Quienes imputamos al Partido Popular buena parte de responsabilidad en la quiebra de España, estamos encantados con Pablo Casado, absolutamente amortizado por incapaz para gestionar el estar del PP en las actuales circunstancias de España. Los fallos de este chico que lleva desde la temprana edad de los 16 años en el partido, son de escándalo. Claro que siempre ha sido el mejor y más guapo de los acólitos de los jefes. Por eso intuyo que al señor Casado le reserva la historia algo más que traslucir sus incompetencias.

    Así, si a Fraga le correspondió articular a la extinta UCD sobre su liderazgo y la hartura que la sociedad española llegó a tener de Felipe González. A José Mª Azar conducir el partido hacia la inanidad ideológica en una apuesta política que se ha demostrado absolutamente equivocada, que es el camino a la inversa que ha hecho el PSOE. A Pablo Casado se le reserva liquidar la formación. Flaco favor a un partido que se lo ha dado todo: la carrera, la fama, la casa y el pan.

   Casado, criado a los pechos del PP, ha tenido unos fallos imperdonables. El primero no haber presentado la moción de censura contra el Gobierno de Sánchez, y en su caso no apoyar la presentada por VOX o, al menos, haber dejado traslucir tantas diferencias, más que nada porque esas diferencias no eran compartidas por buena parte de su electorado. El segundo haber marcado una distancia casi insalvable con las propuestas de VOX, todas muy razonables y constitucionales, que, aun matizándolas para así marcar su propio espacio, tendría que haber apoyado. Y el tercero, y definitivo, no haber presentado candidatura con VOX en las reciente elecciones de Cataluña.

    Con todo, ahora da un paso más en su alucinamiento. Ahora la culpable de todo es la sede, un simple edificio, bastante feo por cierto, y sin estilo, de los descalabros del partido. Mañana seguro que será otra cosa. Pongamos que el fantasma de Fraga que le persigue. Siendo así que hasta puede que crea que la clave de su éxito esté en dar el paso que no se atrevió a dar el de las Azores, entronizar como mentor del PP al otro Manuel, Manuel Azaña, que fue el político que reivindicó José Mª Aznar después de pasar, eso sí, por un amplio abanico de lugares ideológicos sin descartar la Falange.  

    Más preparado que Pedro Sánchez y con posibilidades reales de saldar cuentas con el PSOE desde la implementación del crimen de Estado por Felipe González, el asunto Filesa a la corrupción generalizada de Andalucía en la etapa de esos dos delincuentes que son Chaves y Griñán, todo lo ha tirado por la borda, y ahora ya se le ha pasado el tiempo. Van a por él, y lo sabe.

    Casado debería ver menos el programa de esos dos fantasmas de Cuarto Milenio, porque eso de las sedes malditas es pura ficción. Pura ficción para entretener a cuatro cantamañanas.

    Por cierto, señor Casado, ¿qué responsabilidad tiene en la corrupción del PP la gaviota?