La presión migratoria ejercida desde Bielorrusia contra Letonia, Lituania y Polonia ha causado que, por primera vez desde la caída del régimen comunista, el Parlamento polaco declarase el estado de emergencia en la zona fronteriza, concretamente en las provincias de Podlasia y Lublin. El Sejm (parlamento polaco) aprobó el 2 de septiembre el estado de emergencia por 247 votos contra 168 y rechazó el pasado lunes una moción de la oposición para su levantamiento. El primer ministro polaco, Mateusz Moraviecki, no ha dudado en culpar a los servicios estatales bielorrusos de esta oleada migratoria y denunció que “todos los días en la frontera con Bielorrusia, vemos cientos de provocaciones. Solo en agosto, hubo 4.000 intentos de cruzar ilegalmente nuestra frontera”. En su opinión, la actitud del gobierno de Lukashenko justifica la adopción del estado de emergencia por lo que ha pedido el apoyo de la oposición para hacer frente a esta crisis.

Sin embargo, la oposición polaca, cuyo máximo representante es la Plataforma Cívica (PO, el Partido Popular polaco), no parece estar por la labor de defender las fronteras nacionales. En una escenificación que rozaba el ridículo, los diputados de PO, Franciszek Sterczewski (detenido en la imagen de portada) y Klaudia Jachira, acudieron a la frontera para ayudar y llevar comida a los migrantes en el lado bielorruso y, bajo las cámaras de los fotógrafos, se enfrentaron a los estupefactos guardias fronterizos. Tras conseguir el efecto mediático deseado, los populares abandonaron la frontera para ser reemplazados por activistas de izquierda. La guardia fronteriza ha informado de desperfectos en varios puntos de la valla fronteriza.

Uno de esos ataques contra la valla terminó con la detención de 13 izquierdistas, doce polacos y un holandés. Uno de los detenidos es el activista Bartosz Kramek, presidente del consejo de dirección de la Open Dialogue Foundation (Fundación Diálogo Abierto). El 23 de junio Kramek fue detenido y puesto a disposición judicial. A raíz de la petición de la fiscalía de que no se le concediera la libertad hasta el juicio, cien “personalidades” encabezadas por Lech Walesa publicaron una carta de apoyo al activista en el periódico izquierdista Gaceta Wyborcza. Respecto a la Open Dialogue Foundation, a pesar de su nombre no deja lugar a muchas dudas, la ONG niega las afirmaciones de los medios polacos que la vinculan a la Open Society aunque su presidenta, Lyudmyla Kozlovska, a su vez esposa de Kramek, mantiene una amistad personal con George Soros. En su página web afirma que sus donantes privados no pertenecen a la red del magnate estadounidense, pero reconoce su colaboración con la Open Society en apoyo del Euromaidan en Ucrania y juzga positivamente el trabajo de Soros. Creada en 2009 y con sede en Varsovia y Bruselas, la ODF defiende los “derechos humanos” en Europa del Este, sirve de asesor a organismos supranacionales como la UE y la ONU, y es particularmente agresiva contra el gobierno polaco al que acusa de dictatorial. Exactamente el mismo “modus operandi” que la red de Soros.

Lyudmyla Kozlovska y George Soros

Pero la “ONG” que más está atacando al gobierno polaco por la crisis en la frontera bielorrusa, acusando a Polonia de dar un trato inhumano a los migrantes, es una red de organizaciones de izquierda llamada “Abolish Frontex”, en referencia a la agencia de fronteras de la UE. Con una retórica similar al Black Lives Matter, definiendo a Europa como el eje del mal, del colonialismo, la explotación y la esclavitud, Abolish Frontex aboga por la desaparición de las fronteras y los “papeles para todos”. El mismo objetivo declarado por el activista Kramek en una reciente entrevista: “Vayamos allí y tiremos simbólicamente las alambradas. Debemos protestar activa y decididamente. Las fronteras sólo están en nuestras cabezas”.

Dentro de la lista de organizaciones que forman parte de Abolish Frontex hay un gran número de organizaciones de extrema izquierda, incluidas algunas españolas e incluso “Open Arms”, y no tardamos en encontrar a una conocida ONG de la red Soros, la Fundacja Ocalenie (Fundación Salvación). Creada en los años 90 para ayudar a refugiados de la guerra de Chechenia, la fundación empezó a recibir financiación de la Open Society en 2006, de la mano de Piotr Bystrianin, que en 2019 patrocinó un proyecto promovido por la UE para acoger familias de refugiados en Polonia, “Refugees Welcome Poland". Desde ese momento, la fundación amplió su radio de acción y comenzó a a trabajar con grupos LGBT y partidarios del aborto, también financiados por Soros. Ahora, con la crisis provocada desde Bielorrusia con la llegada de refugiados, la fundación ha iniciado una nueva campaña contra el gobierno polaco en la que denuncia su “falta de humanidad” con los migrantes. Una campaña que, sobre todo, está siendo difundida por medios internacionales.

En ocasiones anteriores, estas acciones han terminado con una condena al gobierno polaco por parte de las instituciones de la UE, amenazas de retirada de fondos europeos y unas campaña a favor de los activistas “pro-derechos humanos” que eran elevados a la categoría de “héroes”. Lo vimos con el aborto y la Huelga Nacional de Mujeres. Sin embargo, esta vez los lacayos de Soros lo tienen más complicado. Letonia y Lituania han cerrado sus fronteras y cada vez son más los países que, al contrario que en 2015, apoyan la postura de Hungría y Polonia. Viktor Orbán escribía el pasado diciembre que había llegado el momento de poner fin al alegre viaje europeo de Soros. Lo cierto es que el final de ese viaje aún parece lejano, pero, por primera vez, podría hacerse realidad.