La izquierda pretende imponer por ley que sea obligatorio cantar oficialmente el Bella Ciao después de El Canto De Los Italianos, el himno nacional de Italia. Ha sido presentada una propuesta de ley por parte del Partido Democrático (PD) y firmada, entre otros legisladores, por la inefable Laura Boldrini. La ley propone cantarla en actos oficiales, cuarteles militares, escuelas e incluso en los partidos de futbol. La famosa canción popular partisana y partidista, últimamente se ha difundido y popularizado gracias a su uso machacón en la serie española de Netflix “La Casa De Papel” sin tener en cuenta su historia, contenido ni significado comunista, o quizás sí.

En la proposición de ley los diputados izquierdistas dijeron que la canción es “una expresión popular de los más altos valores que están en la base del nacimiento de la República” y que por lo tanto debería incorporarse como un símbolo mas de ella. Nada más trasnochado, ya que Bella Ciao nunca representó eso. En el proyecto de ley que lleva el número 3035 puede leerse “En concreto, por tanto, el artículo 1, apartado 1, establece el reconocimiento por parte de la República de la canción ‘Bella Ciao’ como expresión popular de los valores fundacionales de su nacimiento y desarrollo. El apartado 2 del mismo artículo también establece que la canción ‘Bella Ciao’ se interpretará, después del himno nacional, durante los actos oficiales de celebración del 25 de abril, aniversario de la liberación del nazismo”.

Francesco Storace, director de Il Tempo escribió al respecto: “Si con los problemas que tiene nuestro país, la izquierda piensa en Bella Ciao para acompañar el himno nacional, necesitamos un psiquiatra o un buen abogado que apoye la causa del divorcio de Italia. Después de la ley Zan (polémica ley LGTB) para dividir a una nación que necesita arreglarse en lugar de desgarrarse, viene la propuesta de obligarnos a cantar lo que ellos quieren y no lo que nos gusta”. En su artículo Il Pd vuole Bella Ciao con l'inno di Mameli. Così la sinistra divorzia dal Paese reale, Storace deja de manifiesto el divorcio con la realidad con los planteamientos políticos de izquierda chic ante las necesidades y los problemas reales sufridos por los italianos.

Como se ha publicado en ECDE (ver artículo completo) acerca de la canción que pretende oficializarse en Italia,  “el Bella Ciao, con su música pegadiza y su letra combativa, símbolo de la ‘heroica lucha partisana contra el nazifascismo’ en la Italia ocupada y en ruinas del final de la Segunda Guerra Mundial, ha sido y es una canción partidista, altamente ideologizada y que jamás apeló a la unidad de los italianos en ningún momento. La llamada resistencia antifascista durante esos tiempos nunca fue un bloque homogéneo contra el invasor o los restos agónicos del fascismo. Tuvo todos los componentes de una cruel guerra civil entre italianos en medio del desastre de una guerra ya perdida, como así lo documentó el trabajo del recientemente fallecido historiador italiano Gianpaolo Pansa en su clásica y magistral obra ‘Il sangue dei vinti’ y en ‘Bella Ciao. Controstoria della resistenza’”.

Respecto a su origen su autor es desconocido, pero se cree que tal vez ha sido adaptada de una melodía yiddish registrada en Nueva York en 1919 por un músico de origen ucraniano. Lo que sí sabemos con certeza es que ha sido difundida por los comunistas italianos en los encuentros internacionales de juventudes durante los años de la guerra fría y que a partir de entonces fue ampliamente difundida y traducida. Como no podía ser de otra manera, a partir de finales de los convulsos años 60 del siglo XX se estandarizó definitivamente en los sectores de la extrema izquierda.

Bella Ciao, curiosamente, la oímos entonar puño en alto en las manifestaciones del PD, en la celebración oficial del 25 de abril, por los inmigrantes subsaharianos cuando arriban a un puerto italiano a bordo del Open Arms, por la izquierda chic anti-Salvini-Meloni-Berlusconi, en manifestaciones LGTB, ecologistas, feministas e incluso en parroquias por parte de sacerdotes católicos comprometidos con la política migratoria. Ahora es tiempo de oficializar su sectarismo.

No solo España sufre el absurdo y el irracional fanatismo por parte de la izquierda acomodada en el sistema, pretendiendo imponer de manera totalitaria, como en una nueva versión soviética 3.0, su fanática y única visión de la historia y la realidad. Italia también lo padece. El sentido común parece un bien cada vez más escaso. Ojalá podamos decir, más pronto que tarde, adiós guapa, pero definitivamente.