Entrevista a Juan Víctor Carboneras, presidente y fundador de la Asociación 31 enero Tercios. Graduado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, especializado en Archivística y Biblioteconomía, y en la Edad Moderna, concretamente en la Monarquía Hispánica. Autor de “España mi natura. Vida, honor y gloria en los tercios”, del que se acaba de publicar la tercera edición. 

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Además de su labor de divulgación como escritor y articulista también preside la Asociación 31 enero Tercios. ¿Cuándo se creó y cuáles son sus objetivos?

La asociación la empezamos a constituir en diciembre de 2017 cuando una serie de locos tomamos la decisión de empezar a celebrar el día de los tercios y, posteriormente, para dar homogeneidad a todo lo que teníamos en mente, creamos la asociación, que con el paso del tiempo ha ido cogiendo una importancia singular y ahora mismo colaboramos con múltiples plataformas como el Instituto de Historia Militar o la Cátedra de Historia Militar de la Complutense. 

Nuestros objetivos no han variado desde que constituimos la asociación. En primer lugar servir como nexo de unión entre diferentes historiadores, divulgadores, asociaciones y editoriales que tuvieran a los tercios como un “leitmotiv” dentro de su programa. En segundo lugar la divulgación de los tercios, todo lo que sirva para analizarlos más a fondo y darlos a conocer. Y nuestro último y gran objetivo es un monumento a los tercios en Madrid, que cuente como diseñador con Augusto Ferrer-Dalmau y como escultor con Salvador Amaya.

No podría estar en mejores manos. ¿Cómo va ese proyecto?

Sin duda. El proyecto está muy avanzado y se están buscando diferentes medios de financiación. Se han mantenido reuniones con el JEMAD, con la alcaldía y la comunidad de Madrid, y con el ministerio de Defensa. Ahora estamos un poco a expensas de lo que sucede con la pandemia, que lo cubre todo y no deja espacio para nada.  

El 31 de enero es el día de los tercios, el aniversario de la batalla de Gembloux en 1578.

Efectivamente, el 31 de enero es el día de los tercios y venimos celebrándolo desde hace cuatro años. Hay celebraciones en distintos lugares del mundo, desde Quito y Medellín en las Américas, a Madrid, Huelva, Sevilla u Olivares en España. En esas celebraciones hemos ido creciendo cada vez más y este año, debido a la dificultad planteada por la pandemia, hemos celebrado unas “Jornadas de los Tercios” con los mejores especialistas en la materia y una serie de actividades como una exhibición de esgrima antigua, la celebración en redes sociales del día 31, o incluso una presentación de la asociación. 

Hay una afición cada vez mayor por los tercios. ¿A que cree que se debe este renovado interés?

Creo que es una forma de reivindicar la historia y creo que es algo muy importante. Hace unos treinta años, historiadores foráneos como Geoffrey Parker o René Quatrefages sentaron las bases en el estudio de los tercios y cogieron un guante que llevaba demasiado tiempo desaparecido. Posteriormente ya aparecen en la historiografía nombres como Julio Albi de la Cuesta, Magdalena de Pazzis, Fernando Martínez Laínez y tantos otros, que pusieron en relevancia la historia de los tercios pero que también ayudaron a que se crearan novelas históricas como, por ejemplo, Alatriste. Una serie de libros que ayudó muchísimo a que los tercios se conocieran. Existe por tanto un primer paso de debate historiográfico que luego se ha ido naturalizando en la población en general y se ha convertido en asociaciones como la nuestra. Y creo que hemos puesto nuestro grano de arena para que la gente se acerque a la historia y pueda recordarla como una parte más de nuestro ser.

Cuando uno lee los relatos de los tercios lo primero que se nos viene a la cabeza es de qué pasta estaban hechos esos hombres. ¿Qué tenían los españoles de entonces? 

Los hombres que componían los tercios tenían una serie de baluartes dentro de su mentalidad, dentro de la conciencia colectiva de aquel entonces. En primer lugar su creencia en Dios; Dios estaba por encima de todo, se ganaban batallas gracias a su favor, se comía, se dormía gracias a Dios. Todo esto está muy relacionado con el concepto de providencialismo. El soldado de la Monarquía Hispánica, no solo los españoles sino también italianos o valones, sentía que estaba destinado a defender la fe católica frente a herejes e infieles. Además, existe también una creencia extraordinaria en el rey, una conciencia que muchas veces ha pasado desapercibida o no se ha analizado correctamente. En aquel momento el rey tenía dos cuerpos: Un cuerpo triunfante que era la monarquía como institución, como vertebradora de una serie de leyes, y un cuerpo físico, Carlos V, Felipe II, Felipe III… El soldado cree en el cuerpo triunfante, en la monarquía como institución, y esto se relaciona con otros conceptos interesantes como es el concepto de nación. Lógicamente no estamos hablando del concepto de estado-nación de hoy en día, pero los soldados se reconocían como españoles, algo muy relacionado con el concepto de alteridad, es decir, la capacidad de definirse en oposición a un contrario. Los soldados de los tercios se consideraban castellanos, andaluces o gallegos en la península, pero fuera de ella se sentían españoles.

Y por último, pero no por ello menos importante, el concepto de la reputación y el honor. El honor que se tiene que entender como la participación individual en los ideales mejor considerados por la sociedad; la defensa de Dios y la defensa del rey hacían que la profesión del soldado fuese honorable y granjeara una reputación muy importante. Creo que esos son los pilares que daban forma al soldado español de aquel entonces. Sin eso no podemos entender nada.

¿Quién cree que personifica mejor al soldado de los tercios?

