Dejamos el relato que nos ocupa, en el momento en que estaba dando mis argumentos a favor de “malvender” la finca  San Pedro. Una finca maravillosa y “virgen”,  pues la primera roturación --desde que existe la isla—la hacíamos nosotros y aún  quedaba media finca por labrar. Tenía un suelo fertilísimo, con dos metros de “humus vegetal” y  la caña de azúcar  o cualquier cosas que cultivaras, subía tan rápido que  “la veías” crecer…

Mis planteamientos no tenían vuelta de hoja, conociendo lo que se podía esperar del marxismo: Más valía poco que nada y. si algo lo podías convertir  en dólares, cuanto antes se hiciera mejor. Tío Severo lo vio pronto claro y estaba de acuerdo conmigo,… pero tenía seis hijos ¡”fidelistas” convencidos! y veían en Fidel el elegido para poner a Cuba en la cima del progreso y de la libertad y se opusieron a la venta de la finca. Menos de dos años después de “esa voluntaria ceguera” --cuando el “libertador” los desengañó-- pasaron a la oposición y alguno acabó en la cárcel… Los que pudieron se fueron a los Estados Unidos donde han nacido sus nietos, como el quince por ciento la población de la Isla, ¡la más preparada y dinámica! Fue el mejor regalo para la nación vecina del norte que vio convertirse La Florida en uno de los Estados más prósperos de la Unión. Podríamos llamarla: ¡la segunda Cuba!

Cuando una hija de un primo –nieta de tío Severo— me cuenta en su último viaje a España, como su abuelo les dice a los hijos: “Si hubiéramos hecho caso a Gil”,  se refería a ese episodio que cambiaría  el destino de todos, el suyo y el mío.”  Me imagino lo que les hubiera dicho dado su temple (me contaba que cuando llegó a Cuba trabajaba dieciséis horas y dormía en el almacén para ahorrar tiempo,  y pocos años después, ya había ganado su primer millón, gracias a los textiles del catalán Santiago Claret…)  si hubiera vivido unos años más y se hubiese enterado de lo que “aquellos terrenos que podrían haber sido suyos a precio de saldo” se habían convertido en la Costa del Sol

Los rebeldes, en la Sierra,  vivían de  lo que les regalaban los guajiros o de lo que les robaban. En la finca de tío Severo,  cerca de la Sierra del Escambray (en la provincia de  Las Villas, cuando Cuba tenía solo “seis provincias”) de ochenta y nueve “caballerías”(mil doscientas hectáreas),   el “Che”, y sus trescientos revolucionarios,  vivieron un mes del cuento.

Volvamos con  Fidel y sus  muchachos. Cuando “el Comandante, descansaba en la Sierra, bien seguro”,  como ya hemos visto, sus muchachos proseguían muy lentamente, su técnica de guerrilla,  sin grandes batallas, pues  se movían en grupos poco numerosos. Han pasado muchos años pero, a mi entender, sólo los últimos meses de 1958 llegaron a tener algo parecido a un Ejército modelo europeo, pero sin armas pesadas, ni tanques,  ni aviación, solo habían crecido en número de combatientes.

Esa guerra tan fuera de lo normal, de todos modos, sí tuvo un efecto: el segundo semestre de 1957 y todo el año 1958,  frenaron de forma alarmante,  la economía pues las zafras de esos dos años,  no pudieron llevarse a cabo y todo el comercio y la industria,  pagaba las consecuencias de la inestabilidad creciente. Eso sí,  el pueblo era cada vez más antibatistiano pues,  el “colectivo” que le combatía muerte,  tenía a su servicio la mayor parte de los medios de comunicación y a los líderes de la  opinión.

Por otra parte,  la moral y el ardor combativo del Ejército se iba resintiendo por la impotencia para acabar con la revolución, pues los diversos “frentes rebeldes”  se habían multiplicado, cogido fuerza y las escaramuzas del principio habían pasado a ser pequeñas batallas.

De todos modos, para que se hagan una idea de lo que fue aquello, piensen que si quisiéramos buscar una fase de la lucha equiparable por sus consecuencias a  nuestra “Batalla del Ebro” --pues una vez ganada, Batista tiró la toalla— tenemos que hablar de la “Batalla de Santa Clara” y,  ésta,  se redujo a conquistar esa ciudad de Las Villas y neutralizar el “tren blindado” que llevaba los soldados a Oriente. Esto da idea de lo que fue militarmente hablando la “guerra revolucionaria de Fidel contra Batista”.

Si nos olvidamos de las zonas próximas a la Sierra Maestra de Oriente e igualmente las zonas cercanas a la Sierra del Escambray,  la guerra no se veían por ninguna parte. En la Habana, en Camagüey, en Cienfuegos, en Santi Spíritus –donde vivía mi familia—, en  Matanzas y demás ciudades en las que yo viví o me movía,  nunca vi ni soldados ni rebeldes “armados”; les digo esto para que, quienes se imaginen una “Revolución como la guerra civil española o la Revolución rusa, borren esa idea de su imaginación.

Eso sí, los últimos meses de 1958 fue paralizándose la  vida considerada “normal”. Por  suerte,  con la huida de Batista el día de Navidad de ese año, podemos decir que acabó la llamada “lucha contra la Dictadura” y todos nos alegramos, incluido el que esto escribe y trató siempre  de abrir  los ojos de cuantos le rodeaban, sobre el verdadero Fidel y las consecuencias de su triunfo, si se producía. Cosa que era fácil de imaginarse simplemente con estar informado de su pasado, y de los que ocurría en la Sierra donde, imitando a los “maquis españoles”, --eran “los mismos perros con distinto collar”-- fusilaban a los guajiros si no les informaban dónde estaba el “Ejercito batistiano”…(los maquis españoles mataban a los payeses que no les decían dónde estaba la guardia civil…) Por supuesto,  ni los guajiros, ni los payeses no podían informar por ignorancia  absoluta  de la respuesta posible…

La situación se había vuelto insostenible   para los cubanos y tras la toma de Santa Clara podían haber pasado muchas cosas pero el Gobierno estadounidense lo quiso evitar y, al parecer,  “le aconsejó” al General “golpista” que se fuera.