Mientras sus partidarios dicen que Francisco sabe muy bien situarse en el terreno, dominar la circunstancia y actuar en el momento oportuno. A otros nos vale saber que por más errores que cometa, la embarcación divina no se hunde.

Mucho más preocupante que la crisis de los abusos sexuales de algunos eclesiásticos, la persecución de cristianos en varios países musulmanes y las corruptas trifulcas con las finanzas del Vaticano. Lo verdaderamente grave es el abandono de la fe católico en Europa y la deriva modernista de su jerarquía. Sin embargo, más allá de impulsar el diálogo interreligioso hasta un extremo absolutamente inconcebible, por no decir herético, y posicionar a mujeres en altos puestos de la curia romana, a Francisco, que ha venido yendo y viniendo a su manera, no le ha importa equivocarse.

La audiencia privada que Berglogio ha concedido a la vicepresidenta comunista y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, una de las principales activistas del feminismo radical y de la ideología de género, y máxima impulsora de la ley de memoria democrática, ha sido un error, y tendrá sus consecuencias. Bien es cierto, que esto a Francisco, que comenzó su pontificado soliviantando y que lo viene sosteniendo en la confusión, principalmente en lo doctrinal, le trae sin cuidado. Como le ha traído sin cuidado defender al arzobispo de París, que recientemente dimitió por la relación amorosa (o simplemente concupiscente) que mantenía con una mujer.

Esperemos que en el próximo Conclave se haga caso al Espíritu Santo y salga un verdadero Pontífice, pastor, guía y maestro para este tiempo convulso y puede que definitivo de la Iglesia.