Ya ha llegado la vacuna milagrosa. Excelsos villancicos laicos para recibir al regalito navideño. No ha faltado quien ha dicho: “por fin ha llegado, me ha tocado la lotería”. Hay personas absorbidas, entontecidas y hasta alienadas por la esperanza y el optimismo. Desgraciadamente nadan en el absurdo.

La vacuna no es el fin de la enfermedad y…“habrá nuevas pandemias”. De manera tan clara, taxativa y tajante se ha expresado el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom. El encaje de este sujeto, hombre de paja de Bill Gates, con las ambiciones de la China comunista que elaboró y extendió el virus, lo convierte en un ser mezquino que nos llevó a la muerte y la ruina al ocultar el virus chino al mundo durante meses. Quién no quiera ver el propósito de extender el miedo generalizado para seguir realzando la tiranía que destroza nuestro modo de vida y lo pone en manos de las grandes farmacéuticas –el mayor lobby del mundo-, que se lo haga mirar.

Con aplausos, reverencias y asonadas imágenes publicitarias, hemos visto entrar la vacuna en algunas residencias y próximamente en todos los ambulatorios. Telediarios, periódicos, platós televisivos…Un orbe, el del “establishment”, convertido unívocamente en apologeta de la vacuna. Un “bienvenido Mr. Marshall” rayano en lo esperpéntico y absurdo. 

No obstante, sólo hay que analizar las “seguridades” que ofrecen las vacunas de Pfizer y Moderna, aprobadas en la Unión europea, para derribar el castillo de naipes de la ceguera optimista. Ya se nos ha dicho que un vacunado, pese a estarlo, puede contagiarse y “volver a transmitir el virus”. También sabemos que “no se sabe” el grado de efectividad de la vacuna y su prolongación en el tiempo, ergo no es que habrá sólo dos aplicaciones de vacuna como establece el tratamiento, sino que puede haber para 2022 una tercera o tal vez también una cuarta. Las nuevas “cepas” y mutaciones del virus aparecidas requerirán, además, de un trabajo continuado en la investigación para lograr nuevos tratamientos y nuevas vacunas que tendremos que ponernos.

Por supuesto, los temibles efectos adversos sobre embarazadas, niños o ancianos no se conocen y, cómo no, ante las suspicacias al respecto se nos dice: “que todo tratamiento tiene efectos secundarios”. Nada más.

Cuando la duda y la incertidumbre de la gente se centran en el rápido hallazgo de la vacuna, se aduce “que ello es debido a que hay más coordinación e inversión en investigación que nunca”. Lo cual es tremendamente curioso, pues para un Covid en humanos desconocido hasta ahora e imprevisible, resulta que hay dinero y medios para preparar un remedio en nueve meses y para avanzar en vacunas y tratamientos contra el Sida o el cáncer han pasado 40 años sin sustanciales progresos.

Además, los ciudadanos que ven con esperanza el fin del incómodo “bozal” o mascarilla que se den de bruces con la realidad: ya ha sido anunciado que la mascarilla viene para quedarse por tiempo indeterminado, pues la vacuna “no garantiza la protección absoluta”, ni se sabe “hasta cuándo dura su efectividad”… Pero si sabe –y así lo han anunciado- que el vacunado puede coger el virus e infectar a otros.

Del mismo modo, y en paralelo a este maremágnum de argumentos que toman por imbéciles, acríticos y anestesiados a ciudadanos atemorizados, observamos como el coro “científico” de médicos y virólogos televisivos, bien remunerados para seguir obteniendo las becas y emolumentos que desde las grandes farmacéuticas se les ofrecen, apoyan el secuestro de las libertades ciudadanas, los confinamientos regionales y el fin de la libertad de circulación y reunión. Estos sujetos, en nombre de su “autoridad” científica–tan bien remunerada- apoyan cualquier liberticidio contra los españoles; pero no sobre los asaltantes delictivos de nuestras fronteras por Canarias o Levante que, éstos sí, tienen bula de libertad para volar a la Península desde el archipiélago o formar fiestecitas masificadas con sujetos de la Cruz roja. Su nómina, su beca y su prosperidad en la industria farmacéutica y en el chollo de observatorios y agencias de la salud y el medicamento, hacen que su lealtad no la sea con la verdad pero sí con el pensamiento oficial, con la mentira del relato único, con el anhelo de estrangular a la hostelería o al ocio validando a los socialcomunistas sin miramientos ni vergüenza; tienen el pesebre garantizado.

Se trata de la coartada de la “ciencia” para perpetrar una mentira que nos va a sumergir en una duda permanente, en un miedo prolongado y en un control estatalista ininterrumpido, con toques de queda y con el fin de las libertades de circulación, reunión y residencia. Vivimos bajo un Estado fraudulento de abuso llamado de alarma prorrogado por seis meses, hasta mayo de 2021. Pero…¿no se prolongará más? La “nueva normalidad” está aquí y es un escenario incierto donde decretos leyes, abuso de poder, un Estado de derecho vaciado y despotismos tolerados, van a tutelar nuestro vida.

El Covid viene para quedarse; necesitaremos vacunarnos siempre e ininterrumpidamente; habrá nuevas pandemias; hay nuevas cepas; la vacuna no garantiza la protección total; habrá que seguir llevando mascarilla; tendremos que guardar distancia social y evitar contactos personales; harán falta dos o tres o cuatro vacunaciones -no sé sabe cuántas-; los efectos secundarios son inevitables… Son los mensajes repetidos machaconamente. Es el marco idóneo de coacción psicológica para imponer solapadamente la dictadura del lobby farmacéutico de Bill Gates, y para regalar a la Agenda 2030 y los políticos que medran de ella el escenario idóneo para instalar la dictadura ecologista (el covid es resultado de que “estamos matando al planeta”, ergo más impuestos ambientales); el masivo desplazamiento inmigrante contra Europa ( la crisis económica y climática conlleva la irrupción africana de los que “huyen de la miseria”); o el fin de la propiedad privada  (la crisis económica y social conlleva prohibir desahucios o expropiar inmuebles para los “vulnerables”).

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha sido tajante y rotundo: ha anunciado que no se vacunará, ha arrebatado la inmunidad legal a las farmacéuticas e informa a su pueblo de efectos nocivos de la vacuna y de que podrán demandar a los fabricantes pero no al Estado porque el gobierno de Brasil ya les ha informado previamente de riesgos y consecuencias garantizándoles la voluntariedad de la vacunación.

En la Europa de los gobiernos títeres de los grandes lobbies donde Bruselas y la cobardía política imponen la batuta de control de los pueblos, los ciudadanos viven en una verdadera dictadura donde ya se está planteando “marcar” como ganado a los ciudadanos para prohibirles circular o trabajar o incluso para multarles si su “cartilla de vacunas” o su pasaporte sanitario –todos estaremos fichados- no incluye la vacunita de Bill Gates.