades desoladas y la economía devastada y la incertidumbre y el miedo en la mayor parte de la población. Un año infame de gobierno del Frente Popular, como no podía ser de otra manera y desde El Correo de España hemos denunciado con contundencia todos sus atropellos, así como la tibieza de los partidos de la oposición que en muchas cosas han tragado con la dictadura social comunista. Una dictadura que, a través de sus lacayos, ha vetado nuestra difusión en las redes sociales, impidiendo un crecimiento meteórico.

Un año en el que han cambiado radicalmente las costumbres de muchos españoles, sin Semana Santa y sin fiestas tan emblemáticas como las Fallas Valencianas o San Fermín o la tradicional ofrenda de flores a la Virgen del Pilar y sin la cena de la Fundación Franco...que este año hubiese estado a reventar. Ciudades vacías, tristes, distópicas...En general ha todo el mundo ha dejado tocado la plan demia, incluso a los que creemos que es una farsa mundialista de control social con perversos fines.

Pero seguiremos en la batalla, sin dar tregua al desaliento firmes en la fe en Dios y el amor a nuestra patria para que España vuelva un día a ser el brazo de Dios en la historia. Que acaben bien el año y espero, Dios mediante, mañana darles la bienvenida al 2021. Paz y Bien. Arriba los corazones y arriba España.