Es notorio que el plan del conglomerado globalista a las órdenes de Soros, Bill Gates y demás familia, que se llama izquierda, está en el plan de descomposición de los elementos configuradores de una sociedad con valores tradicionales, basada en el conocimiento y el aprendizaje de nuestro legado histórico y cultural. Es evidente que el plan de los sindicatos, partidos y movimientos de izquierdas pretende hacer tabla rasa de todo lo que ha sido nuestra antropología cultural y nuestro orden cristiano, verdadera fuente de la convivencia y de las costumbres, para esquilmar todo lo que tenga que ver con nuestro pasado común antropológico y el humanismo que lo caracteriza.

Están acelerando el proceso. El fenómeno no es ni mucho menos nuevo. Tiene raíces característicamente gramscianas, es decir, fundamentado en aquel revolucionario italiano, Gramsci, que consideraba que solamente sería posible el advenimiento del comunismo si se fuera capaz de erradicar los fundamentos cristianos de las sociedades y arrasar la cultura para conformar una nueva hegemonía cultural que permitiera, en las conciencias de las gentes, aceptar otro paradigma nuevo, basado en un totalitarismo de izquierdas.

Yo no creo en esa división artificial entre derechas e izquierda. La izquierda me ha mostrado su cara verdadera como herramienta a disposición y beneficio de las élites globalistas, Esos poderes financieros que derrumban imperios, destruyen naciones, erradican democracias eliminando las soberanías nacionales, y cuando esas víctimas de sus políticas caen en la ruina enajenan sus elementos constitutivos de la riqueza para concentrar aún más poder económico. Pero, sobre todo, más poder de control para esclavizar a los ciudadanos y hacerlos dependientes, incapaces de emanciparse y formar un proyecto personal de vida, y ser libres, en lo económico y en su realización personal.

Isabei Celáa, la artífice del último zarpazo a lo que queda del desastre educativo, ha dejado a las autonomías que permitan a los alumnos acceder a los títulos académicos, sin límite de asignaturas suspensas. Es decir, es la apoteosis del cachondeo académico y del regalo de los títulos, degradándolos hasta el extremo de ese suflé en el que se ha constituido la enseñanza, donde el mérito y la capacidad se han arrumbado hasta dejarlos en un mero recuerdo. Y, permitiendo que el alumnado progrese sin progreso, cosa que se inició cuando las calificaciones numéricas fueron sustituidas por aquel “progresa adecuadamente”.

Así estamos, pero eso no es porque la ministra sea una inepta, cosa que también. Es porque eso forma parte de un plan. Veamos…

Desde que Franco dejó la sucesión atada y bien atada, propiciando la Transición pacífica hacia un sistema basado en la pugna política y una especie de ilusión democrática, nadie ha sido capaz de articular un entramado educativo basado en principios básicos de servicio al bien común y al interés general; y no a las posiciones sectarias de supuestos planteamientos ideológicos. Lo que llamamos Educación y no es, debería estar sometido al criterio de desarrollo y perfeccionamiento de las facultades específicamente humanas de los individuos, dotándoles de conocimiento y aptitud para analizar su mundo, ser autosuficientes, poder actuar como artífices de su propia realización como personas y ser capaces de transformar las realidades para mejorarlas. Este ideal hace cuatro décadas que dejó de tener importancia en las planificaciones del sistema educativo como pilar para el desarrollo de la Nación, que ha sido vilmente politizado, ideologizado y utilizado como instrumento de acción política, de adoctrinamiento burdo y descarado de nuestros niños y jóvenes.

 

Donde se ve esto que digo de forma descarnada y objetiva es en las enmiendas de Unidas podemos al proyecto legislativo, como si esa parte del Gobierno se erigiera en un subgobierno dentro del Gobierno, que enmienda a su propio proyecto educativo.

 

                Los principios sobre los que pivotan esas enmiendas:

  • Tratan de llevar al texto de la que se pretende sea la próxima ley al paradigma marxista por antonomasia, es decir, estatalizar la educación reduciendo a la mínima expresión la promoción privada de centros. La oferta de iniciativa social dejaría de tener carácter de opción para los padres, para convertirse en subsidiaria del Estado, con perspectivas de desaparecer con el tiempo.
  • Ir impidiendo en la práctica el ideario de los centros educativos de naturaleza social, impidiendo que éstos pongan como requisito para admitir alumnos el aceptar ese ideario. Para ser claros cuando nos referimos a ideario normalmente tomamos como referencia los centros que tienen como postulado de base el humanismo cristiano.
  • La educación, para socio-comunistas y secesionistas es una plataforma perfecta para formar ideológicamente a los ciudadanos, para adoctrinar sin ningún recato ni pudor. En eso se basa, fundamentalmente esta Ley, sectaria y condenada a ser cambiada en cuanto llegue al poder el deseo de la mayoría social de desideologizar la educación y ponerla al servicio de una sociedad con vocación de ser próspera y libre, es decir una sociedad con vocación de ser democrática en el sentido del sometimiento del poder a la voluntad general verdadera, no a la manipulada.

En definitiva. Esta ralea política, que es un tumor en el tejido político y social, trata de dejar sin efecto el artículo 27 de la Constitución de libertad de enseñanza, como también están haciendo con el resto del texto constitucional, que de forma efectiva y real está siendo esquilmado y dejado irreconocible, porque, en su propósito, está el  crear un nuevo proceso constituyente. Lo dijo un ministro en sede parlamentaria. No sé si se le escaparon esas palabras de forma consciente o inconsciente.

Y en el fondo de toda esta panoplia de desvertebración de la Educación, que antaño era el pilar desde el que se configuraba el Estado Nación, está la reconfiguración cognitiva de las masas que se inició hace cuarenta años. El proyecto masónico de erradicación de nuestra antropología cultural con un nuevo chip mental, para que sirvamos al poder mundialista de carne de cañón, es el que justifica todo lo que está ocurriendo en la descomposición de un Sistema educativo que ya no existe. No hay más que ver el adocenamiento colectivo, y cómo nos tratan como ganado, como ovejas que vayan de un sitio para otro a la orden del pastor, bajo la orientación de su cayado tiránico.