La cuestión del comisario Villarejo es la de la putrefacción de un sistema en que políticos y grandes empresarios han recurrido a métodos mafiosos para mantener tinglados corruptos. Están pasando a los tribunales, ahora, los del PP,  o los organizados por Repsol y Caixabank contra Luis del Rivero, que causaron grandes perjuicios también a los intereses petrolíferos españoles.  Lo que está saliendo a la luz es la falta de escrúpulos y de respeto a la ley por parte de tantos poderosos. Poderosos mangantes.


De cómo esa corrupción ha repercutido en la población da idea el hecho de que apenas han tenido efecto las revelaciones de cómo una señora que comentaba en plan cómplice con Villarejo esos espionajes ilegales, la “información vaginal”, el chantaje implícito sobre delitos de jueces, etc., esa “dama”, naturalmente feminista y ferviente antifranquista,   ha sido ministra de justicia y luego jefa de los fiscales, y es pareja de un ex juez delincuente. ¡Yo no pasa nada, ahí sigue la moza  haciendo justicia por cuenta del Doctor en fraudes! Solo esto  basta para entender el grado de putrefacción a que se ha llegado, y debería bastar para que esa gente fuera a la cárcel con muchas más razones que el propio Villarejo, que después de todo ha sido solo su servidor. Y que ahora tiene la ocasión de hacer también un servicio al país destapando a los principales delincuentes.