Nada como una maldición milenaria china para describir la situación actual del mundo: “Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”, o lo que es lo mismo, ojalá la época que te toque vivir sea peligrosa y no puedas disfrutar de los tiempos en que no sucede nada en el mundo, ojalá no goces de una época apacible y sin sobresalto, de esos tiempos donde el mundo vive preso de lo que Spengler, en la “Decadencia de Occidente”, llamó el mundo de las estructuras económicas, la era en que el intercambio comercial ensombrece el florecimiento de nuevas formas de cultura y civilización.

Tras décadas de tiempos insulsos, el 2020 trae consigo una revolución que hace temblar los cimientos de nuestra era. Haciendo honor a la maldición china, el 2020 ya guarda un puesto destacado en la historia como el año en que el mundo contempla una secuencia de acontecimientos inigualables, una era inédita de la humanidad que ha comenzado con la aparición de una pandemia nacida en China, que ha provocado la mayor crisis sanitaria, económica y política mundial desde hace décadas.

El inicio de los malos augurios tornó en realidad cuando el siempre misterioso y censor partido comunista chino anunciaba el cierre del país asiático, como si el cumplimiento de esa maldición se hiciese efectiva en forma de guerra mundial inédita, iniciada para mantener un status quo que China había conseguido gracias a una alianza que solo la RealPolitik puede explicar y que ha unido en matrimonio universal al capitalismo americano y al comunismo chino.

Todo iba sobre la marcha para ese matrimonio, para esa extraña y paradójica Alianza entre el capital financiero de los EEUU y la China comunista. El sistema de poder mundial estaba bien engranado, ambas partes seguían forrándose a base de producción masiva a bajo precio en China y del dominio financiero de las élites a través de la dolarización del mundo. Todo tenía sentido, hasta que el embate de los tiempos, capaz de derrotar a cualquier construcción humana, se tradujo en la llegada a la presidencia de EEUU a una persona ajena a esa Alianza.

A la Alianza le iba todo bien hasta que Trump se hizo con el poder en EEUU. El empresario neoyorquino no comprendía cómo se permitía empobrecer a los americanos mediante una balanza comercial negativa en favor de China. Trump se preguntaba quién y por qué se permitía desindustrializar EEUU si lo que se hacía es empobrecer a su gente y beneficiar a unos pocos. Por eso, el nuevo presidente centró el tiro y, sin complejos, señaló a los culpables, a la élite financiera global y un negocio mundial que alcanza desde las guerras en Oriente Medio al dominio del resto de América o de la propia Europa.

La Historia quiso que Trump saliese vencedor y comenzase a repartir a izquierda y derecha a la Alianza, a comunistas chinos y al establishment de la élite financiera americana en forma de banca, empresas multinacionales, medios de comunicación y actores de Hollywood. La Historia contempla que, después de décadas, un presidente de EEUU se ha atrevido a atacar de manera directa el status quo mantenido por una Alianza que ha probado todo para derrotar al presidente Trump sin éxito, desde un descrédito sin precedentes para que no saliese elegido en las elecciones de 2016 hasta una moción de censura (impeachment) de la que la Alianza acaba de salir derrotada.

La Alianza lo ha intentado todo, pero ve que Trump no ceja en su empeño de alterar el orden mundial. Nadie mejor que un empresario tradicional de los EEUU para hallar en el enemigo mortal de la humanidad un sistema financiero global muerto en vida, un sistema económico zombie que domina a los Estados por medio de una deuda creciente que terminan pagando sus poblaciones mediante una presión fiscal insoportable, que hace que el trabajo de las poblaciones sirva para sufragar a esa creciente deuda y a la corporación política y burocrática títere de la élite financiera global.

Así que, entérense bien quienes tragan con todo lo que le conviene a los medios de comunicación de masas. Entiendan que Trump no era el enemigo ni por ser supremacista blanco, ni por querer proteger sus fronteras, ni por haber sido un showman televisivo. Trump es el enemigo porque se enfrenta a esa Alianza. Trump es el que ha puesto en evidencia que el debate no es la izquierda y la derecha, ni ser comunista ni capitalista. Él ha sido el que ha obviado que el capitalismo y el comunismo son cómplices de un mismo sistema y que el paradigma político verdadero de nuestro tiempo ya no es la izquierda y la derecha; sino que el paradigma de nuestro tiempo divide al mundo entre quienes creen en la globalización y los que creen en el Estado-Nación, la internacionalización o la economía nacional, la cultura global o el mantenimiento de las culturas propias, la robotización del ser humano mediante geolocalización y el control de sus movimientos o la libertad y el humanismo cristiano.

Ése es el debate ideológico que vive el mundo desde hace décadas y que obvia que lo que vivimos es el estallido de la IIIGM, una guerra total que está librando su primera batalla, una batalla que no es sangrienta como las de Galípoli en la IGM ni las Ardenas en la IIGM, pero que amenaza en serlo, si quienes pretenden seguir condenando a los países por medio del sometimiento económico terminan ganando.

No duden de que la falta de condonación de una deuda impagable vendría seguida de numerosos y desgraciados episodios sangrientos en los Estados que no la pueden pagar, en los Estados que han exprimido tanto a sus ciudadanos con impuestos que hacen que los esfuerzos diarios de la población sean infructuosos, que la población trabaje cada vez más para ser más pobre.

Reflexionen los eternos entretenidos por la Alianza en forma de consumo masivo a bajo precio proveniente de China y de programas de entretenimiento en las televisiones occidentales. Reaccionen, porque llega un tiempo en que conviene dar sentido a su existencia. Lo que se debate hoy es la forma de vida que tendrá el mundo en las próximas décadas. Atiendan bien porque la guerra que vivimos precede a un nuevo orden mundial que será regido bien por una alternativa a la Globalización representada en el Estado-Nación, bien por esa Alianza moribunda que busca la ruina de los Estados y sus ciudadanos para endeudarlos de forma perenne y así controlarlos; esa Alianza que, consciente de su debilidad, ha lanzado una pandemia global mezcla de ataque biológico y propaganda que le sirva, al menos, como a cualquier otro imperio en decadencia, para morir matando.