Desde hace ya tiempo vengo dedicando mis posts semanales a pasar revista a la situación política y jurídica de España desde la perspectiva del Estado de Derecho. Esta perspectiva toma como referencia dos principios esenciales como son la trasparencia en la gestión de lo público y la auténtica separación de poderes. No desdeño, tampoco, el cumplimiento de nuestra Constitución por los poderes públicos, en el bien entendido de que se trata de la norma suprema que todos debemos respetar (incluido el poder legislativo). Recojo los sucesos más significativos que se han producido, los conecto con el pasado reciente (para tener perspectiva) y contrasto todo ese conjunto de acontecimientos con el conjunto de las reglas del Estado de Derecho. Así mido la temperatura de nuestro país bajo este foco y de ello extraigo las consecuencias y juicios que me parecen más relevantes.

Pues bien, estos últimos siete días han venido marcados por dos acontecimientos, que nada tienen que ver entre sí, pero que son un claro exponente (ambos) de cómo entiende el ejercicio del poder el actual Gobierno presidido por Sánchez. Me refiero a la fugaz reunión con Biden y al indulto a los golpistas catalanes, sobre lo cual se ha escrito ya mucho en la prensa, y en los medios jurídicos y que nos trae de cabeza a todos los españoles (incluidos los propios separatistas). Enseguida entro en materia, no sin antes dar unas breves pinceladas del comienzo de esta triste y penosa andadura del Gobierno presidido por Sanchez, para contextualizar estos dos nuevos acontecimientos.

Todo comenzó (ya lo he contado muchas veces) por una oscura maniobra, orquestada en la oscuridad, bajo la forma de moción de censura y con Sanchez quebrando la promesa de no pactar con los separatistas ni con Podemos. Como es sabido, pactó con ellos y metió a Podemos en el propio Gobierno, dando, con ello una muestra clara del nulo valor de su palabra. Eso sí, cambió el colchón de la Moncloa e inició todo un peregrinaje de decisiones absurdas que se vio notablemente agravado con la pandemia y los estados de alarma acordados (cuya constitucionalidad está siendo ahora analizada por el Tribunal Constitucional). Muchas actuaciones de legalidad dudosa y nula eficacia, tanto para combatir la pandemia como para hacer frente a la crisis económica, y horrible escenario jurídico, presidido por una inmensa sopa de normas (de todos los rangos y colores), en donde nadie se aclara. Misterio absoluto, por cierto, acerca de la distribución de los Fondos europeos procedentes de la UE ya que el RDL 36/2020 no ha sido objeto de desarrollo reglamentario  y existen serias dudas de que sea aceptado por Bruselas.

Pero bueno, a lo que vamos, comenzando por el increíble montaje de un esperpento de encuentro entre Sanchez y Biden en una andadura de 29 segundos que, según explicó públicamente nuestro Presidente en unas declaraciones que duraron unos cinco minutos, se trataron temas muy candentes, como puedan ser el refuerzo de los lazos militares, la situación en Iberoamérica, la situación migratoria, la crisis económica y el cambio climático.  O sea, los 29 segundos más fecundos que han sido el hazmerreír de todo el mundo con algo de seso en la cabeza, porque lo peor es el ridículo espantoso y bochornoso en que ha hecho incurrir a la propia España de cara al mundo entero. Y es que, a un político se le puede acabar de perdonar cualquier cosa, menos hacer el ridículo (como lo ha hecho Sánchez).Pero no es solo eso, porque también es muestra clara y evidente de que lo único que persigue Sanchez es el protagonismo y mantenerse en el poder a costa de lo que sea, aunque para ello tenga que hundir a España.

Más calado y trascendencia tiene la próxima concesión de indultos a los condenados por sedición en Cataluña, porque ahí se pasa por el forro la vieja pero vigente Ley de 18 de junio de 1870 (que regula el ejercicio de la gracia de indulto). Y esta ley, en su art. 11 dice lo siguiente: “El indulto total se otorgará a los penados tan sólo en el caso de existir a su favor razones de justicia, equidad o utilidad pública, a juicio del Tribunal sentenciador y del Consejo de Estado”. Somos muchos quienes nos preguntamos dónde se encuentran los motivos de justicia, equidad o utilidad pública que tienen que concurrir para que el indulto sea válido. Razones que no corresponde apreciar al Gobierno sino al Tribunal sentenciador que, en este caso, ha sido el Tribunal Supremo, quien ya se ha manifestado claramente diciendo que no existen tales razones. Del Consejo de Estado aún no se sabe nada, pero a menos que exista una “mano negra” por medio, me temo que será de la misma opinión.

Además, el artículo 25 de la misma ley dice, también de forma muy clara que el Tribunal sentenciador debe hacer constar en su Informe si hay pruebas o indicios de arrepentimiento, lo que no concurre en el presente caso (y así lo ha expresado el Informe del Tribunal Supremo). ¿a qué está jugando, pues, el Gobierno, cuando es evidente que el único motivo para conceder semejante indulto se encuentra en mantener cautivo en el Congreso el voto de los grupos separatistas? ¿Es así como se interpreta la “magnanimidad” de la que habla Sanchez? ¿Es así como se respeta la Constitución y las leyes? Me temo que no, y muchas consecuencias negativas para el Estado de Derecho va a traernos este engendro de indulto … Es el juego del “truco o trato” al que se somete Sánchez con tal de mantenerse en el poder, asegurándose los votos de los grupos parlamentarios separatistas, que es ahí en donde reside la auténtica “utilidad pública” que invoca el Gobierno de forma completamente torticera.

Truco o trato, Sanchez, aunque en tu caso, me temo que todo es truco porque es muy posible (dadas las últimas manifestaciones del inquilino de Waterloo) que el separatismo siga pidiendo más y mucho más, como te sientes a negociar con ellos. Quieren romper España, aunque ya sabemos que a ti eso te importa poco y que tras tus palabras grandilocuentes se esconde una persona muy “chiquita” si a las personas se les mide por su talla moral. Serás grande de estatura y de ambición, pero eres tremendamente minúsculo como ser humano porque eres incapaz de mirar, en todo cuanto haces, más allá de tu propio bienestar.

Dicho todo lo anterior, parece claro que el termómetro que marca la temperatura de España como Estado de Derecho va subiendo de forma alarmante, motivo por el cual resulta claro que no podremos seguir con el rumbo que, poco a poco, pero de forma crecientemente alarmante, nos va marcando este Gobierno. Y es que romper con las reglas más elementales del Estado de Derecho mediante actuaciones claramente ilegales nos coloca en una senda muy peligrosa que no debemos seguir recorriendo. Cómo se pone fin a semejante senda, es algo que no me corresponde decir a mí ya que me limito a denunciar lo que observo y a enjuiciarlo desde una perspectiva jurídica. Aunque intuyo que la solución puede venir de la mano de los “jueces de Berlín” en su labor de fiscalización de los poderes públicos, de modo, que en ellos confío ahora.

Con este triste panorama por delante, me despido con mi eterna sonrisa etrusca recordando a todos que no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista)