Tomando unos cafés, mi amigo Inocencio Alma de Cántaro (nombre ficticio), me dice que dadas las circunstancias las administraciones públicas tienen que endeudarse para afrontar la actual crisis. Yo le respondo que si eso es moral, puesto que vamos a dejarles a las futuras generaciones una pobreza endémica que hipotecará su futuro. El me comenta que tiene ochenta años y quien venga detrás que arree, que para el tiempo que tiene previsto vivir lo que a él le interesa es no sufrir las contingencias económicas derivadas de la pandemia.

El dilema al que nos afrontan las administraciones públicas de general orientación socialdemócrata es elegir entre ahorro o gasto, entre ahorro o déficit. Si elegimos como paradigma el déficit y la deuda como instrumento para afrontar las necesidades ellos e trasladará a las economías familiares y quien haya ahorrado como herramienta de previsión para afrontar crisis futuras se verá ante la situación injusta que le van a achicar los ahorros por vía de impuestos y de acciones expropiatorias directas o indirectas, y que las cigarras van a imponerse a las hormigas que han estado trabajando con una vida austera.

Lo vemos claramente en la decisión del voto particular de Abel Caballero como presidente de la Asociación de Municipios y Provincias, imponiendo el criterio de que los ayuntamientos que han tenido superávit haciendo una buena gestión van a ver incautados sus superávits para abordar las necesidades del agujero en las cuentas públicas de un Gobierno que ahonda hasta límites de insolvencia del Estado por incrementar peligrosamente el déficit cuando han disminuido sustancialmente los ingresos por menos recaudación fiscal. Evidentemente, la Unión Europea cuando se le pide ayuda para solventar el problema pone condiciones. Es evidente que no hay otra forma de prestar dinero que poner condiciones, si se quiere recuperar al menos una parte de lo concedido.

Este criterio general de que los gobiernos pueden endeudarse sin límites, además de tener como punto de partida  el principio de que “vivamos bien  hoy que mañana no sabemos lo que pueda pasar”, con total irresponsabilidad, no puede traer  buenas consecuencias, sobre todo para nuestros hijos y nietos, que a estos políticos les importa casi nada, con su visión iluminista y, en el fondo, absolutamente egocéntrica.

Para entenderlo mejor voy a poner unos datos comparativos.

 

Fuente de la  información: Libre Mercado de 27.10.2018     (Artículo: El crecimiento económico en la España Franquista. Una verdad que incomoda a la Izquierda)

Esta gráfica nos indica la verdad de la evolución económica en España. Vemos que la época del desarrollismo que se abrió en los años 80 con Franco, pulveriza cualquier dato posterior.

Cuando Franco murió, la deuda pública no superaba el 10 %, hoy se prevé que finalizaremos el año en un 139% de deuda sobre el PIB.  Este dato, cruzado con el anterior de la gráfica nos debe hacer pensar.

Durante la etapa democrática (1976-2019) el PIB per cápita aumentó a una tasa anual del 1,83 %. Es decir, 2,3 veces menos que durante el franquismo.

Creo que no hay mucho más que decir.  La deuda no crea riqueza, la inhibe, y arruina el futuro de nuestras sucesivas generaciones.