En las recientes elecciones de Andalucía se ha producido un fracaso en las expectativas electorales de VOX. El principal defecto de la campaña no ha sido la evidente sobreactuación y algo de folclorismo de la candidata sino ese “tender la mano” a toda costa al PP olvidando aquella frase de Jose Antonio muy al caso: “Prefiero la bala marxista a la palmadita derechoide porque es mejor morir de bala que morir de asco”.

Se puede aducir que Falange nunca alcanzó la victoria en la política española pero lo que es un hecho es que su influencia fue el factor fundamental en las realizaciones sociales del régimen político  con más éxito de los últimos quinientos años en España.

Un partido político necesita programa, líderes y organización. Vox tiene un programa correcto y unos líderes nacionales capaces pero si no se articula ya una organización eficiente a nivel provincial y local y permite que se le llenen las cúpulas de arribistas y caciquillos/as su proyecto regenerador fracasará y se convertirá en una pieza más de la partidocracia que salió de la estafa política de la llamada Transición, esa que gente tan desubicada como Pio Moa defiende tan a capa y espada como al nuevo zar Putin I.