El Palacio de Hielo de Madrid convertido en una gigantesca morgue de ataúdes. La realidad en su crudeza. En su realismo. Imagen de un poder explicativo abrumador que contrasta con el empalagoso poder ensordecedor de la mentira criminal del gobierno de España; ésa que nos relata un panorama cuasi bucólico de “luz al final del túnel”, de esperanza nivel “Barrio Sésamo” sólo apta para cerebros de chorlito, pero digerida por millones de españoles a través del batiburrillo plenipotenciario de la horda mediática y televisiva recientemente untada con 15 millones de euros –y los que vendrán-.

Somos el país con mayor mortandad por coronavirus por millón de habitantes del mundo. Con el 0,6 por cien de la población mundial arrastramos el 18 por cien de todos los muertos del planeta. Ostentamos el record en personal sanitario enfermado por coronavirus. 

Todos estos datos, sombríos, espeluznantes, son ocultados tras el velo magistralmente matón de un empalagoso almíbar propagandístico que parapeta al gobierno. Antonio García Ferreras, Jorge Javier Vázquez o Risto Mejide ya han desplegado la infamante prédica propia de botarates tabernarios para acusar a sus críticos de “ultraderecha” o “terroristas mediáticos”. 

El Vicepresidente “social” Pablo Iglesias ha quedado escaldado por las ironías ácidas lanzadas sobre sus escarceos de entrepierna y, pillado in fraganti en plena relación extraconyugal, ha ido a pedir auxilio a Dolores Delgado, la burdel vaginal del Estado - perdón, la Fiscal General-, para denunciar una supuesta “organización criminal” fascista que en redes sociales estaría impartiendo el aceite de ricino contra su buen nombre y fama, tan acrisolados como la hipoteca de Galapagar, donde yace entre cuatro paredes, confinada, su consorte cornuda y corneada, Irene Montero.

Los servicios del izquierdismo de la red social Twitter no se han hecho esperar y el fotomontaje de la Gran Vía madrileña presentando ataúdes cubiertos con banderas españolas que Vox posteó, ha sido atacado a placer. Las plañideras rugidoras del comunismo han viralizado durante horas como “trending topic” el hastagh “ilegalizacióndevox”. El fotomontaje, plasmado para transmitir el drama silenciado de las muertes ocultadas, ha sido una forma de despertar conciencias ante el mutismo oficial. La imagen ha sido censurada, y no admitida como libertad de expresión por quiénes hicieron de los falsos terroristas suicidas y las imágenes dantescas del 11M su forma propagandística de intoxicación masiva para llegar al poder un 14 de marzo de 2004. El inefable Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, trincón del régimen venezolano, asesor de narcodictadores asesinos, ha alentado la ilegalización de Vox azuzando el coro de cotorras carroñeras comunistas. La libertad de expresión ha sido vetada como coto exclusivo de la izquierda y patente de corso para sus peores escarnios y burlas a la verdad.

Ha tenido que ser la fuerza de la información objetiva, incuestionable, la que decline esa arrogancia progre con bula permanente para maquillar y mentir liquidando las libertades del oponente. Un Juez valiente y no apesebrado de Castilla la Mancha es el que dijo que hay en su región el triple de muertos por coronavirus de los que nos cuenta el gobierno. En Madrid, algún valiente anónimo o periodista, ha sido el que ha retratado la inmensa morgue de féretros en que se ha convertido el Palacio de Hielo. Ya se sabe que las cifras oficiales de muertos dadas por el gobierno están falseadas porque hay al menos el doble de finados. 

Hay un drama mortífero que aniquila a estratos sociales especialmente vulnerables que no se resuelve, ni regurgita en las conciencias, entonando “Resistiré” ni sacando del armario al sempiterno enfermero podemita para aleccionarnos sobre datos falsos y mentiras impostadas. 

La mentira gubernamental que presenta como arcadia feliz e inmaculada lo que es una gestión calamitosa, negligente, irresponsable y criminal, debe ser destruida por quienes se atrevan a deslizar la información libre contra los tiranos comunistas que pretenden cerrar la tragedia humana a los ojos de los ciudadanos. Los cerebros españoles no pueden ser pastados por el afrodisiaco hedor progre del buenismo entontecedor que eleva al gobierno a Leviatán arcoíris que nos redimirá de la pandemia a base de suprimir las libertades y los derechos de movilidad, trabajo, información y opinión. 

La información descarnada, libre y veraz hoy más que nunca es importante en nuestras vidas. Y como dijo una tal Calvo, “nos va la vida en ello”. Para esta noble empresa de la verdad informativa estaremos, contando con las opiniones más sinceras y punzantes, en el Correo de España.