La desastrosa retirada estadounidense de Afganistán y la llegada de nuevo al poder de los talibán amenazan con provocar una nueva oleada de refugiados como la que tuvo lugar en 2015 con el trasfondo de la guerra en Siria. Algunos expertos cifran en 400.000 el número de afganos que habrían abandonado su país para dirigirse a Europa, mientras que otros creen que la cifra podría llegar a 3 millones de personas. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedió entonces cuando sólo Hungría cerró sus fronteras y su primer ministro, Viktor Orbán, fue condenado desde Bruselas y estigmatizado por los medios de comunicación, ahora hay muchos países que no están dispuestos a abrir sus fronteras y repetir el experimento fallido de 2015. Y no hablamos únicamente de “los chicos malos de la UE”, es decir, Polonia y Hungría, esta vez países como Austria, Eslovenia, Republica Checa y Grecia se niegan a acoger refugiados e incluso Alemania y Francia, con un Macron en sus horas más bajas, parecen reacios a abrir sus fronteras.

El primero en manifestar su más rotunda negativa a un posible corredor humanitario fue el país que actualmente preside la UE, Eslovenia. Su primer ministro, Janez Janša, escribía en Twitter el pasado domingo: “La UE no abrirá ningún corredor europeo ‘humanitario’ o de migrantes para Afganistán. No permitiremos que se repita el error estratégico de 2015. Sólo ayudaremos a los individuos que nos ayudaron durante la operación de la OTAN. Y a los Estados miembros de la UE que están protegiendo nuestra frontera exterior”. Janša también fue muy crítico con las imágenes de cientos de hombres jóvenes que pretenden abandonar su país: “Si las mujeres pueden organizarse y luchar contra los talibán, los hombres también deberían hacerlo. La UE y Eslovenia no tienen la obligación de ayudar y financiar a todos los refugiados del planeta que están huyendo en lugar de defender su país”.

Estas declaraciones del primer ministro esloveno provocaron la ira de los socialistas europeos. El presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, señaló que la actual presidencia de la UE (Eslovenia) no tenía capacidad para decidir sobre este asunto. “Todos nuestros países se sienten implicados en la situación que se está produciendo en Afganistán y está claro que tenemos que ser solidarios”. Varios diputados socialistas, e incluso periodistas, se unieron al coro de Sassoli contra Eslovenia. Janša puntualizó entonces que “son los Estados miembros los que deben decidir esto, no el Parlamento de la UE. No hay posibilidad de aceptar una nueva oleada de migrantes; la gran mayoría de los Estados miembros de la UE están en contra. Incluso los que tienen gobiernos de izquierdas”. El primer ministro esloveno invitó a sus detractores a proporcionar una lista de países que estarían de acuerdo con un nuevo tsunami de migrantes. “Estamos esperando esta lista”, añadió.

Hasta el momento no se ha publicado esa lista, pero cada vez son más los países que se manifiestan en sentido contrario. El canciller austríaco, Sebastian Kurz, señaló que “Austria ya tiene 44.000 migrantes afganos y no quiere aceptar más”. Una decisión que puede enfrentarle con el Partido Popular Europeo que mantiene una postura muy similar a la de los socialistas europeos. Alemania tampoco parece dispuesta a repetir la experiencia de 2015, aunque la candidata de Los Verdes, Annalena Baerbock, se ha pronunciado a favor de traer a más de 50.000 afganos a Alemania, una “cifra baja” según la política verde hasta que se vea cómo evoluciona la situación. Recordemos que Los Verdes proponen abrir las fronteras para millones de “refugiados climáticos”. En Francia, donde según una última encuesta un 62% de la población quiere un referéndum para limitar la inmigración, por cierto, una de las propuestas electorales de Marine Le Pen, el gobierno del globalista Macron tampoco parece entusiasmado con la apertura de ningún corredor humanitario con Afganistán. La República Checa y Grecia también se han manifestado en contra y hay que citar a Lituania y Letonia que, aunque no se han pronunciado aún, están sufriendo una crisis migratoria provocada por el gobierno bielorruso, por lo que parece poco probable que estén dispuestos a aceptar nuevas cuotas.

Polonia también se ha visto afectada por esta crisis migratoria en su frontera oriental y ha reforzado la presencia militar en la zona. En la frontera se han vivido momentos surrealistas cuando los diputados Franciszek Sterczewski y Klaudia Jachira de Plataforma Cívica, el Partido Popular polaco, intentaron llevar alimentos a los inmigrantes ilegales que se encuentran en el lado bielorruso de la frontera, enfrentándose con los soldados destinados para custodiarla. Polonia ha emitido visados humanitarios para los afganos que arriesgaron sus vidas para colaborar con sus tropas, pero se niega a admitir ninguna clase de cuotas.

Del mismo modo se ha expresado Hungría. El ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, afirmó en una rueda de prensa que Hungría sólo aceptará a afganos que hayan servido con las tropas húngaras y que su gobierno se los llevará a ellos y a sus familias, pero a nadie más. “Si Bruselas en 2015 no se hubiera preocupado sobre todo de amedrentar y calumniar al gobierno húngaro por construir una valla fronteriza, sino que hubiera aceptado que lo correcto era hacer lo necesario junto a nosotros para detener las oleadas de inmigrantes ilegales, hoy no tendríamos estos problemas. Bruselas ha olvidado su postura de 2015 con respecto a Hungría, pero desgraciadamente no las cuotas vinculantes para el reparto de inmigrantes ilegales. Acaban de ser rebautizadas como ‘Pacto Migratorio’ o ‘Distribución Dinámica de los Migrantes’. Pero somos húngaros, no idiotas, entendemos lo que hay detrás de este engaño gramatical de no llamar a las cosas por su nombre. Los húngaros hablamos claro. La valla está levantada, defenderemos nuestras fronteras, nadie podrá entrar ilegalmente”.

La Europa de 2021 no es la misma de 2015. La crisis humanitaria provocada por la guerra de Siria vio caer las fronteras europeas, sólo Orbán se negó y pagó un duro precio por ello. Pero a Hungría se le unió el grupo de Visegrado y su ejemplo está calando en otros países europeos. Incluso en los países de Europa Occidental más entregados a las políticas globalistas y a lo políticamente correcto, los partidos patrióticos cuentan con un apoyo popular cada vez mayor, como en Francia o Italia, o han surgido con fuerza, como en España y Portugal. Esta nueva crisis migratoria vendrá acompañada de nuevo por una campaña de buenismo y humanitarismo mal entendido de mano de las ONG de la “sociedad abierta” y de los grandes medios de comunicación. La Comisaria de Interior de la UE, Ylva Johansson, ya ha manifestado que Europa debe aceptar refugiados. Según la comisaria, el 80% de los que se ven obligados a huir son mujeres y niños, exactamente lo mismo que se dijo en 2015 y que, como ahora, no era verdad. Pero lo que funcionó en 2015 no parece que pueda servir ahora porque, afortunadamente, algo ha cambiado en Europa.