No dejamos de asombrarnos al ver las imágenes de todos los Presidentes del mundo mundial haciéndole la pelota a Pedro Sánchez en sus triunfales viajes al exterior. Todos ellos, sin excepción, no se retienen de solicitarle apartes, con cámaras, sonido abierto y poses para los fotógrafos, para lucirse ante sus respectivos pueblos. Y Pedro Sánchez, con acierto, y sin escatimar oportunos melindres, se hace rogar. Es mucho Sánchez para acceder a la primera, y dispensar su tiempo a ningundis.

 

Cuando al fin les concede audiencia, se pueden oír con nitidez los desaforados piropos de tales mandatarios -en especial los de Biden, el jefe del Imperio- por sus increíbles logros, que le auguran indelebles, en pro del bienestar de Oriente y de Occidente, y en especial por lo bien que lo hace en el Gobierno de Nuestropaís y en Hispanoamérica.

 

Viendo a Sánchez desenvolverse en estas citas diplomáticas, no podemos dejar de apreciar la paternal displicencia que muestra ante el entusiasmo y los elogios de sus compadres, todos ellos comparativamente menores, o los abrazos desganados que devuelve cuando los otros lo acosan, tal vez influidos, así mismo, por su belleza de Supermán, finalmente reconocida en la esfera terrestre, como no podía ser menos.

 

Para Sánchez, a la vista de su circunspecta actitud, estos gobernantes extranjeros son como bongos africanos o pequeños satélites girando alrededor de su aureola. Si nos permitiera un consejo a sus admiradores, le pediríamos que no se prodigara con tales líderes demediados o, si ello no es posible, que procurara dejar a un lado su célebre modestia y resaltara, ya puestos, todo el fulgor que la comparación le otorga.

 

Conocemos de buena tinta que la Reina de Inglaterra lo envidia, incapaz de perdonar la genialidad y juventud de nuestro Doctor; y que Macron y Merkel, entre otros muchos, se retuercen en sus despachos, ineptos como se juzgan para alcanzar la ideología, la generosidad, la valentía, la conducta, la inspiración y el sacrificio de nuestro Presidente. Ya se sabe que a Estepaís nunca se le perdonan las virtudes por ahí fuera, y Sánchez es nuestro paradigmático embajador.

 

Besos en los morros aparte, lo de estos encuentros en la cumbre huele a montaje externo. Y no debiéramos consentir los frentepopulistas que nuestro Jefe de Gobierno se vea obligado, por su benevolencia, a repartir agotadoras palmaditas en la espalda a unos mandatarios de segunda fila que, aprovechándose del altruismo de nuestro Ministerio de Exteriores, interrumpen agendas, vuelos en el Falcon y reflexiones doctrinales de quien está llamado a ser, no sólo ideólogo europeo y americano, sino líder universal y arreglador del mundo.

 

El caso es que las cariñosas palabras, los condescendientes abrazos de nuestro Doctor cum fraude a estos descamisados han dado la vuelta al mundo, contrariando, con razón, a la cúpula del PSOE, que está analizando los fallos y filtraciones acaecidos en Exteriores, como digo, porque su excelencia Pedro no puede dilapidar su imagen, ni su tiempo con mozos o seniles provincianos de presente incierto y porvenir certísimo: unos fracasados. Un tiempo, el suyo, como conocéis, dedicado las veintiocho horas del día a la implantación de la Agenda mundial y, sobre todo, a ver cómo puede borrar de la Historia, definitivamente y sin que se note, el fantasma de Franco.

 

Pero es, también, la falta de pudor de esos supuestos líderes políticos -de segunda o tercera fila, en cualquier caso- lo que debe llamarnos la atención. Porque es sabido que las añagazas de los jefes de imagen y propaganda de esos don Nadie consideran estas perlas como piezas maestras para mantenerse en el poder. Y, peor aún, tratan de utilizar a Estepaís y a su evidente progreso para montar su teatrillo y usurparnos el primer puesto en la hegemonía global que, gracias al ínclito Sánchez, al PSOE y a sus aliados, hemos conseguido.

 

Es lógico que ellos tengan sus razones electorales, y que deseen acrecentar su popularidad y prestigio a nuestra costa, pero también es lógico que nosotros pongamos pies en pared y les salgamos al paso. Por eso urge, además de la inaplazable queja a las correspondientes embajadas, apoyo político directo a Sánchez, al PSOE y a todos los colegas separatistas y terroristas, sin olvidar, por supuesto, al PP, siempre acosado e incomprendido, pero siempre en movimiento a favor del fructífero progresismo, del objeto hegemónico final. Nunca podrá valorarse en su justo término la importancia de este abnegado e indesmayable partido que, desde la sombra, desde una sabia ambigüedad calculada, ha sido copartícipe de nuestro éxito actual, nacional e internacionalmente hablando.

 

Por eso, como digo, urgen los homenajes y los reconocimientos a nuestro prócer y a las organizaciones e instituciones que lo alientan y sustentan. En este sentido, la inacción de los ciudadanos, añadida a las maquinaciones de los de siempre, podría poner en peligro nuestra supremacía en los organismos internacionales, así como la penetración financiera que ya estamos llevando a cabo en los mercados exteriores. Y, sobre todo -dejando a un lado los daños en nuestra preponderancia industrial y económica-, podría destruir la ejemplar democracia que, al fin, nos hemos dado, ahora que Franco, por justo decreto, no sólo ha dejado de existir, sino que será un simple sueño para las generaciones del futuro. Un mal sueño, que conste.

 

El Presidente Sánchez, gracias a su democrática relación con los medios informativos y con las instituciones, gracias al desinterés demostrado hacia sus lóbis y gracias a la prudencia política que ha revelado organizando una tupida y entrañable red clientelar, puede sentirse relativamente seguro en su solio republicano. Pero no conviene bajar la guardia, porque la ensoñación franquista, esa fantasía persistente que alienta en algunos espíritus incorrectos, aunque imaginaria, es contagiosa.

 

Si no somos capaces de desmontar las ensambladuras internacionales que se han puesto en marcha, enceladas por los triunfos del Doctor; si no esclarecemos las intrigas orquestadas por nuestros propios amigos globalistas, ese confuso e hipócrita atlantismo-liberal y esas sectas oscuras que, aun conociendo que formamos todos el mismo grupo, se hallan reconcomidas por la sencillez y guapeza del insigne patricio que nos gobierna; y si no erradicamos absolutamente el mito representado por el ficticio Caudillo de los nostálgicos, Nuestropaís y nuestras consiguientes prerrogativas pueden correr peligro.

 

No nos dejemos acomodar, pues, por los logros alcanzados en los foros internacionales gracias al Bello Sánchez. La gloria, que no entiende de injusticias, también puede ser efímera en su caso. No digáis luego que no estáis advertidos.