"En esta vida solo se debe temer a un hombre desesperado y a una vaca recién parida".

Esta es una sentencia popular que yo escuché en Tornavacas, un bonito pueblo de la provincia de Cáceres (Extremadura), que los politicastros de ese país deberían tener en cuenta pues, si en cuanto a sus salarios por cobrar, el señor Sánchez, el Iglesias y todos los demás no tienen preocupación, pues todos cobran, aunque caigan chuzos de punta con puntualidad germana, sus varios miles de euros al mes, bien harían preocupándose por la proliferación de hombres desesperados que con su descabellada arbitrariedad están creando en todo el territorio nacional.

Hace muchísimos años -yo era un crío de ocho años-, mi padre me llevó al antiguo matadero de Madrid; él tenía que ver allí a un cliente, al poco rato vi entrar en la sala donde se sacrificaba a los animales un rebaño de ovejas y cada una de las ovejas iba pasando por el cuchillo del matarife sin la menor resistencia; sin la menor protesta. Ver como con docilidad todas iban poniendo el cuello... Eso me dejó muy marcado. Lo prometo y juro que yo, jamás seré una oveja.

Hoy de mañana he tenido la gran segunda alegría del día -la primera es despertarme sabiendo que conmigo están mi mujer y mi hijo Jaime-  al ver y escuchar en Antena Tres, en el espacio Espejo Público, de Susana Griso, a otro español, Manuel Fernández Castro, que tampoco quiere ser oveja e, insumiso contra la cabronesca ordenanza de las autoridades de esa autonomía ¡cerrar los establecimientos de restauración! Él, Manolo Fernández Castro, mascarilla verde adornada con los colores de nuestra bandera, que no le impidió hablar con sentido común y gran acierto, ha demostrando ser dueño de, además de un restaurante, unos "Guevos" que dejan muy reducidos a los muy famosos en Madrid, los del caballo del General  Espartero.

Manuel Fernández, propietario del restaurante "los Olivos" en Magret de Mar, Barcelona, por defender su modo vivendi, se ha visto "agraciado" por la autoridad, con dos multas de 30.000 euros cada una.

Manuel Fernández debería ser tomado por los propietarios de los 35.000 locales que se dedican a la restauración en toda Cataluña, demostrando a los que maman de la Generalidad y a los que lo hacen en sus ayuntamientos, que Manuel no es el único que no quiere ser oveja; que Cataluña, como en el resto de España, cada día, somos más los que estamos seguros de que no somos ovejas.

Señor Sánchez -e informe a su vicepresidente sobre el hecho fácilmente contrastado por la Historia-, la hinchazón de cojones de los españoles tienen sus límites. Lo que deberían parar una mica y reflexionar sobre lo que entre líneas avisa esta sentencia popular: "En esta vida solo se debe temer a un ¡hombre desesperado! y a una vaca recién parida". La inteligencia popular, aunque ustedes no lo crean, es más inteligente de que adonde les lleve sus inteligencias.

La desvergüenza de quienes gobiernan Cataluña con el beneplácito del Gobierno de la Nación; la impunidad con la que se mueven esa sospechosa gente no tiene parangón en todo el "primer mundo". Nadie, salvo dos países nórdicos, ha llegado tan lejos en la tiranía dictatorial en Europa.

¿Con qué derecho se atreven a impedir que los restauradores de Cataluña (¡únicamente en Cataluña!) puedan abrir sus negocios después de que, por adelantado, se les hayan cobrado todos los impuestos. Y no sólo los impuestos, que también se les "condena" a pagar el cien por cien de las cotizaciones de los empleados el los ERTES a la Seguridad Social.

 ¿En qué artículo de la Constitución Española se contempla tan hijoputesca (sin ánimo de insultar) ordenanza?.

Limitación de libertad de desplazamiento, el derecho de reunión ¡familiar!, negación al derecho a defender honestamente el propio negocio...  a Franco le llaman dictador. Que jodíos.