En este sentido soy muy partidario de los hombres que encontramos en los archivos y que no han pasado a la historia, hombres sin ningún tipo de reconocimiento, pero que defendieron con su vida todo aquello con lo que creían justo. Aunque, desde luego, si hablamos de soldados tenemos que hablar de Julián Romero, Sancho de Londoño y tantos otros, y de Alejandro Farnesio como general. Pero como digo me gustan mucho esos nombres que encuentras en los archivos, por ejemplo, el otro día encontré a un tal Hernando Alonso de Cañete, un soldado nacido en Córdoba y que sirvió en las guerras de Flandes. Hernando cayó en el asedio de Harleem en 1573 y en su testamento relata un montón de anécdotas de cómo era la época y también refleja cómo era el soldado que ponía a Dios por encima de todo y que sentía que su papel en ese tiempo había sido honorable. Sobre todo se preocupaba por la salvación de su alma, que era lo más importante para él.

Su libro está muy centrado en las vivencias de los soldados de a pie. Uno de los aspectos que menciona es cómo muchos soldados españoles se casan con mujeres flamencas.     

Exactamente, con el libro he buscado conocer la realidad cotidiana tanto mental como material del soldado, cómo eran sus vivencias desde que nacía hasta que moría. Lógicamente, cuando nos acercamos a esta realidad nos encontramos muchas veces que hay muchos estereotipos que se rompen. Por ejemplo, ese concepto de soldado sanguinario frente a la población civil. Es cierto que existía un foco de conflictividad entre el soldado y el civil, pero cuando no buscamos en la historiografía ni en los archivos, sino que tamizamos datos en otras fuentes, se descubre que muchos soldados se casan con mujeres flamencas, tienen relaciones cordiales y se celebran festividades como la Semana Santa. 

España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura. ¿Qué representaba Flandes para los soldados de los tercios? ¿Era el peor destino al que podían enviarlos?     

Flandes era una guerra intestina que por su propia fisonomía y configuración fue una guerra que consumía dinero y hombres sin parar. Pero los soldados no sentían que fueran a un infierno, al final obedecían a la religión católica, su rey, su Dios y su propia necesidad. Y también tenemos que tener en cuenta que cuando el soldado es veterano y ya tiene unos años de experiencia, le interesa estar en las primeras líneas de batalla para ganar méritos. Con el paso del tiempo un soldado podía ser capitán o ascender. En ese sentido, la Monarquía Hispánica siempre otorgó a los españoles de una preminencia frente al resto y siempre estaban en la vanguardia del combate porque buscaban que su acción fuera relevante en el campo de batalla y ascender en el ejército y socialmente.

Ascender mediante la gloria.

Sí, los actos heroicos eran recompensados. En el ejército había una meritocracia muy importante, algo nada habitual en un mundo muy jerarquizado.

Y tenemos ejemplos de esa meritocracia.

Así es, el más conocido sin duda es Julián Romero. Empieza como el mozo de un soldado y acaba como maestre de campo. O el madrileño Alonso de Contreras que gracias a sus méritos consigue el puesto de capitán. 

Antes ha mencionado a Alejandro Farnesio como el mejor general de los tercios.

Para mí lo es sin duda. Fue un hombre capaz de superponer sus propios intereses a los intereses de la monarquía, que supo dirigir la reconquista de Flandes y puso en jaque a los rebeldes. Si Alejandro Farnesio no se hubiera visto obligado a irse a Francia, probablemente la guerra hubiera tenido otro signo. Sus campañas son impresionantes.

Pero lo que no se ganó en las batallas se ganó mediante la leyenda negra. ¿Hay alguna característica propia de los españoles utilizada por nuestros enemigos para vender su propaganda? Para hacer más creíble a su propia gente que los españoles eran diablos. 

La cuestión de la leyenda negra es muy interesante porque hay historiadores flamencos, como Raymond Fagel, que están acabando con ella publicando estudios muy interesantes, estudios que están teniendo eco en las universidades y que muy pronto llegarán al público. Durante el siglo XVI y XVII se desarrolló una leyenda negra muy potente, que luego sería utilizada en el siglo XIX por franceses e ingleses. Todo parte de Guillermo de Orange que utilizó grabados en los que se representaba al Duque de Alba y a Felipe II como auténticos diablos, y los soldados españoles son representados como sanguinarios y violadores. A nivel académico la leyenda negra ya está bastante superada, pero a nivel de creencia popular aún predomina esta visión. Conocemos mucho más la Armada Invencible que grandes batallas en las que salimos victoriosos. Al final, los soldados de los tercios no eran ni más violentos ni más sanguinarios que los soldados de otras naciones de su tiempo. Pero lo cierto es que sus victorias tienen que pesar más que sus derrotas, y sus hazañas tienen que predominar, porque así fue en su tiempo, sobre una propaganda que pretende acabar con la historia real. 

Es muy interesante lo que menciona de los historiadores flamencos. He entrevistado a Luis Gorrochategui que me habló del reportaje de la BBC en el que participó y en el que se desmonta el mito de la “Armada Invencible”. Pero a nivel popular, en cine y series, la leyenda negra sigue viva.

Sí, aún persiste en la creencia popular. Pero creo que estamos cambiando muchas cosas. Se habló de “Armada Invencible” hasta 1978, cuando empezaron a hacerse estudios y congresos en torno a la materia que fueron cambiando esta visión. Otro ejemplo es la figura de Felipe II, un rey muy maltratado y que ha recuperado su lugar en la historia. Con el paso del tiempo ahora tenemos una visión distinta a la que teníamos hace treinta años. Estamos en una época dorada de la historiografía y de la historia en general. Queda mucho por hacer, pero cada vez llegamos a más gente. Nos falta dar ese paso a una gran producción. Tenemos muy buenos historiadores y recreadores, y es un momento optimo para hacer una gran producción, en forma de serie o de película, sobre los tercios.