El pasado 25/02/2021, empleando un tuit, la afamada escritora Cristina Seguí denunciaba las agresiones que está sufriendo desde el feminismo: “Cómo el movimiento feminista puede tumbar un libro que estaba en la imprenta de una gran editorial. O firmas cláusula de confidencialidad, o nos quedamos tu libro en constante fase de revisión durante 24 meses hasta que pierda vigencia. Claro, no la firmé”. Los comentarios a este tuit, en pocas horas sobrepasaron el millar. Eran de personas que apoyaban a la escritora, abanderada de la libertad de expresión, elevada al olimpo de una escritura en defensa de la igualdad a raíz de su primer libro “Manual para defenderte de una feminazi (Samarcanda)”.

     Un diario digital de reconocido valor periodístico y contrastada profesionalidad, confilegal.com (01/03/2021) entrevistaba a Seguí, quien explicaba en detalle lo que le estaba ocurriendo.

      Seguí anunciaba a este rotativo que, pese al litigio que mantiene con su editorial actual, su nuevo libro, que se titula “El fraude de la igualdad”, verá la luz próximamente, pero con otra editorial. En él manifiesta que “el feminismo de actual no es sólo un arma totalitaria de chantaje y coacción a la población masculina, sino también una de las mayores amenazas para la mujer del siglo XXI cuyo primer compromiso vital es proteger a sus hijos varones de la asimetría penal propugnada por las mercantilistas de la ideología de género”.

      Cristina Seguí ha sido de las primeras en notar los efectos traspasadores de los tacones de aguja de las feministas Loewe de la capital, altas cargas del Estado que, con sólo una llamada de teléfono truncan esperanzas, las que tanto anhela y necesita nuestra maltratada sociedad que demanda saber qué ocurre, porque intuye que algo raro pasa con tantos millones malgastados sin que se frenen las muertes de mujeres y los suicidios de hombres. ¿Qué clase de engaño hay detrás de todo esto?, se pregunta el contribuyente de a pie.

      Pero la valiente Seguí no será la última, a ella le seguiremos muchos y muchas más, dado que todos estamos unidos por una causa común, la Justicia con mayúsculas. Todos nosotros, los perseguidos por un ideal de igualdad ante la ley, denunciamos una misma infamia, una misma farsa, la farsa española de género. Cada uno, cada una, con su estilo personal de escritura, desde una óptica propia, sostenemos la opinión común de que caminamos como sociedad a un abismo de género, a un descosido sin precedentes del tejido social. Para ello debemos apoyarnos, animarnos, protegernos, nunca competir, sino unir nuestra fuerza propia, nuestro estilo de juego, la palabra escrita en pos de un frente común que encarar por derecho a la barbarie y desnudar la “Industria de Género”.

      Y es la crítica directa y descarnada, la denuncia pública del daño generacional que este feminismo radical español está causando a los menores en particular, y a hombres y mujeres en general, un ámbito nunca a perseguir y lesionar, sino a decididamente proteger y preservar. Las agresiones que está ocasionando una jurisprudencia de autor, que regula para bien la vida material de una parte de las hembras –las no feministas– y arruina la integridad psicológica, afectiva y material de los machos –más de un millón de hombres denunciados instrumentalmente– son infinitamente más lesivas para la sociedad en su conjunto que lo que unos o unas, particulares en suma, puedan escribir en un papel explicando, dando a conocer, haciendo públicas tales infamias, detallando quiénes son, cómo funciona y por qué mantienen en pie el negocio nacional del maltrato, el odio y el despilfarro de los fondos estructurales de la Unión Europea.

       La demagogia insoportable por intensa y falaz del Poder Ejecutivo, su control de los medios informativos de opinión pública que subvenciona generosamente en cada ejercicio con campañas de género, comprados, censurados y teledirigidos. La manipulación de las redes sociales por un ejército de troles a sueldo, una sociedad de la desinformación cimentada en una propaganda gubernamental de género, no es que necesaria y urgentemente precise de un contrapeso en ciudadanos escritores que saben de antemano que serán perseguidos y que se juegan el gaznate en cada línea, sino que este contrapeso debe ser amparado, protegido y salvaguardado con firmeza y determinación tanto por el legislador como por el juzgador, aunque para ello los poderes legislativo y judicial tengan que plantarle cara al Poder Ejecutivo, poder de poderes en España.

     Además, y esto es trascendental, debemos a nuestros hijos un legado de memoria, un lote de libros en los que puedan reconocerse y reconocer su pasado: El holocausto español de Género. A ellos dedicamos nuestras horas frente a la pantalla del portátil, por ellos escribimos.