El Sínodo de la Conferencia Episcopal Española que se inició el 17 de octubre de 2021, se clausuró el 11 de junio. La frase resumen…“Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión”. Las conclusiones: Celibato sacerdotal opcional. Promoción de la mujer dentro de la Iglesia con la posibilidad de poder recibir el sacramento del Orden tanto en su grado inferior (diácono) como superior (presbítero). Preferencia por los separados y las gentes LGTBI+. Complacencia con los religiosos díscolos. Y confusión doctrinal… El resultado no puede ser más desalentador.

    Ahora bien, lo que verdaderamente escandaliza por encima de la formación de los laicos es la conducta de los obispos por su falta de aclaración en estos asuntos, no habiendo expuesto a los participantes clara y verazmente lo que enseña la Iglesia. Siendo asunto muy grave la cuestión del celibato, sobre cuya cuestión la Iglesia siempre ha sostenido lo mismo… a) Cristo no lo hizo. B) El sacerdote es otro Cristo, y Cristo fue varón.

    Aquí de lo que se trata es de desacralizar la figura del sacerdote católico. En este sentido, si nos retrotraemos a la antigüedad, tanto aprecio y estima hacían del sacerdote los pueblos antiguos, que a veces solo podían ejercer el oficio de sacerdote los patriarcas o jefes de las familias más venerables, como Noé, Abraham, Isaac, Jacob o Job; otras veces no permitían ceñir la corona al rey, no fuese al mismo tiempo sacerdote, como lo atestigua Platón de los egipcios (Ambr. Serm. 18 in ps. CVIII), Jenofonte de los lacedemonios y san Isidoro de los romanos (Lib. 7 etym. c. 12). Hasta hubo reinos donde el sacerdote estuvo investido de tanta autoridad, que podía destronar al mismo rey, y poner otro en su lugar, así lo afirman los historiadores Estrabon, Eliano y Eusebio del reino de Etiopía, de los egipcios y de los persas. Y si esto ocurría en la antigüedad, qué mayor dignidad y poder tiene el sacerdote en la Iglesia que instituyó Nuestro Señor Jesucristo, a la que hizo su Esposa. Así pues… ¿Dónde hay una autoridad semejante a la suya?

    El sacerdote católico es mayor que los Profetas. Mayor que San Juan Bautista, el precursor del Señor, porque, aunque tuvo la dicha de poner su mano sobre la cabeza de Jesucristo, sólo le señale… He AHÍ el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Mientras que el sacerdote tiene al Señor todos los días en las manos al consagrar el pan y el vino… He AQUÍ el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.  

    Tanto es el poder y la dignidad del sacerdote católico, que como dice San Bernardino de Sena, aventaja en potestad a la Santísima Virgen María, porque encarna no una vez, sino todos los días con sus manos y sus palabras al mismo Jesucristo ya inmortal y glorioso. Pero además, por la autoridad que le ha conferido el mismo Dios en la Persona de Jesucristo, absuelve al pecador de sus pecados y le lleva a la vida eterna… ¿Dónde, pues, hallaremos un poder y una dignidad igual a la del sacerdote católico?