José Antonio Pallero es un maestro de primaria madrileño, de raíces extremeñas y con morriña por no poder ver a sus hijos gallegos. Pallero creyó siempre en la Igualdad y llegado el divorcio creía en la Custodia Compartida. Pero su exmujer no, y tras la demanda de divorció de él fue ella la que utilizó la denuncia por maltrato psicólogico.

A pesar de no haber ni una sola prueba, nada más que la palabra de una mujer que se contradecía con los informes del juzgado, Pallero fue condenado. Desde entonces lucha por su libertad y por poder volver a abrazar a sus hijos. En su exilio forzado en Bruselas, consiguió hablar en el hemiciclo del Parlamento por los Derechos de los Niños. Utiliza el sobrenombre de Papá Maravilla para darse a conocer, que es el título de un libro hecho a mano por su exmujer que le regaló por el día del padre hace 5 años.

Su historia comienza por un tema de Custodia Compartida, ¿verdad?

Así es. Yo no pude aguantar más los desequilibrios psicológicos de mi exmujer, que ella ya padecía desde antes de conocerme. Entonces interpuse una demanda de divorcio solicitando la Custodia Compartida. Soy maestro de primaria y creo que tanto hombre como mujer estamos capacitados en igualdad para criar y educar a unos niños que entonces contaban con 6 y 4 años.

Y ella, como mujer del siglo XXI, estaría de acuerdo en que compartieran la educación de los niños.

Ni por asomo. Se cerró en banda. Ella decía que los hijos por naturaleza le pertenecían a ella. Me ofreció tenerlos cada dos fines de semana y poder llevarlos al colegio todos los días. Pero no accedí, creía y creo que estaba en mi derecho de tener la Custodia Compartida. Ahí fue cuando me denunció por maltrato psicológico y automáticamente sin haber sido juzgado y robándoseme la presunción de inocencia, los niños quedaron bajo su custodia.

Y ella, ¿cómo probó el maltrato psicológico?

No tuvo que probar nada. Su palabra y su versión en el juzgado de violencia de género fue ley, como en todos estos casos. Los informes de los psicólogos del juzgado me eran favorables, pero el juez Ruano del Penal 6 de La Coruña no dejó que los cinco psicólogos que emitieron informes periciales pudieran testificar en el juicio.

Y a partir de ahí comenzó su calvario.

Así es. Una sentencia cargada de adjetivos y que parece un relato literario, pero que pruebas muestra cero. Todos los testimonios a mi favor de más de una decena de amigos, familia y compañeros de trabajo los hizo desaparecer la juez en dicho escrito. Y los informes psicológicos que me hubieran dado la absolución también brillaban por su ausencia en aquella sentencia.

¿Por qué decidió fugarse a Bélgica?

No lo considero una fuga. Lo primero que hice cuando llegué fue escribir al juez y comunicarle dónde me encontraba y cuál era mi propósito allí: no era otro que solicitar Protección Internacional al Estado de Bélgica por vulneración de mis Derechos Humanos más básicos en un asunto judicial lleno de irregularidades procesales por parte de ese mismo juez e incluso con falsedades en el juicio oral por una miembro del Cuerpo Nacional de Policía (agente 88733).

Su caso tuvo mucho eco y llegó al Parlamento Europeo.

Bueno, lo hice llegar. Una vez tuve el documento que me protegía legalmente como refugiado solicitante de asilo político, me aposté días y días en la puerta del Parlamento Europeo. Pude más tarde, con algo de suerte, intervenir brevemente en el hemiciclo para denunciar que en España se está incumpliendo muy a menudo en los procesos de divorcio el artículo 9 de la Convención de los Derechos de los Niños, ese que dice que los niños no deben ser separados nunca de sus padres. En España los Derechos de los Niños son violados al quitársele al padre la presunción de inocencia en los juzgados de violencia de género.

¿Cuál es su situación actual?

Me encuentro en un laberinto, en un limbo judicial. Si bien el juez de La Coruña decretó mi orden de busca y captura el verano pasado, en noviembre reculó "dadas las circunstancias" y archivó provisionalmente esa búsqueda. Aun así la famosa agente 88733 continuó buscándome y hostigando a algún médico que me atendió, saltándose de nuevo los autos del juzgado.

Parece que le tiene usted manía a dicha agente.

Es que no hay derecho a que esta agente, auténtica vergüenza del Cuerpo Nacional de Policía, haya mentido en informes, los haya pasado incompletos al juzgado, haya declarado mentiras en la vista oral y se salte ahora el archivo de Su Señoría. No hay derecho que una funcionaria pública haga lo que le dé la gana en su trabajo, saltándose la ley. Su sitio, por todo lo que ha hecho, no es otro que la cárcel. Y no volver a vestir jamás ese uniforme.

Usted ha publicado recientemente un nuevo libro, tras su primera experiencia con "Yo Maltratado(r)". Cuéntenos, ¿por qué merece la pena leerlo?

Todo hombre debe saber que por muy bien que piense que tiene amarrada su vida, en cinco minutos de enajenación mental de su pareja puede empezar un auténtico viacrucis. La ley está diseñada para eso. Es cierto que mi caso es extremo, también porque nunca agaché la cabeza y siempre negué los cargos de los que se me acusaba. Y en esa excepcionalidad se cruzaron en mi vida la prisión y el destierro. Si quieres conocer cómo funciona ese sistema penitenciario desde el punto de vista de un inocente y cómo son la vida y las emociones de un hombre lejos de su patria y de sus hijos, es una gran inversión dedicarle un tiempo a leer "Cárcel y exilio". Además lleva un brillante prólogo de una periodista valiente como Cristina Seguí.

Por último, agradeciéndole su franqueza, quisiera preguntarle ¿qué supone para usted colaborar con un periódico digital como El Correo de España?

Para mí supone mucho. En una España donde los medios de comunicación son casi plenamente controlados por la dictadura de lo políticamente correcto, se agradece estar en un diario donde existe la libertad a la hora de exponer cualquier idea o contar un relato que, como el mío, difiere de la ideología que nos quieren imponer. Por ello, agradezco enormemente esta oportunidad que me dais.