Yo siempre había pensado que el feminismo luchaba por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, no que iba en contra de las personas del sexo opuesto. Sin embargo, esta lucha que un día fue noble, se ha convertido en algo totalmente desleal y contrario a la dignidad de la propia mujer, quien es utilizada en muchos casos para hundir a los hombres con la finalidad de crear conflicto y confusión en la sociedad bajo el prisma de la violencia que se supone que ejerce el hombre sobre la mujer.

 

Una noticia que ha dado mucho que hablar ha sido la retirada de azafatas en la Fórmula 1, bajo la poco ética explicación de su provocativa indumentaria. La incoherencia de este hecho no tiene límites, puesto que no sólo eliminan puestos de trabajo, sino que restan de un plumazo el poder de decisión elección y la libertad de las propias azafatas y del resto de mujeres, imponiéndonos su manera de pensar, de actuar y de vivir.

Nos machacan continuamente en los medios de comunicación aprovechado que el 8 de marzo se aproxima, con el tema de la desigualdad. Incluso se aprovecharon de la gala de los Premios Goya para repartir abanicos de color rojo para reivindicar sus pretensiones, algo totalmente fuera de lugar. Las capacidades de las personas carecen de género, algo que el actual feminismo se empeña en no aceptar.

Pretenden que las mujeres nos sintamos inferiores y débiles, utilizándonos vilmente para tenernos bajo su control permanente, cargando contra quien no acate sus intenciones bajo el típico y peyorativo calificativo de sexista o machista, sin saber que, al fin y al cabo, sexista es quien acepta dividir a la sociedad por sexos y fomenta el odio con el fin de justificarlo.

 

Se empeñan en que seamos continuamente discriminadas positivamente, pidiendo continuas ventajas para las mujeres, en ese afán de dar credibilidad a la falacia de nuestra debilidad y de nuestra inferioridad de condiciones. No se dan cuenta de que la discriminación positiva no puede perdurar en el tiempo, porque se convertiría en un fraude de ley, que ya lo es.

 

Únicamente piensan en sus intereses, olvidándose no sólo del sufrimiento y debilidades del resto de seres humanos (hombres, niños y ancianos), sino que, ya que hablan tanto de las mujeres, nunca reivindican las muertes de mujeres en accidentes de tráfico, ni las muertas por atropello, ni los fallecimientos de mujeres por causas diferentes a la violencia de género, tales como atracos, ni de las que mueren, por ejemplo, en la indigencia.

Estas mujeres no les interesa lo más mínimo, porque no les genera beneficios.

 

De lo que podemos deducir que no importa lo que sea la verdad, sino lo que parezca la verdad.

 

Se ríen de la sociedad en general, y de las mujeres en particular utilizando cualquier medio que tengan a su alcance: poderes públicos, privados, políticos, sanitarios y judiciales, sin importarles realmente quién sufre desigualdad o violencia, buscando la controversia necesaria para justificar que el odio hacia las mujeres y las desigualdades que conlleva, realmente existen.

 

Toda mujer que se enarbole y abandere como defensora acérrima de las mujeres débiles que son maltratadas y/o viven alguna situación de desigualdad, debería como mínimo, hacer un acto de contrición y salir a la calle cuando se produce alguna noticia sobre denuncias fraudulentas hacia algún hombre en proceso de divorcio, cuando un varón es asesinado y/o maltratado por su pareja femenina, cuando un hombre vive alguna situación de desigualdad igual a la que pueda sufrir una mujer, porque será la única manera de que demuestre su lucha por la verdadera igualdad. Quien haya pasado por alguna situación de desigualdad, no desea que ningún semejante, sea hombre o mujer, pase por una situación igual o parecida.

 

En cualquier situación desagradable, se hace imprescindible el perdonar, perdonarse y pedir perdón. Cada persona es especialista de su propia vida y quien tiene que tomar las riendas y decidir sobre ella.. No nos dejemos llevar en ningún caso por la ideología del género tonto.