El pacto secreto de Sánchez con los apoderados de ETA para derogar la ley laboral, dejando fuera a los sindicatos, empresarios, ministra de economía y Congreso de los diputados, evidencia que la legislatura tiene para él solo el objetivo de aguantar, aunque el precio sean miles de fallecidos o el ridículo que hacen los ministros con sus declaraciones de apoyo.

No creo que tanta estulticia pueda darse durante tanto tiempo y en tantas ocasiones como el presidente nos ofrece. Pienso que existe una razón de desequilibrio cerebral que le propicia esas decisiones fuera de lugar, porque en realidad no acierta ni una. Falla en la previsión de la pandemia, se equivoca en la gestión de la crisis, los ancianos se mueren en masa abandonados, le toman el pelo en los suministros del material sanitario mientras que algunos próximos se forran. Ahora, pone la guinda del pastel, pues se apoya en los terroristas de ETA para poner el futuro laboral de los españoles en manos de una organización que ambiciona el fin de España.

Desde la barrera mira complacido el vicepresidente y asevera “pacta sum servanda” para apoyar a Otegui. Como si no fuera de dominio público que comunistas y terroristas solo respetan los pactos cuando les interesa, cuando no es así utilizan la ley del embudo y todo sea por el objetivo estratégico.

El esperpento supera con mucho cualquier sueño que pudiera tener Valle Inclán en sus mejores noches de inspiración literaria. Sánchez de la mano de ETA e Iglesias además con la de Maduro, es lo que nos trae la pandemia. No era solo el virus y las dificultades económicas, era una ingeniería social de la peor especie.

Si el gobierno fuera solo incompetente, no tendría abiertos tantos frentes sociales y políticos. Cobra fuerza la hipótesis de ser una senda preconcebida desde el momento que se formó el gobierno de coalición, que vio en la pandemia la ocasión de acelerar el proyecto sin control parlamentario y con una ciudadanía confinada en sus casas.

Los españoles tenemos el deber de movilizarnos y evitar que unos arribistas, que han alcanzado el Poder con argucias y engaños, traten de vaciar nuestro régimen político y cambiar nuestro modo de vida. Sería deseable aprovechar el dolor de nuestros muertos para enderezar todo aquello que con el paso de los años generó la corrupción sistémica y este panorama político irrespirable. Sánchez y su gobierno no son la solución, agravan el problema.

La oposición debe comenzar a serlo de verdad y utilizar los mecanismos constitucionales, que los hay, para desalojar de la presidencia a una persona que desde hace tiempo ha perdido la legitimidad en el ejercicio de su cargo, ha socavado la imagen de la nación y ha puesto en riesgo la seguridad nacional.

Las Fuerzas Armadas, deben tener presente a lo que les obliga el artículo 8º de la Constitución. El mandato que han recibido de la nación. Actuar para evitar el golpe de Estado que se está fraguando desde el gobierno, día a día, no es dar un golpe de Estado es defender la soberanía nacional, así como la libertad de los españoles.