En nombre del “centro” político del que presume Pablo Casado, su partido ha defenestrado a Cayetana Álvarez de Toledo. Era lo esperable por parte de un partido político cuyo historial es el de la traición permanente al electorado, la cobardía antológica y la cesión al separatismo.

Cayetana es una hábil oradora, sagaz parlamentaria y…liberal derechista. El partido político en el que milita, y que le ha lanzado una coz, es un remedo socialdemócrata, que jamás ha vacilado en ponerse de perfil para no dar ninguna batalla a la izquierda ni al separatismo.

Pondré unos breves ejemplos. En el año 1996, José María Aznar López pactó con Jordi Pujol los acuerdos del Majestic en los cuales, entre otras cosas, figuraba la retirada masiva de la Guardia civil y de la policía nacional de Cataluña, la entrega de todas las competencias de seguridad y orden público a los “Mossos d´Escuadra” y la renuncia del PP a defender en el Reino de Valencia la identidad e idiosincrasia de la lengua valenciana que se entregaba en forma de botín al nacionalismo catalán como parte de una falsa unidad cultural y lingüística anhelada por el secesionismo catalán expansionista.

Del mismo modo, fue el PP de José María Aznar el que en 1995 pidió la nacionalidad española para las criminales “brigadas internacionales” que combatieron en el bando frentepopulista de la guerra civil española. Fue ese mismo PP el que condenó el franquismo y el Alzamiento del 18 de julio en una sesión parlamentaria de 20 de noviembre de 2002, en la que se comprometió junto a la izquierda a ayudar a los “exiliados” y a reabrir las tropecientasmil “fosas” de republicanos abatidos.

Ciertamente el PP en el que entusiasmadamente quiso dar batalla cultural Álvarez de Toledo es una nadería de líderes eunucos que permitieron, agrandaron y estimularon la vergonzosa superioridad moral de la izquierda. Entre sus últimas tropelías y filibusterismos figuran la abstención ante la profanación de los restos de Franco así como la traición a la promesa pública de recurrir en inconstitucionalidad el decreto de exhumación del cadáver del general Franco.

Una liberal derechista como Cayetana no cabe en un partido socialdemócrata camuflado, pervertidor perenne de sus promesas electorales y permanentemente unido a la felonía como es el PP.

Cayetana tal vez no ha querido enterarse, pero su partido es el del sí al aborto; el del sí a la memoria histórica y el del sí al adoctrinamiento LGTBi impuesto en las aulas madrileñas o en las gallegas gracias a las leyes de Cifuentes y de Feijoo.
 
En España jamás una sola lucha ideológica y cultural fue librada desde la vacuidad centrista, ni desde el liberalismo ortodoxo ni desde la socialdemocracia. El paradigma político europeo ha cambiado, y en buena parte de los escenarios nacionales y sociológicos del continente la pelea real y finalista no es entre partidos de izquierda y derecha sino entre patriotas y globalistas; entre defensores del Estado nacional, de sus fronteras y de su cultura contra los mantenedores de la inmigración, de las grandes corporaciones financieras usureras y de los magnates del Nuevo Orden Mundial como George Soros.

La defensa de la identidad de las Patrias como recuperación de sus tradiciones y de su homogeneidad cultural es una asignatura bregada por las fuerzas políticas disidentes del globalismo que han logrado en naciones como Francia de la mano de Le Pen; Polonia con el presidente Duda; Hungría con Orban; o EEUU con Trump, tomar posiciones de poder o de avance electoral. Y lo han hecho propugnando la fortaleza de las fronteras nacionales, el discurso anti inmigración islamista, la aclamación a valores religiosos populares y la apelación al proteccionismo estatal hacia los obreros y campesinos frente a las lacras internacionalistas como la competencia desleal extranjera, la mano de obra inmigrante o las imposiciones ideológicas de élites supranacionales como la ONU o la OMS cuyas agendas contemplan el abortismo, la dictadura ecologista o la invasión migratoria.

No se puede arrebatar derechos sociales a las masas trabajadoras, ni precarizar sus barrios ni inundarlos con inmigrantes hostiles a Occidente en nombre del materialismo económico marxista o del liberalismo exacerbado. La idea de “justicia social” no es patrimonio de la izquierda marxista cultural ni del socialismo internacionalista creadores de división social y lucha de clases; lo es de quiénes entienden a la Patria como una entidad irrebatible, histórica y protectora de su pueblo frente a amenazas como los “menas”, la vampirización desleal extranjera de productos africanos o la pérdida de libertades nacionales a causa de las imposiciones dictatoriales ecologistas y feministas que instauran las élites de Bruselas a cambio del soborno financiero a España, también conocido como “rescate” a la economía (eufemismo macabro).

Con su afilado verbo, Cayetana Álvarez de Toledo dio alguna batalla parlamentaria a la izquierda trufando sus intervenciones con palabras gruesas y certeras como su ataque a Pablo Iglesias, recordándole su siniestro linaje familiar. No obstante Álvarez de Toledo no ha asumido que en Occidente oponerse a la corrección política no es sólo aportar alguna idea estridente contra las feministas anti-varón o contra el pasado familiar malote de algún guerracivilista rojo; lo es oponerse a ese maraña de intereses espurios y de esclavitud de las naciones que nos traen el globalismo y su mercantilismo desaforado donde Bill Gates, George Soros o la China comunista marcan el paso tutelar de partidos políticos como el PSOE, Podemos, PP o Ciudadanos, para convertirnos en ciudadanos atomizados de la colmena colectivista, donde queden proscritos nuestra intimidad, nuestra libertad personal y los últimos rescoldos de soberanía nacional.

Los partidos centristas, liberales o “democratacristianos” como las formaciones políticas de Macron, Merkel o Casado son meras filiales del problema globalista que ataca a las naciones libres.

Los movimientos de derecha alternativa o identitaria que en Europa han sentado su acción para potenciar la natalidad y cerrar fronteras a la invasión islamista (Orban en Hungría); los que se enfrentan a Bruselas para oponerse al aborto o a la dictadura LGTB (Duda en Polonia); o los liderazgos que osaron retar a George Soros impidiendo convertir las costas italianas en patio de recreo de los ilegales africanos (Salvini), son la verdadera batalla cultural e ideológica contra la corrección política y el Nuevo Orden Mundial.

Alcanzando el voto obrero arrebatado a los partidos izquierdistas internacionalistas, y llegando a las zonas humildes para hablar a los ciudadanos a la cara y con palabras hondas, los partidos social patriotas europeos están ensanchando sus bases electorales para defender a la nación de las amenazas externas y de las ideologías disolventes que tratan de desintegrarla.

La apuesta de Vox por el social patriotismo que combina la defensa inapelable de la libertad económica con el apego a la justicia social en forma de un nuevo Sindicato vanguardista y de unas propuestas de defensa fronteriza, es un acierto indiscutible que rebasa –y aplasta- a los infames discursos izquierdistas LGTB y de género, y a los traidores asertos de la derecha cobarde y apoltronada, antiobrera como la izquierda, y sumisa al club Bilderberg y a los lobbies de Bruselas que acaban de imponernos un “rescate” financiero para convertirnos en siervos absolutos de GretaThunberg y de las ínfulas multiculturalistas de sustitución étnica y cultural de Europa.

El socialdemócrata PP ha lanceado a Cayetana Álvarez de Toledo porque se ha salido del guión del cagapoquitismo de Pablo Casado. El resto del PP no le llega a la rubia ni a la suela de la zapatilla.

No obstante, y pese a reconocer sus valores y virtudes, situemos a Cayetana en el lugar que le corresponde. La anti corrección política no es Cayetana, ni su concepto de la política; esta batalla la están dando esos malísimos “populistas xenófobos” europeos a los que Cayetana –desde su ortodoxia liberal y laicista- tantas veces ha criticado. Ésos que están logrando lo que su PP ni ningún partido de derecha liberal clásica lograron en Europa en 30 años; arrebatar a las izquierdas el voto obrero desde la oposición a las lacras que lo oprimen.

Esto no va de izquierdas o de derechas ya…Esta dicotomía falsa y tramposa se está desvaneciendo a pasos firmes. Somos nosotros o ellos; patriotas contra globalistas. Esta es la verdadera batalla que en Europa se está dando y que en España comienza a producirse con Vox imponiendo un discurso que destapa los ojos de los obreros y campesinos hacia la verdad y la justicia.